CAPÍTULO 56
ANASTASIA
No sé cómo explicar el tipo de lío absurdo en el que estoy metida. Literalmente, si no soluciono esto, me voy a ver metida en un follón de los grandes.
Resulta que mis padres se han dado cuenta de que el otro día, alguien estuvo en casa. Un chico. Josh.
Y ahora quieren conocerlo, porque dan por hecho que tenemos algo serio, ya que saben que yo, la hija mojigata perfecta, jamás traería a un simple rollo a casa, es más, nunca tendría un rollo.
Y así era hasta conocer al demonio de las pecas. Que, ojo, no me arrepiento.
Pero, maldita sea, ¿cómo salgo de esta?
Es domingo, estamos en el gimnasio de Hyde Park porque la sala de musculación abre aunque no den clases, sin embargo, Brit tiene permiso para practicar en el aula.
Yo estoy sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared.
Pierdo otra partida al Candy Crush pues, por más que lo intente, es imposible concentrarme.
¡Maldita sea!
Brit deja de dar vueltas, se quita los zapatos y, descalza, viene a sentarse a mi lado.
—¿Sigues sin hablar con él? —le pregunto, mirándola de reojo.
Me refiero a Sean. Después de la fiesta pasaron la noche juntos, pero su hermanastro Derek ha malmetido a más no poder y parece que vuelven a estar mal.
Ella apoya la coronilla contra la pared, dejando la vista perdida en la nada.
—Sí.
—¿Por?
—Porque no soporto más toda esta mierda.
Lo sé, pero tienen que ser fuertes, los dos. No pueden rendirse después de todo lo que han pasado juntos.
—Naomi no puede estar embarazada de Sean, él no es así, seguro que es otra de las mierdas de Derek para meter cizaña entre vosotros. Brit, a estas alturas, deberías dudar de todo lo que salga de su venenosa boca.
Ella vuelve a mirarme y mis ojos se van rápidamente hacia el moratón que tiene en la cara.
Espera, ¿qué?
El pánico inunda mi cuerpo, esto es ir demasiado lejos, ¿qué diablos están haciéndole a mi amiga?
—Tía, eso no te lo has hecho tú sola ni de coña. —Juro que quiero vomitar del malestar que siento ahora mismo—. Brit, ¿qué está pasando? A mí me lo puedes contar.
—Johan nos pilló discutiendo a Derek y a mí. El idiota pierde los papeles cada vez que Sean se me acerca y mi padrastro se ha dado cuenta, supongo que esto es una advertencia de lo que pasará si me sigo acercando a él.
Inspiro profundo, observándola por unos segundos y, sin saber qué más hacer, la abrazo.
—Ana, no llores, estoy bien.
—Pues yo no, tía, no soporto que vivas todo esto, que tu padrastro te pegue, que tu hermanastro te intente drogar, ya quiero que se acabe. Me da mucha impotencia que no podamos hacer nada, joder, ¿por qué no vamos a la policía de una vez?
Ella niega con la cabeza y me acaricia el pelo.
Tengo miedo y ansiedad e impotencia, pero ¿qué puedo hacer?
—¿Sabes cuántos juicios ha tenido Johan por estafas y delitos que ha cometido?
Muchísimos. ¿Y sabes cuántos ha perdido?
Ninguno. No servirá de nada, además, le arruinaría la vida a mi madre.
Solo quiero cumplir la mayoría de edad, empezar a trabajar a jornada completa e irme a una habitación de alquiler.
Es el único futuro al que aspiro ahora mismo.
—Pero —insisto, sorbiendo por la nariz porque se me caen los malditos mocos— ¿y Sean? ¿Ya no te quieres ir a vivir con él?
—Tengo miedo de que Derek siga con su venganza, aun después de irme de casa. No sé hasta dónde llega su mente. Solo sé que me asusta.
—Esto se tiene que acabar en algún momento, no puede acosarte para siempre ni hacer que te mudes de país por su culpa.
Seguimos conversando del tema, dándole vueltas sin ver la salida al final del túnel, es como dar vueltas por un laberinto gigante y las dos estamos cada vez más agotadas.
—¿Y tú? —pregunta finalmente—. ¿Por qué estás triste?
Ay, creí que no se daría cuenta.
Chasqueo la lengua y escupo el chicle en una servilleta, metiéndome otro en la boca. Soy adicta a esta cosa.
—Estoy en un lío enorme, Brit.
—¿Qué lío, Ana? ¿Puedo ayudarte en algo?
—Qué va, ya sabes que invité a Josh a casa el otro día —ella asiente—. Pues mi madre se ha dado cuenta porque el sofá olía a colonia de chico.
Los ojos casi se le salen de la cara porque Brit conoce muy bien a mis padres y sabe lo estrictos que son.
—¿Y qué pasó? ¿Te han regañado mucho?
—No, entienden que ya tengo edad para tener novio, pero… ese es el problema, que creen que es mi novio y lo quieren conocer. —Arrastro mis manos por la cara—. Si les digo la verdad, me quitarán el apellido y me obligarán a vivir en la calle.
Brit comienza a reírse y en parte me gusta, porque ya echaba de menos la risa de mi mejor amiga. Sin embargo, le doy un suave golpe en el hombro.
—¡No te rías de mis desgracias, zorra!
—¡Tía! Entonces, ¿el problema es que tienes que presentarles a Josh a tus padres?
—Joder, ¿te parece poco? Si le pido eso a Josh, saldrá corriendo.
Brit se pone en pie, colocándose de nuevo las zapatillas para seguir bailando y yo inicio otra partida al Candy Crush, haciendo una pompa con el chicle.
—Creo que Josh estará encantado, Ana —asegura después de hacer una de sus piruetas.
—Pero no somos novios.
Ella le da al play y la música vuelve a sonar.
—Pues yo creo que en su mente sí que lo sois, ¿por qué no le escribes? Vamos, estaré aquí para apoyarte.
Ay, me quiero morir.
Yo, que soy una chica cobarde, ¿por qué me veo en estos desafíos? Dios me odia.
—Como todo salga mal, será culpa tuya, Brit.
—Asumo absolutamente todas las responsabilidades.