CAPÍTULO 57
JOSH
Han pasado varios días, y Ana y yo seguimos por buen camino, o eso creo. El que no está nada cuerdo es mi colega.
—Sean, Ana me acaba de contestar, Brit está bien.
Mi colega tira las llaves inglesas sobre la caja de herramientas, llevándose las manos a la frente mientras se toma unos minutos para respirar sobre el capó del coche que está arreglando.
Lo suyo son las motos, pero también arregla algún que otro cochecillo.
—Me cago en la puta, menos mal —susurra con la voz bastante rota.
Nunca he visto a Sean con tanta ansiedad, lleva desde el sábado por la mañana que la dejó en casa después de la fiesta, sin saber de ella.
Parece que las movidas no se acaban nunca.
—Supongo que la estarán agobiando en casa y necesitará un respiro —comento, acercándome a él para tocarle el hombro—. No es tu culpa, deja de torturarte.
—Sí, sí que lo es, no debí presionarla, ahora ella estará pagando los platos rotos.
—No la presionaste.
—Sí lo hice, insistí para que se viniese a pasar la noche conmigo, debí dejarla en paz, joder.
—Le pega una patada a un neumático viejo y coge un botellín de cerveza para darle un trago.
Menos mal, porque llevo todo el día sin verlo comer ni una miga de pan ni beber—.
¿Cómo hago para borrar a una familia del mapa sin ir a la cárcel?
Río, mi ruso y su dramatismo…
—Tronco, mañana la verás en Hallow y volveréis a sentir maripositas en el estómago y todas esas cosas del amor, relájate, ¿eh?
Chasquea la lengua del disgusto, volviendo a trabajar en el coche.
Su móvil comienza a sonar.
Cuando se lo saca del bolsillo, veo que es un número oculto, pongo la grabadora en el mío y descuelga con el altavoz activado.
—¿Diga?
—Hola, Sean.
No me suena nada esa voz de mierda, pero por la cara que se le pone a mi colega, diría que es alguien no deseado.
—¿Qué pasa? ¿Derek Stephan no sabe defenderse él solo? ¿Te llamó ayer también para que le cambiases los putos pañales?
Silencio.
Mierda, ¿ese es el tío que le apuñaló y le disparó?
—Tío —vocalizo—, no le enfades, joder.
Sean se agarra la entrepierna por encima del mono de trabajo, lo cual significa «que me coman la polla».
—¿Qué parte de «no te acerques a Brittany Saphire» es la que no has entendido?
Empiezo a insistirle a Sean para que respire, tome aire profundo por la nariz y lo suelte lentamente por la boca, él me da la espalda, ignorándome.
¡Me cago en todo!
—¿Qué parte de «la putita de Derek Stephan no va a decirme lo que tengo que hacer» es la que no entiendes tú?
—Chico, la vida de tu familia está en juego.
—¿Y por qué mi familia? ¿Por qué no me matáis directamente a mí y se acabó el problema?
¡Coño! ¡Este cabrón está loco de verdad!
Silencio. El tío que se encuentra al otro lado no dice nada.
Sean enarca una sonrisa macabra.
—Escúchame bien, porque tengo un mensaje que darte: aunque mates a mi familia, seguiré yendo a por Brittany Saphire; y no solo eso, si tocáis un pelo a mi madre o a mi hermana, yo mismo me encargaré de cortarle el cuello a Derek porque, a diferencia de él, no me da miedo apuñalar a nadie y no necesito pagar a otra persona para que lo haga por mí…
—Joder, mi colega es la hostia. Enciendo un cigarro y se lo pongo en la boca.
Se lo merece—. Y una cosa más, ¿ya te ha pagado lo que me hiciste?
Ten cuidadito, tiene fama de deber dinero.
La llamada se corta, termino la grabación y me la guardo, por si acaso la necesitamos.
—Con esto podemos denunciar —afirmo.
Sean se deja el cigarro en la boca mientras sigue liado con el coche.
—Dirán que no es verdad y que le pagué a un drogata para que dijese esas cosas. Pero guárdalo, quizá sea útil, quién sabe.
—Colega, tienes unos cojones muy gordos para mentir así.
Girando el cuello, me mira.
—¿Mentir en qué, Josh?
—En que no te da miedo que vengan a por ti.
—No es ninguna mentira. No tengo miedo, que vengan cuando quieran.
Trago saliva, a mí sí que me da miedo que le hagan algo, y mucho. Es como mi hermano. Me duele tanto como si su sangre corriese por mis venas.
Ahora es mi teléfono el que empieza a sonar.
—Ana —le informo, llevándomelo a la oreja—. Eh, bombón, ¿es el fin del mundo o algo por el estilo? Porque no te imagino llamándome en otras circunstancias.
—Más o menos, sí.
¿Qué?
Alzo las dos cejas, preocupado.
—¿Qué ha pasado, mi caramelito de dulce de leche?
—Josh, para, esto es serio.
—Joder, ya sé, estoy preocupado.
—Mi madre se dio cuenta de que estuviste en casa y ahora cree que tengo novio.
—Su voz suena terriblemente angustiada, le falta incluso el aire y habla muy rápido—.
Brit cree que te lo he contado y que has accedido a ayudarme, pero no he tenido valor.
La cosa es que, si vuelvo a casa y no te presentas, mis padres me matarán.
Joder, demasiada información de golpe.
—Espera, espera, ¿tengo que ir a tu casa? ¿Ahora mismo?
—A las nueve y media para cenar con mi familia.
Miro el reloj, son las ocho en punto.
¡Joder!
—Genial, OK, OK… Eh, estoy un poco nervioso, ¿vale? No entraba en mis planes conocer a mis suegros hoy, em…, am…, ¿llevo algo? ¿Flores? ¿Vino? ¿Un postre? ¿A mi madre para que hable con la tuya?
Ana se queda callada, y a mí se me va a salir el corazón por la boca mientras Sean me mira conteniendo una carcajada. Le hago una peineta y ahora soy yo el que le da la espalda.
—Joshi.
—Dime, bonita.
—En serio has dicho que… Has llamado a mis padres…, o sea…, ¿suegros?
No entiendo un cojón.
—¿No se supone que se les dice así a los padres de la chica con la que sales?
Los pasos de Ana se detienen, lo sé porque la escuchaba caminar.
—Joshi… —¡¿Qué?! ¿Estaba llorando? ¿Otra vez?—. ¿Estamos saliendo? ¿Es en serio? ¿O solo para la cena?
¡VENGA YA!
—Tía, si no fueses mi novia no te aguantaría tantas gilipolleces ni de coña —admito en broma, pero no tan en broma.
Ella suelta un gritito seguido de una carcajada que instantáneamente me dibuja una sonrisa.
—¿Y desde cuándo se supone que soy tu novia?
—Desde que Allah te creó con esas pedazo de tet…
—¡JOSH! ¡A LAS NUEVE Y MEDIA EN MI CASA!
Joder, no me deja ponerme cachondo nunca.
—Vale, vale, pero entonces ¿llevo a mi madre o no?