Josh (Límites Prohibidos 3) CAPÍTULO 54 #2
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CAPÍTULO 54 #2

Mierda, parece que tiene complejo con esta parte de su cuerpo. No entiendo por qué, pero la comprendo, porque he estado en su situación y tuve que cambiar para que me aceptasen; sin embargo, yo no pienso permitir que a ella le hagan el mismo daño, porque para mí es pura perfección.

—Vale, tranqui. —Me relamo el labio intentando controlar la situación. Es la primera conexión sexual de esta chica y no puedo quedar como un mierda. Quiero que disfrute, joder.

Con cuidado, coloco las dos manos en sus muslos, recordando que antes le agarré el trasero y pareció ponerle cachonda.

—¿Aquí sí? ¿Voy bien?

—Sí —jadea con suavidad—. Mi culo sí me gusta.

Buf, sería un crimen que no lo hiciera.

Quiero jugar con ella y tantear el terreno, así que mientras aprieto esos glúteos maravillosos por encima de su ropa —la cual me estorba muchísimo—, paseo mi barbilla por su monte de venus. Mi intención es lamerle entre las piernas y regalarle el mejor orgasmo de su puta vida.

—¡Josh! —chilla, con un intento vago de apartarme la cabeza.

—Tss, tss, tss —le advierto, mordiéndole juguetonamente la mano—. Hoy vas a correrte, cariño, y va a ser en mi lengua.

—Joshi, yo no sé si estoy preparada para esto.

No deja de removerse en la cama, así que me veo en la obligación de sujetarla por las caderas con firmeza y subir un poco para mirarla a la cara a través de la penumbra.

—Oye, claro que estás preparada para tener un orgasmo, tienes dieciocho años —explico, sabiendo que la edad no es un indicativo exacto, pero…

, joder, ella tiene ganas y estaba a punto de pedírmelo en su casa cuando nos interrumpieron—.

Si es porque crees que no soy el adecuado y no quieres que sea conmigo, entonces dímelo y te dejo en paz.

Si es porque quieres llegar virgen al matrimonio, sé clara también y así dejaré de hacer el tonto, pero si es por tus complejos…

, joder, Ana, estás con alguien que te considera su putísima religión.

Quiero rezarle todos los puñeteros días de mi vida, y comerle el coño forma parte de esos rezos.

Ella toma aire despacio, y yo la observo a la espera de que me diga qué quiere. Aunque tenga la polla doliéndome tanto que parece que va a explotar, me quitaré de encima y pondré cualquier chorrada en la tele si no le apetece seguir.

Anastasia es una tía que merece muchísimo respeto y no pienso ser yo el que se lo falte.

Su respuesta no llega y la situación me desespera; sin embargo, cuando menos lo espero y estoy a punto de hacerme a un lado, sus dedos bajan hacia sus pantalones y se desabrocha la cremallera.

—Hazlo —suplica, y a pesar de la oscuridad, aprecio una ropa interior clara con corazoncitos.

Buf, quiero babear sobre ella.

—¿Puedo? ¿De verdad?

—Si estás aquí en vez de estar con otra, supongo que es porque soy suficiente para ti. Tengo que empezar a creérmelo, ¿no?

—Cariño, yo llevo enamorado de ti desde antes de conocerte.

Mis palabras le roban una pequeña carcajada. Sus piernas se relajan y no tardo en bajar de la cama para quitarle los tacones, acariciando esos preciosos pies que tiene. Qué mierda no poder encender la luz. No pasa nada, ya habrá otra oportunidad.

—¡Me haces cosquillas! —se queja cuando le doy un besito en el puente del pie, y respondo pellizcándole la pantorrilla.

—¡Deja ya de ser tan quejona, hostias! —rechisto, agarrando el borde del pantalón para tirar de él y desnudarla de una vez.

Ella se retuerce en la cama, cada parte que toco de su cuerpo parece matarla de la risa y estoy aturdido a más no poder, porque lo que quiero es ponerla caliente.

—¡Ana! ¡Así no se puede!

—¡Lo siento, lo siento! —se disculpa, colocándose sobre el colchón en posición de estrella de mar. Cuando le termino de quitar la ropa y me acerco a sus braguitas, me fijo en que tiene la misma cara que un soldado al que van a ejecutar.

Puf, mejor ni la miro.

Pongo una mano en cada muslo y hago fuerza para abrirle más las piernas, gruñendo a modo de: estate quieta de una vez. Ella se ríe un pelín supongo que por las cosquillas y, en venganza, mi mano entera acaricia su coño por encima de las braguitas.

Su estómago se contrae y abre los ojos como si acabase de recibir un disparo, no es la reacción que esperaba, pero si no está gritando ni insultándome, supongo que vamos bien.

