Josh (Límites Prohibidos 3) CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

JOSH

No hay una forma coherente de explicar cómo me siento ante esta situación.

Quiero a Lucy con el alma, esa niña es un angelito, endiablado pero angelito, y que alguien tenga la poca vergüenza y dignidad de hacer lo que ha hecho Derek, es cuanto menos repudiable.

Merece morir, es lo único en lo que puedo pensar ahora. Ese cabrón merece estar muerto.

Mi rodilla tiembla a causa de lo nervioso e inquieto que todavía me siento, martilleando el suelo una y otra vez con el talón del pie izquierdo.

—Colega, necesito un piti —hablo en voz baja, sacando a Sean de su trance. Hemos estado en silencio, pensativos, barajando formas de solucionar todo esto.

Por ahora no tenemos absolutamente nada, el miedo a que esos hijos de puta toquen a Lucy nos paraliza.

Derek ha traspasado un límite que ningún ser humano debería pasar, porque cuando franqueas esa línea, automáticamente dejas de ser una persona para convertirte en escoria.

Sí, eso es Derek, pura escoria.

—Claro, tío. De hecho, deberías irte a casa, llevas toda la noche sin dormir por estar aquí.

La mala cara de Sean me tiene descompuesto. No sé si es porque se está muriendo por los disparos y la puñalada o por Brit. Tal vez, las dos cosas al mismo tiempo.

Y me asusta, porque una transfusión de sangre, puntos, alimentación saludable y medicamentos le harán recuperar la salud, pero no tengo ni puta idea de cómo vamos a arreglarle por dentro.

Esa chica es demasiado importante para él y yo sé más que de sobra que Sean no parará hasta recuperarla o acabar mal, jodidamente mal.

Quiero llamar a Ana y contarle todo esto, hablar con ella, escuchar su dulce voz prometiéndome que todo va a estar bien y que pase lo que pase entre ellos, nosotros seguiremos adelante.

No quiero perder todo lo que hemos avanzado, lo cual es poco, pero es la primera vez que me esfuerzo por una chica y no puede ser en vano.

Aun así, Ana es la mejor amiga de Brit, y si le cuento esta mierda seguro que tarde o temprano se lo dice, y si Brit se va de la lengua, Lucy corre peligro.

La pequeña Kiev es nuestra prioridad, debemos protegerla, aunque nos cueste perderlo todo. Tanto Brit para Sean, como Ana para mí.

Estoy segurísimo de que en cuanto Brittany le diga a Ana que ella y Sean han roto, doña Difícil saldrá corriendo y no querrá volver a saber nada de mí. Porque es ese tipo de chica. Busca cualquier excusa para alejarme y convertirme en el monstruo de sus pesadillas.

Viendo de nuevo a mi siamés en esta camilla con los ojos aguados, perdidos en la nada, doy un resoplido y me pongo de pie.

—No te pienso dejar solo, me fumo el piti y vengo en nada —informo, dejándole claro que no me moveré de este hospital hasta que le den el alta.

—Como quieras, colega, no tengo fuerzas para discutir contigo.

—Vaya, por una vez en la vida me dejas ganar, ¿tengo que sacar una foto para conmemorar este momento?

—Lo que quiero es borrar esta mierda para siempre, joder.

Una doctora entra seguida de dos enfermeros, pidiéndome que salga fuera para hacerle las curas. Salgo de allí casi a empujones.

Madre mía, cuánta agresividad.

Una vez en mitad del pasillo, el vello de la nuca se me eriza al ver la maldita paradoja que es esta vida.

Me escondo rápidamente tras la máquina de vending, escuchando a Derek y Lois Saphire hablar con unos médicos.

—Brittany tiene diabetes tipo 2, y por millonésima vez, no es una enfermedad que solo afecte a las personas con sobrepeso, influyen muchos factores, genética, malos hábitos alimenticios…

—¡Mi hija tiene una genética maravillosa y solo come lechuga con pavo! ¡Es imposible que sea diabética!

—Su hija ha tenido una subida de azúcar que casi la deja en un coma diabético y la prueba de la hemoglobina glicosilada dice que es diabética tipo 2, puede aceptarlo y ayudarla o puede seguir aquí dando gritos y perdiendo el tiempo.

Mierda.

Joder.

Brit está mal y Sean también, y encima les han obligado a romper, esto va a ser una puta locura que se los va a llevar a los dos al cementerio y a mí detrás.

