CAPÍTULO 40
JOSH
Estoy en casa y es imposible dormir.
La cabeza me da vueltas como si fuese una noria.
La pastilla de emergencia es verdad que te saca del marrón, pero desgasta muchísimo.
Es como si por las próximas veinticuatro horas no fueses un ser humano vivo del todo, sino una especie de zombi que no necesita cerebros para alimentarse, sino azúcar por un tubo.
Dónuts, chocolate, magdalenas…
No quiero hincharme a mierda, eso solo me hará sentir peor y alimentará mi ansiedad, así que recurro a la segunda opción: sexo.
Y como se supone que estoy siendo un buen chico, doña Difícil es la única a la que pienso recurrir.
Yo: Cariño, te necesito.
Lee el mensaje al instante, es bastante tarde así que me sorprende que siga despierta. Solo espero que no estuviese hablando con otro.
Srta. Halimton: ¡Holi! ¿Qué sucede? *carita triste*
Le he metido mi apellido, que se joda. Ya es toda mía, le guste o no.
Trago saliva, quiero contarle lo de Sean, lo de los efectos secundarios que la medicación está dejando en mi cuerpo, lo de mis pensamientos intrusivos…
Quiero decirle muchas cosas, pero no me atrevo con nada.
Ya sabe que tengo depresión, tampoco quiero agobiarla con mis mierdas y que salga corriendo otra vez.
Después de todo, a pesar de las peleas en las que me meto, de todas las tías con las que he me acostado, del deporte, de la tinta, de los piercings , de las drogas…, sigo siendo un puto cobarde.
Yo: Solo quédate un rato conmigo.
Srta. Halimton: ¿Es por lo de la depre? *carita preocupada*
Vaya, se acuerda y todo, y parece que le importa.
Me genera placer que le importe, no sé cómo explicarlo, pero resulta muy satisfactorio.
Yo: Más o menos sí, un poco más complejo que eso, pero sí.
Srta. Halimton: Joshi, eres muy fuerte por hablar de ello y no estás solo en esto. Me siento orgullosa de que decidieras contármelo, ¿puedo ayudarte de alguna manera?
Una sonrisa maligna se me dibuja en la cara y hago todo lo posible por borrarla en seguida.
Que no, joder, que ahora soy bueno.
Solo de imaginar a Anastasia en mi cama, con ese precioso culo desnudo y mi mano acariciándolo mientras le meto cada centímetro del gran amor que siento por ella, mi erección forma una tienda de campaña bajo las sábanas.
Mierda, ahora soy incapaz de pensar en otra cosa.
Yo: La verdad es que sí puedes ayudarme, mucho.
Oye, si tengo que serle fiel, pues esto es lo que hay, ¿no? Yo acepto tener que ir despacio y ella debe aceptar que soy una bomba de relojería que necesita acción.
Tampoco me puede tener a pan y agua por tanto tiempo. En serio, me voy a morir.
Srta. Halimton: Estaré encantada de echarte un cable. *corazoncito de color rosa* Solo dímelo y haré todo lo que esté en mi mano.
Su mano, qué rico sería sentirla en mi polla ahora mismo mientras le rezo a esas tetas que tiene.
Yo: Pues es que cuando estoy así de mal, solo hay tres cosas que me alivian.
Srta. Halimton: Oh, es bueno tener vías de escape, yo también las tengo. A ver, no sufro de depresión, pero supongo que todos tenemos nuestros pequeños secretos para ser un pelín más felices en momentos chungos, ¿no?
Yo: Sip. *cara sonriente*
Srta. Halimton: ¿Y cuáles son esas tres cosas que te hacen sentir bien?
Me rasco la barbilla y me revuelvo el pelo, entrecerrando los ojos.
Mmm…, las damas primero.
No entiendo nada, pero, por una vez en mi vida, me interesa conversar antes de ir directo al grano.
Yo: Quiero saber las tuyas.
Srta. Halimton: Ah, claro. Pues cuando estoy triste, lo que me gusta es cocinar galletas, pasear con mi perrito, maquillarme, ir de compras y comer una buena hamburguesa.
Srta. Halimton: Te toca. *Carita guiñando un ojo*
Mis cejas se alzan, indignado, porque no he leído la palabra sexo por ninguna parte.
Pues nada, seré el que tire la primera piedra.
Yo: Drogarme, comer y follar.
Me deja en visto y mi ceño se frunce, estoy a punto de volver a escribir cuando veo que ella lo hace.
Srta. Halimton: Ah, bueno…, eh…, lo de las drogas estaría bien no hacerlo.
«Claro, cielo. Acabas de descubrirme América», pienso yo.
Yo: Lo sé, y comer no es una opción, ya he comido por cinco tíos hoy. Así que solo me queda…
Yo: ¿Quieres sexo?
Srta Halimton: ¿Qué?
Yo: Es fácil, voy para tu casa, me abres la puerta despacito cuando te avise al móvil, me dejas follarte o comerte el coño, si no quieres perder la virginidad aún, me conformo con eso. Y luego regreso y nos seguimos mandando mensajitos. ¿Te parece? *corazones infinitos*
Srta. Halimton: Josh, ¿todo esto es una broma?
¿Qué? ¡Pero si no he ido más en serio en mi vida!
Yo: Tía, no. Estoy mal, te lo he dicho, y necesito sexo, se supone que nos estamos conociendo, ¿no? Pues ya es hora de que tengamos algo.
Silencio.
¡Me cago en todo!
Yo: Mira, te lo pongo más fácil, mándame una foto de tus tetas, yo te mando una de mi polla y nos tocamos juntos. Si quieres te mando vídeo de la corrida.
No pasan más de cinco segundos en los que su foto de perfil desaparece y sé que la muy ingrata me ha bloqueado.
¡Será posible! ¡¿Para qué coño me dice entonces que puedo confiar en ella?! ¿Para dejarme tirado cuando más la necesito?
Lanzo el móvil hacia la otra punta de la cama, agarrando mi polla y recolocándola bien en los calzoncillos. A la mierda. Abro el cajón de la mesita de noche y me meto otra pastilla. Voy a dormir sin comer y sin follar, pero voy a dormir, sí o sí.