Josh (Límites Prohibidos 3) CAPÍTULO 61
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CAPÍTULO 61

ANASTASIA

Me encanta ver a Josh hablar con mi padre. Han estado horas sentados en el salón frente al ordenador. Hoy ha venido arreglado también, pero sin las gafas y con una sudadera. Papá no ha hecho ningún tipo de comentario y se ha fijado varias veces en su oreja llena de piercings , no parece molestarle.

Agradezco mucho que le haya conocido por dentro antes que por fuera, porque sé que, aunque parece todo lo contrario —incluso yo misma le juzgué al principio—, tiene un buen corazón.

—Entonces, ¿vas a cenar en su casa? —Mi madre se alisa el delantal, sacando unas patatas gratinadas del horno—. Qué pena, he hecho cena para los cuatro.

La miro con cara de «¿y quién te dijo que cenaríamos aquí?» y ella rueda los ojos.

—Espero que su madre te caiga bien y que te trate educadamente —puntualiza.

Mi madre está un pelín celosa, y yo no conozco a la mamá de Josh, pero estoy segura de que es buena persona.

—¿Estoy presentable? —pregunto, pues es la primera vez que me pongo un vestido.

Me encantan y tengo muchísimos en el armario, lo que pasa es que siempre pienso que me quedan mal. Este es color verde militar, de lana y cuello alto, llevo una chaqueta negra de cuero por encima y unas botas a juego.

—Estás guapísima, hija.

Sonrío con cierto nerviosismo, Josh no me ha dicho nada, pero le entiendo, cuando está en casa mi padre lo acapara al cien por cien, no es secreto para mí que él siempre quiso un niño.

—¿Cómo es que no os quedáis a cenar?

Joshi aparece en la cocina y mi padre le viene siguiendo con una taza vacía en la mano.

—Elisabeth, este chico es un prodigio, he aprendido a hacer un montón de cosas en el ordenador.

Los labios de Josh susurran suavemente contra mi oído: «Sabe cambiarle el nombre a un documento Word y buscar el horóscopo semanal en Google, dice que es para tu madre».

No puedo evitar reírme.

—Cómo me alegro, bueno, pues… ¿no os quedáis?

Vaya tela, cómo les cuesta entenderlo.

—Nos encantaría, pero mis padres quieren conocer a Ana. Es la primera vez que salgo con una chica y se sienten un poco nerviosos.

Mamá le da un codazo a papá.

—¿Has oído eso, Ander? Son primerizos, los dos.

Ay, si supieran…

Cookie viene a lamerle las manos, ya me las he lavado así que solo le rasco la cabecita, Josh lo coge en brazos y lo besuquea antes de coger los cascos de la moto. Porque sí, me ha comprado uno de color negro.

—¡Conducid con cuidado! ¡Y que vaya bien! —Mi madre nos despide y mi padre sigue con la taza vacía en la mano, mirándonos desde detrás de ella. Me apuesto el cuello a que piensa algo tipo «si ayer llevaba pañales, ¿cuándo ha crecido tanto?».

En cuanto nos metemos en el ascensor, Josh me acorrala contra el espejo, estampando su boca contra la mía, nuestros cascos chocan y casi se me cae al suelo.

—Dios, qué guapa estás, tía —gruñe con voz ronca, apretando mi cintura contra él—. No sabes lo que me ha costado hacerle caso a tu padre, solo podía pensar en cómo te queda el vestido.

—¿En serio me queda bien?

—¿Estás de broma? Quiero verte con vestidos todos los días, y si puede ser más corto, mejor.

La puerta se abre y unos señores mayores nos juzgan con la mirada, Joshi me da la mano y le acompaño fuera para subir con él a la moto.

Todo en mí es ilusión, emoción, mariposas en el estómago y nervios por conocer a su familia.

Esto es un sueño hecho realidad, y solo espero que nunca se acabe, porque quiero quedarme en este espejismo con él, para siempre.