Me cago en mi vida ya, hostias.

—Lois, ve a descansar, yo iré a la cafetería a desayunar y estaré pendiente de ella.

Y ahí está el gilipollas número uno haciéndose el héroe, claro, con Sean fuera de juego aprovechará para hacerse el hermanito protector.

Hijo de puta.

La madre de Brittany asiente y pide que le llamen un taxi, tras despedirse de Derek, el sonido de sus tacones se va oyendo cada vez más lejos a través del pasillo.

Derek empieza a caminar hacia mí y, haga lo que haga, va a verme.

Aun así, no tengo ánimos de esconderme, por lo tanto, me coloco en mitad del pasillo, con las piernas ligeramente abiertas, las manos en los bolsillos de la sudadera azul oscuro que llevo puesta y el cuello inclinado hacia él. Quiero matarlo.

—¿Qué coño haces tú aquí? —Su mandíbula se tensa a la vez que alza el cuello para mirarme a la cara.

—A mi colega lo han apuñalado y le han disparado, y casi se muere, tengo derecho a estar aquí con él, ¿no crees?

Derek palidece, teniendo que cambiar el peso varias veces de un pie a otro. Es un cobarde, y su expresión me revela que no tiene los huevos suficientes para afrontar las consecuencias de lo que ha hecho. Esto le queda grande.

—Es lo que pasa cuando vives en un barrio de mierda —se atreve a responder, huyendo de la furia de mis ojos—. Que se mejore, nos vemos, Josh.

No, esto no va a quedar así.

Mi mano le agarra del cuello de la chaqueta atrayéndole hacia mí.

—Escúchame bien, pequeño hijo de puta, mi madre siempre dice algo que cuando era pequeño no entendía un carajo, pero, ahora, sé que siempre, siempre, siempre, se cumple.

—Fuerzo aún más mi agarre, repitiéndome a mí mismo que no puedo dejar que se me vaya la olla pues entonces podrían echarme del hospital y Sean me necesita—.

Todo lo malo que se hace en esta vida, se paga, y tú lo pagarás, tarde o temprano, Derek Stephan.

Su rostro se desfigura por completo y puedo decir que ese chaval está hiperventilando, al borde de una crisis de pánico.

—¡Déjame en paz, joder! —gruñe en voz baja, empujándome para zafarse de mí—.

No he hecho nada, no sé de qué mierda hablas.

No puedes acusarme porque ¡no tienes pruebas!

¡Fuera de mi vista! —Va alejándose lentamente, sin dejar de mirarme con esa expresión de terror, como si estuviese viendo a su peor pesadilla.

Definitivamente, no está preparado para afrontar las consecuencias de lo que ha hecho.

Y esto le va a caer encima tarde o temprano, él lo sabe.

En cuanto entra en el ascensor para ir a la cafetería, mi lado impulsivo me lleva a ir rápidamente hacia la habitación de Brit. Sean tiene prohibido estar con ella, pero yo puedo y voy a seguir siendo su amigo.

Tengo que ayudarlos a volver juntos, aunque no tenga ni puñetera idea de cómo.

En cuanto empujo la puerta un poco, oigo a una chica sorbiendo por la nariz.

—Derek, si no te importa, quiero estar so… ¿Josh?

—Hola —saludo con medio cuerpo aún detrás de la puerta—. Sé que no seré la persona que más ilusión te haga ver ahora mismo, pero… ¿se puede?

Sus cejas se alzan considerablemente, está pálida, con un libro entre sus delgadas y temblorosas manos, las gafas puestas y la melena rubia totalmente despeinada.

Pienso en lo doloroso que sería para él verla así y lo que daría por cuidarla.

—¿Qué haces aquí, Josh?

Esa pregunta me la tomo como un «sí, puedes pasar», así que cierro tras mi espalda y doy varios pasos calmados hasta estar al borde de su cama.

—Mi tía está enferma y he visto a Derek, estaba hablando con el médico de ti, se ha ido a la cafetería y he querido saludarte.

No es buena idea decirle lo de Sean, no por ahora, esta chica tiene que recuperarse y ponerse fuerte primero.

Hace movimientos de afirmación con la cabeza.

—Espero que se mejore tu tía.

—Gracias, yo… yo espero que te mejores tú.

