CAPÍTULO 46
ANASTASIA
No sé cómo explicar la sensación de ver al chico que más me gusta en el mundo, —bueno, el único que me gusta, pero eso él no lo sabe—, estando más guapo que de costumbre, lo cual ya es difícil y yo, aquí, en una maldita fiesta de pijama, con un moño hecho y la cara lavada.
En serio, quiero matar a Brit. Aunque, por otro lado, haría cualquier cosa si se trata de ayudarla.
Solo deseo que este lío entre ella y Sean tenga solución de una vez porque, de verdad, me niego a creer que Sean la haya dejado por otra, aquí sucede algo con su familia, estoy cien por cien segura.
Josh se mantiene sentado en la silla blanca del escritorio de Brit. Cindy, que no sé qué hace aquí ni quién le ha dado vela en este entierro, está a mi lado sobre la alfombra del suelo en la que nos pintábamos las uñas hace un rato.
Quiero hablar con él, preguntarle qué diablos está pasando y que sea claro y sincero conmigo porque sabe que no me gustan las tonterías, pero no confío en Cindy, ni un poquito, así que lo único que sucede es que mientras él me mira de forma juguetona, yo sigo retocándome las uñas de los pies a la espera de que mi mejor amiga regrese, que parece estar hablando con su hermanastro, el cual ha reclamado su atención nada más ver a Josh aparecer por la puerta.
La mencionada asoma la cabeza, haciéndole un gesto a Cindy para que le ayude a preparar la comida. ¿Perdona? ¿Ahora la elegida es Cindy?
—¡Yo también voy! —aseguro, al ver como las dos se pierden de mi vista y me cierran la puerta en la cara.
Con los puños apretados, suelto un bufido de molestia.
Josh se ríe de forma nasal.
—Sí que eres posesiva, incluso con tus amigas.
Oh, venga ya.
—Mira, idiota, Brittany significa demasiado para mí, nunca lo entenderías, ¿vale?
—¿Ah, no? Seguro que no entiendo que es como una hermana, aunque no lleve tu sangre, y que te ha ayudado, apoyado y cuidado más que tu propia familia, motivo por el cual odias compartirla con otras personas.
Mierda, ha dado en el clavo.
Me quedo callada unos segundos analizando por qué demonios este imbécil sabe tanto.
—Sean significa lo mismo para mí —añade, y mis hombros caen por su propio peso.
Lo dicho, mierda.
Mi primer instinto, como la tonta protectora que siempre he sido, es ir hacia él para ofrecerle un abrazo. Sé que tiene depresión, sé que lo pasa mal y sé que tener a Sean en el hospital tiene que ser tan duro como para mí lo fue saber que Brit estaba ingresada.
En cuanto mis brazos le rodean, él me acomoda mágicamente sobre sus piernas en la silla.
Mis mejillas se ruborizan e intento mirar a cualquier parte que no sea esos ojazos color miel. Hoy está guapísimo y muy arreglado, la idea de que haya quedado con otra chica me enfurece hasta la necesidad de lanzarle con la silla incluida por la ventana. Y a ver qué culpa tendrá la pobre silla.
—¿Sabes una cosa, Ana? Cuando estoy cerca de ti…
—No vayas a decir ninguna guarrería, no lo estropees —suplico, poniendo un dedo sobre sus labios.
Él sonríe y le da un pequeño mordisco.
—Iba a decir que me siento feliz, es como un chute de algo que me pone contento, no sé explicarlo, pero, cada vez, me gusta más verte.
Ay.
Todo mi sistema nervioso colapsa y el corazoncito me da unos aleteos rápidos, a la vez que una sonrisa involuntaria se me dibuja en la cara, y lo único que deseo en este momento es…
Mierda, me he acercado a él y le he dado un beso en los labios. Corto y rápido, pero me he atrevido a besarle.
El bochorno es tanto que me bajo inmediatamente de sus piernas y regreso a mi sitio en la alfombra, como la buena tía arrastrada que soy.
—Joder… —Josh se muerde el labio inferior, encorvándose hacia mí—. ¿Es mi cumpleaños o algo? Porque un regalo así no cae del cielo cada día —afirma, luego guiña uno de sus preciosos ojos y le hago la peineta; de repente, su rostro se vuelve un poco más serio—. Oye, Ana, sobre lo de Sean y Brit…
¡Mierda! ¡Sí! ¡Necesito saber qué diablos ha pasado!
En menos de un segundo, dejo el bote de pintura de uñas a un lado y vuelvo a mirarle con total atención.
—Nada de lo que parece es cierto —murmura en voz baja—. No puedo darte explicaciones ahora mismo, pero te suplico que pase lo que pase entre ellos, no te alejes de mí.
