CAPÍTULO 54
JOSH
Me he mantenido alejado de ella porque sé que necesita cuidar de Brit, al igual que yo no me separo de Sean, aunque hoy está siendo en vano porque el tío no suelta prenda.
No puedo enfadarme, yo también tengo secretos.
Han ido al baño y se han encerrado allí las tres, y ahora Brit baila y Anastasia se ha sentado sola, mirándola como si estuviese viviendo una pesadilla.
Yo: Cleopatra, ¿todo bien?
Ella baja la mirada con esas preciosas pestañas hacia su teléfono, me declaro enamorado de cada rasgo de su divina cara.
Mi perfecta: Cindy nos ha traicionado.
Le he cambiado el nombre, porque ya he perdido en mi guerra por conquistarla y soy yo el que está totalmente rendido a sus pies.
Frunzo el ceño. ¿Cindy? ¿Sabe esa niña lo que es una traición siquiera?
Yo: ¿Qué ha hecho la mosquita muerta?
Ella niega, guarda el teléfono, me mira con malestar y se encoge de hombros. Entiendo, no quiere o no puede hablar de ello.
Supongo que son cosas íntimas de Brittany.
Veo como se levanta y se acerca a su mejor amiga, preguntándole si está bien, esta insiste en que todo va perfecto y Ana vuelve al mismo rincón. No puedo seguir viéndola tan de bajón, así que decido actuar.
Voy esquivando a la peña hasta llegar a ella. Es la primera vez que la veo con un pantalón vaquero de color blanco y, joder, menudas curvas le marcan.
Las uñas pintadas de sus pies se ven preciosas con esos tacones dorados.
Joder, es que es puto divina.
—Me pone triste que mi chica esté de bajón —aseguro sentándome a su lado—. ¿Qué pasa, muñeca? Joshi puede arreglarlo.
Ella me mira, sonríe y, muy contrariamente a lo que solía hacer en el pasado, deja caer su cabeza sobre mi hombro y yo apoyo la mía sobre la suya.
Mis dedos se entrelazan con los suyos al instante y ambos nos quedamos así, mirando como la fiesta sigue su curso.
—Quiero estar contigo —comenta—. Pero no puedo dejarla sola, Cindy es una zorra y Derek es… —no termina de decir la frase—. Debería estar a su lado, bailando con ella, pero ahora mismo me siento tan enfadada y decepcionada que solo quiero gritar y pegarle a alguien.
—¿Si les pego por ti te sentirás mejor?
Hincha un poco el pecho y suelta el aire despacito.
—Nop.
—Joder, eres difícil de complacer.
Obvio que lo es. Por eso estoy loco por ella.
Busco con los ojos a Sean, que no le quita la mirada de encima a Brit después del encontronazo que hemos tenido, casi se lía en un momento y es que el puto Stephan es gilipollas hasta la médula.
Quiere acercarse, la necesita y ella le necesita a él, así que Ana y yo solo estorbamos.
—Vamos a una habitación —le propongo, y su cabeza se despega de mi hombro al instante—.
No para nada malo. He bebido mucho y no puedo conducir, estoy hasta la polla de esta gente y me apetece estar tranquilo, la nave es mía, así que tengo un cuarto que mola mucho —voy explicando, y aprecio en sus ojos como trata de asimilar la información—.
Oye, bonita, ellos necesitan su espacio y su momento para reconciliarse, nosotros no pintamos nada.
—No puedo…
—No está sola, si necesita algo te llamará. Además, Sean no le va a quitar el ojo de encima, y tal vez, eso sea exactamente lo que necesita… , ver que tú y yo desaparecemos. Entrará en modo protector desquiciado, te lo digo yo que es mi siamés.
—¿Cómo estás tan seguro?
Ana traga saliva y la culpabilidad le impide mirarme a los ojos. Es tan leal, tan responsable y tan buena chica.
La quiero toda para mí, joder.
—Porque es lo que yo haría contigo, sin dudarlo —prometo acariciando su frente, pues tiene algunas gotitas de sudor brillando sobre esta, a causa del sofoco de la multitud—. Venga, quédate a dormir conmigo, te presto una camiseta, nos acurrucamos y que le follen al mundo.
Ella desvía su mirada una vez más hacia Brit y, luego, la enfoca directamente en Paula, que no ha dejado de intentar llamar su atención en toda la noche.
—No te preocupes por esa, no significa nada.
—¿Por qué siempre repetías con ella? ¿Te gustaba mucho? —musita, y siento que debo darle una explicación.
—Paula fue la primera chica de la que me enamoré —confieso, aunque río solo de pensar en lo idiota que era—. A ver, era un niño, ya sabes, pero la hija de su madre fue cruel que te cagas y me jodió vivo porque yo era bastante feo, ¿sabes?
Mi comentario le hace reír y niega.
—Para mí es imposible imaginar a un Josh feo.
—Uf, te aseguro que sí, monada, y mucho. —Me beso el dedo y juro—. Así que, cuando me puse guaperas, me prometí usarla y luego dejarla tirada cuando se enamorase de mí. Es lo que he hecho, estamos en paz. Fin.
Ella asiente y a continuación lanza la pregunta:
—¿Eres rencoroso, Josh?
No dudo en contestar cuando la imagen de una persona aparece nítida en mi cabeza.
Mi padre.
—Mucho. Yo no perdono. Y tampoco olvido.
La música se vuelve más densa. Hoy no me he medicado así que me voy a permitir liarme un porro y gozarlo como Dios manda.
Sé que no debo cortar el tratamiento, pero por una pasti no pasa nada, ¿quién se vuelve loco por no tomarse una pastilla? Soy humano, se me puede haber olvidado, ¿no? Ups.
