CAPÍTULO 33
ANASTASIA
—Estás muy guapa.
Sean entra al baño en el que me encerré cuando vi a Josh echándole champán en las tetas a esas tías.
No quiero salir de aquí si no es para volver a casa. Brit y Cindy han intentado darme ánimos. No importa, yo sigo pensando que soy una idiota que se hace ilusiones con un tío que no está a su alcance.
Quizá no tenga novia.
Quizá ya no esté con esa tal Paula.
Quizá nunca me mintió.
Pero ya se ha cansado de mí y supongo que me lo merezco.
—¿Puedo sentarme aquí para charlar un rato contigo? —El novio de mi mejor amiga apoya su culo sobre la encimera del lavabo y me mira con cara de circunstancias. Yo me limpio las lágrimas y me sueno los mocos.
Soy patética, ya lo sé.
—A ver…, ¿por dónde empiezo, Ana?
—Por ningún sitio, Sean, está todo claro.
—Yo creo que es todo lo contrario, entre Josh y tú las cosas están de muchas formas menos claras.
Bueno, si quiere seguir insistiendo en el tema, pues ahí va.
—No le intereso, ¿vale? Me he arreglado para él, me he pasado todo el día pensando en este momento y no me ha hecho ni puto caso.
Él agacha la cabeza, pensativo y yo le echo un ojo a sus brazos tatuados. Sean es un buen chico, quizá… quizá Josh también lo sea. Quizá le he juzgado mal, por mis miedos.
—¿Y cuánto llevas tú pasando de él, Ana?
Estás enfadada porque no te ha hecho caso esta noche, pero ¿cuánto hace que tú no le haces caso a él?
—Enmudezco, sin saber qué responder, porque sé que tiene toda la razón—.
¿Lo ves? Él hace cosas por ti, como llevarte a casa, aunque ni siquiera le pille de camino.
Solo por tenerte cerca. Va al gimnasio más por mirarte que por entrenar, cancela planes con su colega solo para poder compartir esos ratos contigo porque sabe que nunca le aceptarás una puta cita.
Se lio contigo, no pasasteis más allá de los besos y, aun así, siguió insistiendo.
Josh nunca repite, Ana, y mucho menos si no se va más allá en la primera cita. Le gustan las cosas fáciles y directas.
Ja, que no repite… y Paula, ¿qué?
«Fáciles y directas».
Supongo que ella entra en ese grupo.
—Vaya, pues perdóname por no ser una chica fácil y directa.
—No es eso. Entiende que él solo quiere rollos porque nunca se ha pillado por nadie, ¿vale? Pero parece que contigo es distinto.
Mis cejas se alzan de manera excesiva y suelto una risa nasal cargada de rencor.
No quiero creerle, porque volveré a hacerme ilusiones y me destrozará.
—Se nota muchísimo, Sean. Se nota un huevo que conmigo es distinto.
Solo quiero que su mejor amigo, el que parece una buena persona, logre convencerme de que debo confiar en Josh, pero, al mismo tiempo, sigo a la defensiva.
—Pues sí, porque si no lo fueses, no te seguirías subiendo ni a su moto ni a su coche, ni te miraría como un idiota en el gym . Pero, para él, ahora mismo solamente eres eso, una chica con la que solo puede fantasear, porque le has cortado todas las ilusiones de cuajo.
A ver, razón tiene, aunque también es posible que solo lo haga porque después de todo, el demonio con pecas es un chico sociable y… simpático. Demasiado para mi gusto.
—Sean, estoy gorda —confieso, como si fuese algo que nadie puede saber si no lo digo en voz alta—. Es normal que me sienta inferior a todas esas tías y tenga miedo, miedo a que Josh me la juegue y se ría de mí.
Él cabecea negando, se saca un papel de liar y empieza a hacerse un porro, yo le miro en silencio.
—Mira, tía, voy a ser sincero contigo. —Se termina de liar el porro y se lo deja en los labios—.Yo también tengo inseguridades, ¿sabes? ¿Crees que fue fácil para mí, siendo un muerto de hambre, fijarme en Brit?
No me jorobes, no es lo mismo. Ni punto de comparación.
—Sean, es distinto.
—Es lo mismo, joder. Son inseguridades de mierda.
Y ¿sabes qué? Sé que suena mal y que tal vez te duela, pero tus inseguridades no son problema de Josh, no es justo que las cargues en él, no tiene la culpa.
—Le miro directamente a esos ojos azules y claros como un día de verano, sin saber si volveré a tener frente a mí, cierta mirada de color miel que me hace temblar de pies a cabeza—.
No es a él a quien le molesta tu peso, es a ti misma a la que le molesta porque, para él, eres puto perfecta.
Así que no es problema suyo, es problema tuyo, tía.
—Da una calada, dejando salir el humo despacito.
