Josh (Límites Prohibidos 3) CAPÍTULO 51
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CAPÍTULO 51

ANASTASIA

El aire que nos rodea es tenso y es como si tuviese una especie de mono pintado en la cara, porque no hay una sola persona que no se gire al verme pasar.

Sé cuál es el tema de conversación, la disputa sobre si lo que Josh y yo tenemos es real o no. A veces quiero gritarles, lanzarles cosas o simplemente irme corriendo y no volver a estudiar nunca más, luego me repito que estamos a final de curso y estos imbéciles no merecen que me rinda. Ni de coña.

No soporto más ir con los libros a cuestas y parece que han dejado de meter porquerías en mi taquilla, así que he decidido volver a usarla. Cuando saco el túper de pasta, la pesada mano de Peter la cierra de golpe. Me es imposible evitar dar un respingo.

—¿Qué pasa, tontita? —Por Dios, quiero meterle un dedo en el ojo cada vez que me llama así—. No pierdes las costumbres, ¿eh? ¿Por qué no te buscas a un tío gordo que huela a queso cheddar? Los deportistas… —alza su brazo, apretando para enseñarme el bíceps— no somos para ti, nena.

—¿Hablas por todos los idiotas del mundo? Si es así, felicidades, pienso que los representas a la perfección.

Peter baja el brazo, arruga el ceño y busca su móvil en el bolsillo del chándal. Intento largarme para comer mi almuerzo donde siempre, sin embargo, es imposible porque me corta el camino una y otra vez.

—No tan deprisa, tengo algo que hablar contigo.

—¿Por qué no te echas novia de una vez y la molestas a ella?

Ayer me lo encontré en el maldito supermercado y me dieron la tabarra él y sus amigos. De verdad, ¿no puede fingir que no existo?

—Mmm… Yo estoy con todas y nadie a la vez. —Me guiña un ojo y mi cara de asco es evidente—. Solo quiero ser un buen amigo y enseñarte la realidad de la situación, para que dejes de flotar por las nubes.

Peter me pone en la cara su pantalla del móvil, enseñándome una foto en la que Josh y Paula se están abrazando en el pasillo de Hallow.

No os voy a mentir, me duele el estómago, los celos me carcomen y quiero matar a alguien, pero no pienso darle a Peter el gusto de verme destrozada.

Quizá sea una foto antigua. Seguro que tiene una explicación. Josh no es tan malo, siempre está para mí.

—No me importa —replico, doy un manotazo rápido a su teléfono y camino a toda prisa hacia el exterior mientras escucho cómo se desternilla de la risa a mi espalda.

Cuando me siento en el lugar de siempre, ya he vuelto a perder el apetito, y un nudo en el pecho me crea unas intensas ganas de llorar.

(…)

La salida del insti no se hace mucho más llevadera, cuando me cuelgo la mochila al hombro, algunas cuchichean que Josh está con Paula y que me ha utilizado, al parecer, esa foto se ha extendido por todas partes.

Quiero llamar a Josh por teléfono y preguntarle qué está pasando, pero tampoco me apetece quedar como una loca de los celos, aunque lo esté. Confío en él, a estas alturas de la vida sé de lo que es capaz la gente y quizá ni siquiera sea consciente de lo que están haciendo.

Lo que me lleva a sentir miedo de que se entere de esto porque ¿y si piensa que por mi culpa van a destrozar su imagen y eso hace que se aleje?

Las tripas se me revuelven, quiero llamarle, quiero hablar con él, quiero verle y quiero que vuelva a abrazarme, asegurarme de que lo que sea que tenemos es real, pero me da miedo contarle lo que sucede.

Menuda angustia que tengo en el maldito pecho.

Voy caminando tranquilamente hacia casa, intentando ordenar mis ideas y pensamientos y, sobre todo, tratando de apagar el fuego que avivan mis horribles celos producidos por cientos de inseguridades cultivadas durante años. No puedo más y decido marcar su teléfono.

Ay, Dios mío.

—Holi —saludo en cuanto contesta, con una voz más ñoña que de costumbre.

—Ey, guapa, justo te iba a llamar ¿cómo ha ido la mañana?

Trago saliva, sin saber por dónde empezar.

—Pues… más o menos…

—Eh, ¿alguien se ha metido contigo?

Resoplo.

—Cuéntame qué tal tu día —intento desviar la conversación.

—Bien, como siempre, ha sido el primer día de Lucy en Hallow así que hemos estado muy pendientes de ella. —Le oigo dar una calada—. Tía, tengo que decirte una cosa.

La respiración se me corta y mis pies se detienen sobre la acera como si acabase de pisar sobre cemento húmedo.

Ay, madre, que me va a decir que ha vuelto con Paula.

No puede ser, no puede ser.

—Cla… claro, soy toda oídos.

—Paula, la tía con la que me acostaba antes de conocerte, ha venido en plan buen rollo para hacer las paces. —Mierda, así que es verdad, se han abrazado, la foto es real y es de hoy mismo—. Le he dicho que por mí todo guay, pero que se olvide de lo que teníamos porque ahora me molas tú.

Mis ojos casi aguados, detienen la secreción de lágrimas y el oxígeno comienza a correr por mis venas de nuevo.

¿Qué? ¿En serio?

—¿Le has dicho a Paula que yo te gusto?

—Sip, le ha quedado claro y, bueno, la tía quiso un abrazo, fue superraro, ¿eh? No me gustó ni nada, pero yo qué sé, Anni, quería contártelo y ya está.

El mundo que me rodea parece tomar un poco de color y brillo.

Sigo estando agobiada por el maldito comportamiento abusivo de Peter, sin embargo, por alguna extraña razón, me siento más unida a Joshi que nunca.

Así que, después de morderme el labio y sentir que me tiembla todo, me atrevo a hacer algo que no he hecho nunca antes.

Mierda, no, no puedo.

Soy demasiado cobarde.

—Te agradezco muchísimo que me lo cuentes, y, bueno, tú también me gustas.

Otra calada.

—Eso espero —se ríe—. Oye, y… ¿querías algo?

Niego con la cabeza, ya no tengo dudas ni celos, estoy feliz como una perdiz, aunque sigo con esa loca idea por mi cabeza…

No, no y no.

—No, solo saludarte.

—Ah, genial, pues tengo que coger la moto para volver, ¿hablamos luego, bonita?

Bonita.

Las mejillas se me enrojecen nivel salsa de tomate para espaguetis.

—Sip, claro, ve con cuidado.

—Siempre. Te aviso cuando llegue para que no sufras por mí. —Vuelve a reírse y me tira un beso por el teléfono antes de colgar.

Mierda.

Mierda, mierda, mierda.

No…, no…

¡Ana!

¡Joder!

Quiero volver a verle y que hagamos algo más.

Pero no tengo agallas para decírselo.

¡Soy tan cobarde!