—Estoy bien, solo es… —Con un suspiro cargado de resignación, cierra los ojos y entreabre los labios—. Diabetes, soy diabética, sí.

—Bueno, no es la mejor noticia del año, pero podrás seguir haciendo tu vida con normalidad, solamente controlando un poco los dulces y tal…

Sin mucho ánimo, suelta un escueto «sí».

El silencio se hace incómodo y pesado entre nosotros, ella quiere decirme muchas cosas, puedo notarlo en su mirada inquieta, y yo también quiero decírselas a ella.

Finalmente, la conversación tan temida por ambos empieza:

—Me ha dejado, Josh.

—Lo sé, Brit.

—Me ha dejado por otra, después de… —Las palabras se le están rompiendo en el centro de la garganta—.

Confié en él, planeamos un futuro juntos, estaba llena de ilusiones y…

¿En qué he fallado? —Su expresión empieza a volverse cada vez más gris, triste y deprimida, y se me forma un nudo en el pecho al verla de esa forma—.

¿Sabes? Quiero odiarle con toda mi alma, pero…

—Las lágrimas le caen como dos ríos, con esas densas pestañas húmedas y esos enormes ojos color café aguados y enrojecidos—.

Solo puedo quererle, le quiero con toda mi alma, con todo mi corazón, y no sé qué hacer, te juro que no sé cómo voy a salir de esta.

Con unas ganas horribles de decirle que justamente eso es lo que le pasa a Sean, que la quiere de la misma forma, con la misma intensidad, que está a dos habitaciones en el mismo pasillo con una puñalada y dos disparos y que han tenido que amenazar de muerte a su hermana y a su madre para que la dejase porque si por él fuese se habría dejado matar antes que decirle adiós, simplemente la abrazo y la aprieto con todas mis fuerzas mientras apoyo la barbilla sobre su cabeza.

—Brit… —La voz me tiembla un poco y mis dedos se entretienen desenredando los nudos de su cabello—. Ahora mismo no puedo decirte nada, pero te juro que en un tiempo lo entenderás.

—¿Entender el qué, Josh? ¿Que solo me utilizó?

—Te aseguro que eso no es cierto.

—¿Y entonces?

Sus brazos bordean mi cintura, aferrándose con los dedos a mi sudadera, mientras sigue descargando una llantina llena de dolor que me hace emocionarme más de lo normal y al mismo tiempo querer matar a su hermanastro en este mismo hospital.

Contrólate, Josh, no vale la pena, se solucionará, ya lo verás. Mamá dice que Allah ayuda a las buenas personas y jode a las malas, y ella siempre tiene razón, joder.

—No puedo decírtelo, no puedo decirte por qué Sean ha tenido que tomar esta decisión, pero lo que sí te puedo decir es que eres la chica de sus putos sueños y pase lo que pase, hagan lo que hagan, nada va a cambiar su perspectiva sobre ti, solamente dale tiempo, y mientras este tiempo corre, tienes que cuidarte mucho y ponerte bien.

Su llanto se calma un poco y mis dedos siguen acariciando sus mechones dorados, aun así, sé que no me cree.

—¿Y qué sentido tiene entonces que me haya dejado?

—No puedo, Brit —digo sin más, sin dejar de mecerla entre mis brazos—. Solo confía, por favor.

—Una parte de mí no le cree. Piensa que todo esto tiene algo que ver con mi familia, pero la otra tiene miedo de hacerse ilusiones y que sea real, que él…

se haya ido para siempre —reconoce, sorbiendo por la nariz—.

Pero, sea lo que sea, quisiera que me lo contase y que lo afrontásemos juntos, como siempre hemos hecho.

Necesito que me dé alguna señal para confiar y esperar.

Esto es tan complicado…

Cualquier cosa que suelte por la boca puede poner en peligro a la familia de Sean.

—Brit, ahora mismo, tú eres tu prioridad. Solo piensa en ponerte bien, por favor.

—Sí. —Sus brazos se separan de mi cuerpo y, mirándome con una expresión aguada, se quita las gafas para limpiarse las lágrimas—. Cuida de él, ¿vale? Cuídale por mí, yo me cuidaré a mí misma.

Con el corazón roto, abro los labios para tomar una bocanada de aire, me estoy quedando sin puto oxígeno.

Echo un poco de agua en un vaso y se lo acerco.

—No dudes en venir a mí para cualquier cosa que necesites, para ti sigo siendo Joshi.