—Josh… —Ana me agarra de la mano en cuanto ve que saco el cannabis del bolsillo—. Tómate la medicación y deja esa mierda —suplica.
—No la llevo encima —miento, porque sí que la llevo, siempre va conmigo por si tengo alguna crisis—. Además, he bebido y ya no podría tomarla ni aunque quisiera.
Esto último, es verdad.
—No quiero que te hagas daño.
Mi lengua repasa el papelillo de liar mientras mis dedos forman el canuto con rapidez, no dejo de mirarla fijamente a los ojos y, joder, estoy deseando que estemos en esa puta habitación.
—¿Por?
—¿Qué?
—Que por qué no quieres que me haga daño.
Vamos, dilo.
Escúpelo, bonita.
—Porque me importas.
—Porque me quieres —la corrijo, y su frente se arruga mirándome con esos ojitos enfadados que me la ponen jodidamente dura.
Uf, qué tía.
—Bueno, si te quedas a dormir conmigo, prometo ser bueno y tomarme la medicación de la depre como toca.
Ella se muerde el labio inferior mientras me llevo el porro a los labios y bailo haciéndole un gesto para que venga a mis brazos.
44 de Bad Gyal suena a toda leche, su cuerpo se acerca al mío y la arrastro lentamente hacia las escaleras mientras no dejo de bailar con ella.
Mis manos tocan sus caderas, siento el miedo y el temblor en cada centímetro de su piel. Pero no me importa, tiene que ser valiente, tiene que confiar cuando está conmigo.
—Estás a salvo, Cleo —susurro, dejando salir de mis labios un arito de humo y apoyando mi frente sobre la suya. Mi mano baja lentamente hasta su culo y lo aprieto con suavidad, las suyas se apoyan sobre mi pecho.
—Josh… —jadea, disfrutando de cómo la toco.
—¿Te gusta?
Aprieto un poco más, hundiendo mis dedos en ese culo grande, prieto y precioso que solo ella tiene.
Tímidamente, asiente, agarrando un puñado de mi sudadera para calmar sus nervios.
—Hay demasiada gente, me da vergüenza. —Su voz sale débil y rota.
Bueno, eso tiene fácil solución.
Me quito el cigarro de la boca y se lo ofrezco, ella me mira como si estuviese loco.
—Solo sujétalo, muñeca.
Cuando esos dedos tan sexis y femeninos agarran mi porro, la cargo entre mis brazos, haciendo que suelte un chillido.
—¡Josh! ¡Que peso mucho! ¡Estás loco!
—¿Mucho? Por favor, puedo hacer lo que quiera contigo. —Le guiño un ojo, desesperado por meterla en la habitación, cerrar la puerta y que solo seamos ella y yo.
Llevo tanto sin sentir a una tía, sin tener sexo, sin…
Pero me da igual, joder, porque por una vez, deseo sentir algo íntimo y real, algo que me haga subir a las putas nubes y me libere de este infierno en el que llevo perdido desde que tengo consciencia.
Ella es la llave que abre la puerta de mi salvación.
No sé cuándo he cerrado la puerta con el pie, la he dejado sobre la cama, he cerrado con pestillo y me he quitado la sudadera para recostarme sobre ella.
Sus manos acarician mis tatuajes egipcios. La esfinge, la cobra, el ojo de Horus, el anj…
—Eso es, cariño, tócame, necesito tus caricias —digo mientras agarro su muñeca y llevo su mano a mis labios, la beso y la muerdo cariñosamente.
Ella desciende por mi pecho lentamente, parándose en mis abdominales.
Mi Lova de Bad Gyal se oye desde fuera, sus uñas repasan cada una de las líneas que separan mis abdominales y me muevo en la cama sobre ella, balanceándome al ritmo de la canción, con el porro en la boca y una sonrisa traviesa pintada en la boca.
Mi comportamiento idiota la hace reír.
—Me encanta verte así, Ana.
—¿En una cama debajo de ti?
Niego, porque eso ya se sabía. Este es el sitio que le pertenece. Conmigo.
Gateo sobre ella, uniendo mi mandíbula a sus labios.
—Feliz, relajada, sin barreras.
Sus ojos se funden en los míos y tiene la boca abierta para poder respirar.
—Tengo mucho miedo, Joshi.
—No voy a hacer nada que no quieras.
—Lo sé. —Se relame los labios y asiente—. El problema es que sí quiero, pero me aterra todo lo que venga después.
No quiero follármela y que esto se convierta en una pesadilla para ella. De verdad, puedo esperar más, he tenido más paciencia con Ana de la que he reunido en toda mi vida.
Así que se me ocurre una idea.
—Vamos a ir poco a poco, ¿eh? No hay que hacerlo todo ya.
—¿Ah, no?
—Nop. —Sonrío y voy hacia el interruptor de la luz, apagándolo.
Joder, quiero ver cada parte de su cuerpo, pero sé cuáles son sus complejos; yo también los he tenido y puedo asegurar que esto le hará sentir más tranquila.
Regreso hacia la cama y mis manos en sus piernas le avisan de que he vuelto.
—Hoy voy a conformarme con imaginarte, aunque será la última vez que tenga que hacerlo —susurro, apoyando mi barbilla en su vientre y bajando lentamente—. Solo respira y cierra los ojos si lo necesitas.
—Joshi…, ¿qué preten…?
—Confía en mí.
Mis manos van directamente al borde de su blusa, intentando desabrocharle algunos botones, ella se tensa de inmediato y me agarra las muñecas.
—No toques esa zona, por favor.