CAPÍTULO 14
JOSH
El humo sale de mi boca, perdiendo la forma conforme sube hacia el cielo.
Hemos dejado el coche a un lado y nos hemos alejado de todo y de todos, fuera de una realidad que no deja de hacernos daño. Por algún motivo, parece que le debemos algo a la vida y que nos lo quiere cobrar caro.
—Cada vez me cuesta más ser positivo —musito, pensando que no tiene sentido que a tíos como Stephan todo les salga bien y a nosotros no paren de follarnos el puto culo.
Estamos sentados sobre un banco, viendo unos patos graznar mientras chapotean en el agua. Ahora mismo, me gustaría ser uno de esos patos, no tendría que preocuparme por tantas cosas y mi vida sería simple y corta.
Giro el cuello hacia un lado y me centro en mi mejor amigo con la cara rota. Todavía tiene restos de sangre en el labio y en la ceja, además del rostro un poco desfigurado por la hinchazón. Sus ojos azules también están fijos en los patos y me apuesto los dos huevos a que piensa en lo mismo.
Tiene que estar muy harto, su madre con cáncer y su padre muerto. No por una enfermedad, sino asesinado.
Este tío no le ha hecho daño a nadie, y siento una impotencia que me rompe en pedazos.
Me gustaría hablar con quien sea que maneja el puto mundo y decirle que dejase vivir a su madre y me diese ese cáncer a mí.
Creo que, en parte, me alegraría la noticia de saber que tengo una enfermedad terminal si es para que Mary se salve.
—No es cosa de ser positivos, es cosa de ser pobres —replica mi colega—. Si mi madre no hubiese tenido tan mala vida, seguro que no habría fumado ni bebido tanto y ahora no tendría esa enfermedad. Y mi padre pues… nunca se hubiese metido en líos para dejarnos algo, supongo.
Quiero decirle que yo no soy pobre y que mi vida es una desgracia.
Sean tiene una familia que le adora, su madre y su hermana le ven como a un superhéroe; en cambio, yo soy el niño que nunca encajó con lo que esperaban.
Sé que mi madre me quiere, pero que me hubiese preferido de otra forma, que defenderme le cuesta peleas con mi padre y que gran parte de su infelicidad se debe a mí.
Si fuese como Derek, o cualquiera de esos niñatos pijos, ellos estarían mucho mejor.
Ojalá me hubiesen dado hermanos, para que ellos llenasen ese vacío que arrastran desde que yo llegué a sus vidas y así no sentirme tan culpable.
Me estoy deprimiendo otra vez, no puedo más. Quiero cambiar de tema.
—La pija se veía preocupada por ti —aseguro, pensando que quizá le anime un poco saberlo.
Él da otra calada, los patos se largan, sin darse cuenta de lo mucho que necesitamos seguir mirándolos para distraernos y, con voz desanimada, comenta:
—Me la pela.
Poético.
Una sonrisilla tonta se me dibuja en la cara mientras me cruzo de brazos. Sé que no está de humor y por eso habla así, pero está clarísimo que no se la pela, porque en cuanto la he nombrado, ha mirado rápidamente el móvil.
Yo hago lo mismo, por algún extraño motivo, tengo ganas de hablar con la prima de Charlie. Ha sido la primera vez que una tía me daba calabazas y, justamente, es la más guapa de todas. Tengo que conseguirla. Como sea.
—¿Tienes hambre? —pregunto, y Sean se encoge de hombros.
Sí, sí que tiene hambre.
—Vamos a pillarnos unos fish and chips . Si nos expulsan, que sea con el estómago lleno.
Él resopla, se levanta y me sigue.
—¿Sabes una cosa, Josh? —berrea tras mi espalda—. Quizá no seas el hijo ejemplar, pero hacer de hermano se te da de la hostia —replica, adivinando mis pensamientos y echándome un brazo por encima—. Gracias por no dejarme solo, tío.
Quiero decir algo, sin embargo, las palabras se me atragantan un poco. Nunca he tenido a nadie en mi familia que me diga eres bueno en esto o en aquello. Pero Sean siempre tiene alguna buena palabra hacia mí. Él consigue que vea un lado que casi siempre olvido que existe.
—¿Soy un buen hermano? ¿Crees que algún día conseguiré que Lucy me quiera más que a ti?
Me mira con cara de asesino y sé que mi ruso cabrón está volviendo.
—Oye —prosigo—, esa herida en la ceja te dejará cicatriz, ¿eh? Te da un puntillo sexi, creo que se me está poniendo un poco dura.
—Josh, para. Vamos a comer el maldito fish and chips sin hablar de tu polla, ¿mmm?
—Mi polla es maravillosa —aclaro antes de abandonar el tema—. Me gustaría que la vieras algún día para ver qué opinas. Por supuesto, también te dejaré tocarla.
Me llevo un puñetazo en el hombro que ni me duele e incluso me hace feliz.
Lo que pasó ayer con esas dos chicas, todavía me hostiga. Necesito volver a acostarme con alguna para reafirmar que todo va bien. No voy a convertirme en un mierda impotente, ya tengo bastante con ser la decepción de los Halimton.