Josh (Límites Prohibidos 3) CAPÍTULO 67
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CAPÍTULO 67

ANASTASIA

Reconozco que las piernas me tiemblan un poco, lo han hecho durante todo el trayecto. Es la primera vez que me voy a presentar delante de todos los abusones de Salduva con mi pelo rizado y alborotado y enseñando las piernas.

¿El motivo? Supongo que después de esta noche cada uno elegirá un camino distinto, unos irán a la universidad, otros encontrarán un trabajo lejos y se mudarán, y es posible que a muchas de estas personas no vuelva a verlas nunca más.

Quiero que me recuerden como la Anastasia que siempre he querido ser, y no como una marginada.

Supongo que debería darme igual lo que pensasen de mí, pero todavía no estoy en esa etapa, digamos que sigo comiéndome la cabeza por el qué dirán y espero que los años y la madurez me ayuden a superarlo.

Back to Friends de Sombr suena desde el interior del instituto, es una de mis canciones favoritas. Sonrío de forma silenciosa pues, aunque Josh todavía no lo sabe, es nuestra canción.

Yo me detengo antes de entrar, viendo esa puerta que tantas veces me ha costado cruzar. Hoy será la última vez.

Josh agarra mi mano, lleva un cigarrillo en la boca, el pelo revuelto y una camisa ajustada con unos pantalones negros de pinza que me hacen suspirar.

—No tengas miedo —comenta a mi lado, sacándose el cigarro de la boca para darme un beso en la frente, pegándome totalmente a él.

Siento su brazo por encima de mis hombros—.

Nadie te volverá a faltar al respeto nunca más, Anni, haré de su vida un infierno si eso pasa, y nadie quiere vivir en el puñetero infierno.

Rose y su grupo de amigas pasan por nuestro lado, ellas me miran, se ríen y pasan de largo.

Josh suelta una risa nasal y luego arruga la nariz.

—Vamos, princesita, esto va a ser divertido.

¡Qué cojones! ¡Claro que sí!

Camino con decisión, sintiendo como estas botas que me compré con Brit y nunca llegué a usar me ayudan a pisar fuerte.

La falda y el top también fueron elección de ella, me los probé y jamás me vi más guapa, pese a que el miedo me invadió al instante.

Cuando me doy cuenta, ya estamos en mitad de la pista de baile, que ha organizado la directora en el gimnasio del instituto. Josh coloca sus manos en mi cintura y se mece conmigo, cantándome el estribillo de la canción mientras me mira a los ojos, creo que para él esta canción también es especial.

—¿Qué se siente? —pregunto, apoyando mis brazos sobre sus hombros y disfrutando de bailar con él. Nadie más existe en este momento, solamente él y yo—. ¿Cómo es ser el novio de una marginada?

—La puta hostia —contesta, guiñándome un ojo y acercando sus labios a los míos—. Y más cuando esa marginada es jodidamente preciosa.

Nos abrazamos con todas nuestras fuerzas, bailando despacio, mientras sigo escuchando el estribillo de la canción en mi oído.

—Creo que eres el único que piensa así —comento de forma bromista.

—Cariño, no todo el mundo puede tener buen gusto.

Un cabello rubio aparece entre la multitud y de repente el ambiente se vuelve un poco más tenso porque detrás de ese cabello de barbie camina un chico ruso al que todo el mundo le tiene miedo.

—¡brIT! —grito eufórica, corriendo hacia ella.

—¡Te lo has puesto! ¡Tíaaaaa! ¡Te lo has puesto!

—¡TÍAAAAA! —Señalo hacia mi propio cuerpo mientras ella no para de dar saltitos a mi lado—. ¡Y me queda bien, tíaaaaa!

—¡Te queda que te cagas!

Josh y Sean bailan juntos y abrazados, Josh baja la mano para tocarle el culo y Sean hace lo mismo.

—Tía, estos dos… —Brit niega y se ríe sin poder evitarlo.

—Creo que se han echado de menos, igual que yo también te extraño a ti —confieso, sabiendo que hemos estado un poco alejadas durante este tiempo, aunque nunca dejamos de hablar por teléfono para darnos apoyo.

Brittany agarra mi mano, ambas gritamos a pleno de pulmón la canción que sigue sonando, saltando de alegría, y es que, aunque la vida sea complicada, el hecho de estar rodeadas de personas buenas ya es suficiente para sonreír.

Sean está a su lado y Josh, al mío, nos agarramos los cuatro y seguimos cantando, canción tras canción. Hoy no hay alcohol ni drogas, solo la compañía del chico del que estoy enamorada y nuestros dos mejores amigos.

Conforme avanza la noche, nos separamos de vez en cuando para ir al baño o pillar algo que comer, hay hamburguesas, refrescos, patatas y dulces.

Cuando volvemos a juntarnos, nos damos cuenta de que estamos bastante cerca del grupo de Rose, Peter y…, adivinad quién le acompaña, Paula.

A pesar de sus miraditas, no han conseguido que me sienta fea ni un solo segundo. ¿Quién puede darles importancia a esas personas cuando las que de verdad te quieren te ven como algo increíble?

Y lo más importante de todo: yo me siento increíble.

Por primera vez, no deseo volver a nacer siendo como Brit o como cualquier otra chica que no se parezca a mí. Me siento cómoda y bonita bajo mi piel, ante la mirada de unos ojos color miel que solo tienen su enfoque en mí.

