CAPÍTULO 24
ANASTASIA
Nada más bajarme del coche, ya tengo ganas de volver y suplicarle que me perdone.
Estoy siendo una idiota, lo sé, pero entre mi inexperiencia y mi poca autoestima, fui incapaz de seguir.
Cuando sus manos tocaron partes que odio de mi cuerpo y sentí que esto iría a más, el terror me invadió por completo.
No soy una muñeca con figura de modelo como Brittany, he llegado a ir con mangas largas en verano, quizá para las chicas de mi edad sea maravilloso irse al baño de un cine y echar un polvo rápido con el tío que las vuelve locas, pero yo no puedo enseñarle mi cuerpo a nadie cuando ni siquiera soporto verlo yo misma.
Cuando llego a casa, huele a sopa de verduras con coliflor, mamá ya tiene la mesa puesta y mi padre lee el periódico, dejo la mochila en la habitación y me siento en mi silla después de lavarme las manos, fingiendo que nada de lo que acaba de pasar ha sucedido.
El corazón me va a mil por hora, tengo el estómago cerrado y todavía siento su sabor en mi boca.
Dios mío, que he tenido el piercing de su lengua al lado de la mía, y lo he chupado, bueno, un poquito.
Me pongo tan roja como un tomate y aprieto los muslos, estoy excitada aparte de amargada, un cóctel de lo más raro e incómodo, teniendo en cuenta que me encuentro almorzando con mis padres.
Mi madre comenta lo guapa que estaba la hija de la vecina, que ha perdido unos kilos desde que hace no sé qué dieta, y yo remuevo la sopa con la cuchara todo el tiempo.
La miro de reojo y observo lo delgada que es, mi padre tampoco tiene problemas de peso. Resoplo sobre uno de los mechones castaños que me caen por la cara odiando mi vida. Si tan solo fuese un poco más delgada, ese chico sería mío, porque es perfecto.
La frustración me crispa de una forma incontrolable, así que, sin probar la sopa, digo que no tengo apetito y me encierro en mi habitación.
No sé cómo me siento en este instante, todo es contradictorio en mí. Estoy feliz y emocionada por haber tenido mi primer beso con un tío increíble, pero, a su vez, enfadada conmigo mismo por ser tan mojigata y estar celosa de esa tal Paula.
De todas formas, ¿qué más da? Después de mi comportamiento de hoy, dudo que Josh vuelva a dirigirme la palabra.
El teléfono me suena y es Brit, se lo cojo en seguida, deseosa de poder contarle todo lo que ha pasado, pero antes de que consiga decir hola, ella suena como si le faltase el aire.
Parece que también ha sucedido algo en Hallow.
—Tía, Sean me ha besado.
La respiración se me corta porque, casualmente hoy, a mí Josh también me ha besado.
La pregunta es: ¿estoy preparada para hablar de ello?
No, por supuesto que no.
Esto no es lo mismo. Lo de Brit con Sean va a ser una historia de amor que te cagas, lo mío con Josh, un drama para llorar durante una semana.
—¡¿En serio?! ¿Os habéis liado?
Me dejo caer sobre la cama con las piernas y los brazos en cruz, como una estrella de mar. Tengo los airpods en las orejas y desde ahí escucho a Brit.
Se ríe.
—Qué va, solo ha sido un beso en la mejilla, pero te juro que… Dios, estábamos en el almacén de Educación Física, me dijo que quería hablar conmigo y…, Ana, todavía siento mariposas en el estómago. ¡Luego vendrá a recogerme para llevarme al gym en moto!
Muerdo mi labio inferior y posteriormente sonrío.
Brit se lo merece, y solo le pido al universo que ese chico sepa valorar la pedazo de mujer que es mi mejor amiga, porque ya ha sufrido mucho y tiene bastante con aguantar al cabrón de Derek.
—Uau, menudo caballero.
—Bueno, no quiero hacerme ilusiones, pero ya sabes que él… me gusta.
Asiento.
—Siempre te ha gustado, desde que entraste en Hallow, nadie se creía ese profundo odio —me río, recordando todos los insultos que le ha dedicado durante este tiempo.
—Oye, Brit, creo que Josh me gusta un poco.
—¡Claro que te gusta! ¡Y tú también le gustas a él! ¿Cuál es el problema?
Mierda, ¿por qué todo el mundo lo ve tan fácil y para mí es tan difícil?
—Porque él es atractivo y yo…
—Ana, eres una chica increíble, no sé que hacer para que creas en ti de una vez.
Me trago el nudo que tengo en el pecho y acaba de subir hasta mi garganta. El motivo por el que no busco más apoyo en Brit es porque nada de lo que me diga servirá. Nunca voy a sentirme segura conmigo misma.
—Yo solo quiero ser como tú.
Un hipido se me escapa de forma involuntaria y ella gime al otro lado.
—No digas eso ni de broma. Si fueses como yo, Josh no se fijaría en ti, porque a él, le gusta la chica preciosa que eres en este momento.
Sonrío y asiento, sin sentir el mínimo alivio.
—Ana, tienes que cambiar la forma en que te ves, porque no es la correcta. ¡Eres una muñeca!
Alguien toca a la puerta de su habitación y me dice que tiene que colgar, que en unos minutos me llama. Yo pongo mala cara porque odio que esa familia del infierno no deje de joderla ni un instante.
La llamada termina y suspiro.
Quiero hablar con él. Con Josh. Agradecerle lo que ha hecho por mí esta mañana y disculparme por ser tan santurrona. Lo cierto es que ni siquiera sé si debo pedir perdón por ser como soy. Al mismo tiempo, me digo a mí misma que quizá ya esté con esa tal Paula y ni se acuerde de mí.
Fue a ti a quien llevó al cine y no a ella.
Ese pensamiento despierta una chispa de ilusión en mi interior, y no me gusta, porque me da pánico llevarme otro batacazo como cuando era una niña. Por Dios, esos niñatos todavía se siguen riendo de mí.
No sé ni cuánto tiempo me paso sumida en mis pensamientos, pero tengo la sensación de que los minutos vuelan y el atardecer va cayendo. Y yo sigo ahí, tirada en la cama, intentando asimilar lo que ha sucedido esta mañana.
Mi móvil suena sobre la cama y es como si un rayo me alcanzase de repente, porque tengo la esperanza de que sea él.
Pero no, es un mensaje de Brit, diciéndome que está castigada y no podrá ir al gimnasio.
Toda motivación desaparece de mi cuerpo, lo único que quiero es ponerme el pijama y acurrucarme debajo de la manta para lamentarme por tener un síndrome de ovario poliquístico que me dificulta tantísimo alcanzar la figura que deseo.
Entonces, recuerdo las palabras de mi madre hablando sobre la hija de la vecina.
Estoy cansada de que todas consigan adelgazar y lograr su mejor versión, menos yo. Sé que nunca podré ser tan delgada como otras chicas, pero metida en la cama no lograré nada.
No se trata de ser como ellas, se trata de cuidarme, de quererme y de hacer algo por mí misma.
—Qué demonios —rujo, dándole una patada a la manta para apartarla de mí.
Ahora mismo, estoy dispuesta a ponerme las mallas e ir a ese estúpido gimnasio para sudar y darlo todo.
Quiero conseguir gustarme por una vez en mi vida.