«Te suplico».
«No te alejes de mí».
Parpadeo, atónita. Es la primera vez que un chico me pide algo así. Y es la primera vez que Josh me habla como… ¿si tuviese sentimientos reales hacia mí? No diciendo guarradas ni cosas que sé que les diría a todas.
Por un momento, he sentido que me necesita, de la misma forma que, vergonzosamente, yo también le necesito a él.
Justo cuando estoy lista para abrir la boca y contestar, Brit abre la puerta de sopetón junto a Cindy, traen unas bandejas con comida china.
Nos sentamos todos en círculo alrededor de la alfombra, Joshi se sienta entre Cindy y yo, más cerca de mí que de ella. Cuando volvemos a mirarnos por un instante, noto un nuevo revoloteo de mariposas en el estómago. Ya no tengo ni hambre.
Me tomo la molestia de servirle la comida en el plato y se lo acerco.
¿Por qué tengo esta absurda necesidad de cuidar de él?
—Gracias, chicas —dice con tono alegre y cantarín—. Sé que esto es una puta emboscada, pero, bueno, Josh Halimton nunca se niega a una buena comida. —Con una sonrisa lasciva, me guiña un ojo y mi burbuja de romanticismo estalla. Vuelve a ser el idiota de siempre. Mi idiota.
Nadie comenta nada, la situación es incómoda, así que empezamos a comer como si nada, en total silencio, los cuatro.
De repente, el móvil de Josh suena y Brit es incapaz de seguir callada. Me alegro, porque para eso es que le hemos traído aquí.
—¿Es él? —pregunta, refiriéndose a Sean.
—¿Sean? Sí.
Inspiro con fuerza, pensando en lo duro que tiene que ser esto para ella, no paro de darle vueltas a la cabeza, buscando algo que encaje y así resolver este lío.
—¿Cómo está?
Josh se encoge de hombros, con la boca llena de arroz y pollo frito.
—No sé qué responder a esa pregunta, Brit. Ya te lo dije en el hospital. Es complicado, pero te quiere.
—¿Quererla? Tu colega es un cabronazo —rujo, sabiendo que me estoy metiendo donde no me llaman, que Sean no es así y que sé que algo raro sucede, aunque si no hurgo en la boca sucia de Josh, no sacaremos nada.
—Nos ha decepcionado muchísimo —añade Cindy, alias la muda—. Nunca esperé algo así de él, la verdad es que lo esperaba más de ti.
Contra todo pronóstico, la mosquita «no muerta» tiene razón.
—Sí, coincido —aseguro—. Tú tienes toda la pinta de ser un gilipollas que decepciona a la primera de cambio.
Y, aun así, te quiero.
Espera, ¿qué?
No, no. Eso ha sido un maldito pensamiento intrusivo, como los que te susurran que te pongas la plancha caliente en la mano cuando sabes que te vas a quemar.
Entre las tres intentamos meterle los dedos a Josh en la boca para que suelte prenda sobre por qué Sean está en el hospital y por qué se lo han ocultado a Brit.
Pero todo es inútil, lo único que conseguimos es que decida irse antes de lo pensado y prometa que si las cosas se ponen mal (peor de lo que están, quiero decir) avisará de inmediato a Brittany.
Antes de levantarse de la alfombra, me agarra de la nuca y tira hacia él, plantándome un beso en los morros delante de mi mejor amiga y de la amiga de mi mejor amiga.
—Te quiero, tía buena —gruñe contra mis labios antes de dar por finalizada la quedada, y yo no sé ni dónde diablos meterme porque he explotado como un volcán y no paro de gritarle a mi sistema nervioso que ese «te quiero» no es real, porque Josh suelta cosas de ese tipo por la boca todo el tiempo.
—Vete al infierno, idiota.
No es que sea borde, es que la vergüenza me obliga a actuar así. En serio, muchísimas personas confunden mi timidez con antipatía.
Cuando nos quedamos las tres solas, Brit se deja caer hacia atrás y suspira.
—Siento que no hemos conseguido sacarle nada.
—No, y encima ahora le debo una foto de mis tetas.
Ni de coña, vamos. Ni hablar. Prefiero volver a bloquearle. Es más, será lo que haga como se atreva a insinuarlo siquiera.
—Puedes ir a hacértela al baño, tengo aceite corporal por si quieres echarte un poco, hace que parezcan más grandes, aunque tú no lo necesitas.
¡¿Qué cojones?!
La muda me mira, sonríe y se encoge de hombros.
—Brit, ¿todo bien en tu cabeza?
—No, definitivamente no.