—¡UPS! —Josh se tropieza con Peter, el cual todavía lleva en su cara marcas de la última vez que se encontraron.

Le acaba de derramar un refresco de limón encima y Sean finge tropezarse con Josh, estampándole una hamburguesa con queso a Paula en la cara.

Brit se lleva las manos a la boca y yo me río a carcajada limpia.

—Tío, ¡qué suelo más resbaladizo! —se queja Josh, recogiendo la hamburguesa del suelo, girando sobre sí mismo y aplastándola sobre el pelo rubio de Rose—. Hostias, perdón, ¿eh? Ha sido queriendo.

—Colega, no sé qué mierda han echado aquí… —Sean le sigue el rollo, y en menos de cinco minutos, la pista de baile se convierte en una guerra de patatas fritas y refrescos volando por todas partes.

—¡PUTOS PIJOS DE HALLOW! ¡FUERA DE AQUÍ! —grita uno de los chicos adultos de mi curso que no debe conocer a estos dos.

Josh y Sean se miran, se comunican por telepatía, se crujen los nudillos y salen corriendo detrás de él.

Bueno, resumiendo la nochecita: la directora ha llamado a la policía; el pobre chico que se ha metido con mi novio y su siamés ha acabado con el culo metido dentro de la cesta de baloncesto; Peter ha vuelto a llevarse un puñetazo en la nariz, porque sí, y Rose terminó bañada en kétchup, fue la primera vez que la vi llorar.

Paula desapareció en cuanto le estamparon la hamburguesa en la cara.

Ha sido el mejor baile de graduación de la historia de Salduva.

(…)

—¿He arruinado tu fiesta? —Nos hemos venido a la nave de Josh, donde siempre celebra las fiestas. Ha puesto una canción en el altavoz y Sean y Brit ya se han ido a casa.

Son las cuatro de la madrugada.

Niego.

—Para nada, sabía yo que el demonio de las pecas no se podía quedar sin hacer alguna de sus travesuras.

Él se ríe, lleva otro cigarrillo detrás de la oreja, dice que quiere dejarlo, pero necesita estar un poco más estable con la medicación.

—¿El demonio de las pecas?

—Sip, fue tu apodo desde el primer momento —confieso, y oigo como se desternilla de la risa.

—Bueno, pues que sepas que ese demonio quería prenderle fuego a tu instituto, pero me temo que eso me impediría irme a vivir contigo e ir a la uni.

—¿Vivir conmigo? —Pestañeo lentamente.

Sus manos siguen en mis caderas y las mías en sus hombros.

—Bueno, yo ya tengo trabajo estable y estoy mirando alquileres, creo que ha llegado el momento de tener mi espacio y que mis padres tengan el suyo —asegura, sin dejar de mirarme fijamente—. Y por supuesto, siempre habrá un sitio para ti dentro de ese espacio. Si quieres.

Respiro con profundidad.

—Yo también necesito mi propio espacio y nada me gustaría más que compartirlo contigo, Josh.

—Pues no se hable más, la princesita se viene con el demonio de las pecas.

—¿Pero me ayudarás con las tareas de casa?

Él me mira arqueando las cejas y me preparo para darle un pisotón.

—Cariño, pienso ocuparme de todo, tú solo dedícate a estar así de guapa para mí, ¿um? Ya te lo dije una vez, Anni, eres mi puta religión y quiero pasar el resto de mi vida adorando la mujer que eres.

La canción cambia volviéndose algo más… picante.

Así que decido ser sexi por una vez en la vida, apartándome el pelo a un lado y dándome la vuelta.

Mi culo se pega a su entrepierna y nos movemos lentamente, las manos de Josh suben con cuidado por vientre, acariciando los bordes del top.

—¿Puedo? —susurra contra mi oreja, aprovechando como siempre para olerme.

—Puedes.

Sus dos manos aprietan mis grandes pechos y yo abro los labios para respirar mejor, porque todo él siempre consigue revolucionarme.

—Eres increíble, estás increíble, me haces sentir increíble —repite una y otra vez, sin dejar de tocarme.

—¿A cuántas más les has dicho esto, eh? —bromeo, sintiendo como una de sus manos se cuela por debajo de mi falda y va directa a acariciar mi sexo.

—Aunque no lo creas, hay muchas cosas en las que tú también estás siendo mi primera vez —responde, y consigue que estallen fuegos artificiales dentro de mi cuerpo.

Después de sentir sus caricias en mi pecho y en mi sexo, decido bajar la cremallera de la falda y dejar que me quite el top.

En pocos minutos, los dos estamos desnudos, haciéndolo sobre uno de los sillones de la nave. Con todas las luces encendidas y la música de fondo.

No tengo claro en qué momento Josh y yo llegamos a enamorarnos y todo se hizo tan fácil entre nosotros.

Lo único que sé es que deseo, y quiero, que seamos para siempre, como los arcoíris que puedes verlos reflejados en el cielo pero nunca sabes dónde empiezan ni dónde acaban.

Tal vez sea porque hay cosas que no tienen principio ni final, y Josh y yo somos una de esas cosas.

Nunca tuvimos un principio claro, pero tampoco tendremos un final, porque mi corazón amará a este chico para siempre.