Estoy tan estresada que yo también tengo ganas de fumar—.
Y solo tienes dos opciones, Ana: o te aceptas y te quieres de una vez y confías en él, o le dejas ir.
Porque Josh no merece que jueguen con sus sentimientos.
No merece pensar que hoy puede llegar a algo contigo y mañana darse cuenta de que no tiene posibilidades.
Es un buen chaval, ha pasado por mucha mierda, ha sufrido un huevo y no voy a permitir que lo hundas. Ni tú ni nadie.
Sigo mirándole, atónita. ¿Que Josh ha sufrido? No tenía ni idea, no parece para nada el tipo de persona que sufre o está mal por cualquier cosa. Siempre sonríe, hace bromas y dice tonterías por un tubo.
El corazón me palpita con fuerza, porque quiero ir corriendo abajo, abrazarle y pedirle que solucionemos esto de una vez.
No obstante, sigo sin estar preparada para ello.
—Sean, sé que Josh es como un hermano para ti, pero de verdad que esto es complicado.
—No quiero que piense que mi intención es hundirle o jugar con él, así que me veo en la necesidad de darle explicaciones—.
Tengo un problema de salud que me impide bajar de peso, ¿vale?
Por mucho deporte que haga, por mucha hambre que pase, nunca seré como Brit o como Cindy, ni como ninguna de esas chicas.
He llorado de hambre. ¿Sabes lo que es eso?
Y no he bajado un puto gramo en la báscula.
Es jodidamente desquiciante odiar quien eres y no poder cambiarlo.
Es una maldita basura, porque por mucho que Josh diga que soy guapa, nunca estaré buena, nunca seré perfecta para él.
Abro la boca y tomo aire, porque después de soltar todo esto delante del siamés del tío que me gusta, necesito como mínimo asistencia médica.
—Entiendo tu impotencia y lo que te duele, Ana.
Y, sin embargo, vuelves a enfocarlo mal, nunca serás perfecta para ti misma mientras sigas con ese pensamiento.
Pero, para él, ya lo eres. Josh no quiere ni a una Brit ni a una Cindy.
Le interesas tú. Aun así, hasta que no aprendas a quererte, no podrás apreciar ese sentimiento en las personas que te rodean.
¿Qué importa el peso, Ana? Eres una tía guapa, tienes un pelo increíble y todo lo que le gusta a cualquier tío.
Además, eres una buena chica, solo tienes que darte un poco más de amor propio.
Rendida, me dejo caer hacia atrás, que conste que estoy sentada sobre la tapa del váter, por si he olvidado decirlo.
La música retumba a toda pastilla desde la planta de abajo mientras otra lágrima me baja por la mejilla.
Parezco una niñata inmadura.
A la mierda, tengo que hacer algo. Ya.
—¿De verdad crees que soy suficiente para él, Sean?
—Esa no es la pregunta correcta, Ana. ¿Serás algún día suficiente para ti misma?
Solo el día que lo seas, podrás serlo para todos los demás.
Incluido él. —Mi pecho sube y baja a causa de mi respiración nerviosa, quiero llorar, quiero llorar muchísimo y sacar todo el dolor y el rechazo que llevo guardando en mi interior desde que era una simple niña—.
Conozco a mi colega mejor que nadie, y si hay una tía capaz de enamorarle eres tú.
Ninguna de esas que baila abajo semidesnuda podría conseguir que Josh la acompañe a casa ni deje de ir por ahí con sus colegas para estar en el gym mirándola como un imbécil.
Mis lágrimas bajan con más ímpetu.
Debo estar arruinándome el maquillaje.
—¿Me lo prometes?
—Nunca te mentiría en algo así, Anastasia. Déjale entrar, no te hará daño, en serio.
—No puedo, me da pánico.
—Entonces, no le exijas que se quede, porque no es justo para él.
—Joder. —Me inclino hacia delante porque empiezo a ahogarme dentro de este puto baño, Sean me da un abrazo, apretándome contra su pecho.
Creo que si se está molestando en estar aquí conmigo, es porque de verdad debo ser mínimamente importante para Josh—.
Quiero seguir conociéndole, es solo que yo necesito ir despacio, Sean.
—Pues díselo, te escuchará, es idiota pero no inútil.
Nos reímos a la vez.
—Brit tiene mucha suerte de tenerte. —Sorbo por la nariz, separándome de él—. Hacéis una pareja increíble.
Joder, estoy realmente feliz de que mi mejor amiga por fin haya encontrado a alguien que la quiera de verdad.
—Brit —repite su nombre, como si acabase de sentir que le clavan un palo por el culo—, tengo que ir a por ella antes de que se le ocurra ponerse a bailar en tetas.
—Ella nunca haría eso, créeme.
—Nunca digas nunca.