—Josh, estás seguro de que quieres…

Aparto la mano y paso la lengua, haciendo presión con el piercing en la zona de su clítoris por encima de la ropa interior. Muerdo la tela, la chupo y tiro de ella con los labios, sintiendo una corriente eléctrica que, como me vuelva a dar, me voy a correr sin ni siquiera bajarme los calzoncillos.

—¿Qué decías, cariño?

Escupo sobre su ropa interior, paseo el dedo de arriba abajo y, cuando llego al orificio, lo aparto un poco para acariciarle la entrada. Me estoy muriendo por no poder ver cada detalle con claridad, pero esto es suficiente para saber que es el mejor coño del mundo.

Y es mío. Vaya que sí.

Ella sigue con los brazos extendidos en la cama, tratando de acompasar la respiración y con los ojos muy abiertos, parece que está en mitad de un parto, aunque no pasa nada, yo a lo mío. Ya se le quitará.

Le quito las braguitas para acceder libremente a ella.

—Estás bien rica aquí abajo. —Vuelvo a escupir para mojarla bien y ayudarla a ponerse más cachonda, me frustra que no esté moviendo las caderas como una loca y chillando mi nombre, es lo que hacen todas al fin y al cabo y lo que espero que haga ella—.

Te acabas de convertir en mi cena favorita —ronroneo, acaricio su entrada un poco más con la yema del dedo y pego mi boca a su sexo, usando la lengua de forma rápida y directa, frotando su clítoris una y otra vez hasta que siento como los espasmos de placer sacuden su vientre y algunos ruiditos se escapan de su boca.

Joder, me encanta lamer coños, pero después de probar a Ana, no voy a querer chupar otro en la vida.

—Joshi…, se… siente bien…

Creo que es la primera vez que siente placer aquí abajo y eso hace que, de alguna forma, me sienta jodidamente especial. Sé que no debería, que el tema del sexo ya no es ningún tabú ni nada de eso, pero, hostias, que esta chica se haya cuidado tanto y me elija a mí, engrandece mi ego.

Un ego que la adora y quiere cuidarla hasta el final.

—Josh, ¿qué hago? Se supone que tengo que hacerte algo.

Está hiperventilando y esa no es la idea, así que bajo el ritmo de mi lengua y meto el dedo un poco más.

—Tranquila, cuando te corras te dejo tocarme un poco la polla, ahora relájate y disfruta de mis besitos cariñosos.

—Pe… pero ¿sabe bien? ¿No te da asco? Tío, qué vergüenza, ay, madre.

—Deja a tu madre tranquila.

Escupo de nuevo, le separo los labios con los dedos y succiono su clítoris rosita. Podrá estar nerviosa, pero también está cachondísima, lo noto en su sabor y en lo hinchado que lo tiene.

—Joder, Ana, me voy a correr solo lamiéndote, ¿no te das cuenta de lo buena que estás y lo mucho que me gustas?

—Joshi…, yo… creo que… —Se retuerce y sus caderas se alzan hacia mí. Una de sus manos va a mi pelo para empujarme la cabeza y aprieto todo lo que ella necesita. Va a ser su primer orgasmo así que esto tiene que merecer la pena.

Introduzco un poco más el dedo y con la otra mano me saco la erección para masturbarme. La tengo jodidamente dura y húmeda, dispuesta a hundirse en ella, pero todavía no, esperaré.

Su sexo comprime mi dedo, como si quisiese succionarlo y necesitase algo más grueso, eso me vuelve loco, así que aumento el ritmo de la fricción en mi polla y de mi lengua en su punto sensible.

—Joshi, Joshi es muy intenso, es… es…

—Vas a correrte, cariño, tranquila, deja que llegue.

—¡Dios mío! ¡Estoy temblando!

Su vientre vuelve a sufrir espasmos y los muslos se le tensan, a la vez que grita mi nombre muy muy fuerte. Toda ella se humedece de forma intensa y yo quiero tragarme hasta la última gota de su placer.

Mi abdomen también se contrae junto al suyo y siento como me mancho los dedos de semen a la vez que gimo contra su coño, limpiándolo con la lengua para dejárselo perfecto.

Joder, qué puto vicio.

Cuando me separo un poco, un coche de policía pasa cerca y las luces nos alumbran a través de la ventana, permitiéndome ver sus ojos un poco mejor por unos segundos.

Están brillantes y excitados.

—¿Y ahora? —pregunta con la voz completamente rota—. ¿Qué significa esto?

Me limpio la comisura de la boca con la parte superior de la mano antes de ir al baño.

—Significa que eres mía para siempre.