Josh (Límites Prohibidos 3) CAPÍTULO 13
19%

CAPÍTULO 13

ANASTASIA

—¿Hoy no comes? —pregunta Brit, cuando ella tampoco está comiendo.

Tiene los ojos más apagados que yo incluso. Ha tenido que ser Naomi, estoy segura, y juro por Dios que soy capaz de escaquearme para presentarme allí y arrastrarla de los pelos.

Defenderme a mí misma me cuesta, porque una parte en mi interior siente que merezco ese bullying por no ser como las demás. Sin embargo, cuando se trata de la chica que más quiero en el mundo, no me importa sacar toda la mala leche que heredé de mi abuela materna.

Solo diré que sigue viva con noventa y tres años y que tiene a todos los asistentes de la residencia acojonados.

—No tengo apetito —miento a medias, pues se me ha cerrado el estómago a causa de la preocupación, pero sigo echando de menos mi túper de pasta. Jo, tenía tan buena pinta…—. ¿Y tú? Tampoco te veo comer, ¿qué ha pasado?

Da un largo suspiro, subiendo y bajando los hombros.

—Me vas a matar, pero estoy así por Sean.

Mi código moral es «prohibido sufrir por chicos».

No obstante, sé que Brittany lleva tres años colada por él. No había día en el que no hablase del ruso —para insultarle o resaltar lo grosero que era—, siempre tenía a ese tío en la boca.

Recuerdo que anoche pasaron cosas y que teníamos una conversación pendiente. El pecho se me encoge solo de pensar que ese cabrón le haya quitado la virginidad y hoy se atreva a pasar de ella. Otro al que estoy dispuesta a pegarle.

—Desembucha —insto, sacando un caramelo del bolsillo de mi chaqueta. Ni sabía que estaba ahí. En ocasiones, tengo buena suerte.

—Anoche no pasó nada, ni un miserable beso, es solo que… —Mis hombros se relajan al instante y recupero la respiración normal—. Fue muy bueno conmigo, me llevó a casa y se comportó demasiado bien.

—¿Demasiado bien? —Arqueo una de mis cejas.

—Demasiado bien para ser él.

Ah, ya entiendo.

—Al principio pensé que solo quería dejarme en casa para librarse de mí, ya que le «encasquetaron» la responsabilidad de traerme de vuelta; sin embargo, me escribió en cuanto llegó a su habitación. No regresó a la fiesta y eso me hizo albergar falsas ilusiones.

Aprieto los labios, hasta ahora no veo nada malo, así que me espero la sorpresa a continuación.

—Hoy no me habla —asegura, y mis mejillas se encienden de rabia—.

Pero creo que es porque tiene algún problema y está de mal humor, se ha peleado con el director de Hallow, ha salido lleno de moretones y sangre y Josh se lo ha llevado en su coche.

—En el momento en que escucho el nombre de ese indeseable acosador, mis mejillas cobran el doble de rubor y la respiración se me corta—.

Siento que le ha pasado algo malo, Ana. Malo de verdad.

Mierda.

La campana vuelve a sonar, el tiempo de la comida se ha pasado volando, maldita sea.

—Oye, no estés mal. Sea lo que sea se solucionará, ¿quieres venirte luego a casa?

Ella asiente, en Hallow también suena el timbre del fin del almuerzo.

—Luego hablamos, te quiero —se despide, y yo sacudo la mano en la pantalla hasta que la llamada se corta.

Me pongo rápidamente de pie, tirando el envoltorio del caramelo a una papelera. Solo queda la mitad del día y ya no tendré que preocuparme más por esta gente hasta mañana, pues hoy es lunes.

Uf, qué pereza. Creo que el instituto está siendo la peor etapa de mi vida.

No veo la hora de salir de aquí y ponerme a trabajar, aunque mi padre jura que los compañeros de trabajo son cien veces peor que los de clase.

No sé yo. Quizá sí, pero al menos ganas dinero.

¿Qué gano yo aquí? Nada. Ninguna de las asignaturas que me enseñan me sirven para ser esteticista, pero, bueno, mis padres erre que erre con que termine los estudios. En fin.

Lo que Brit me ha contado me ha dejado dándole vueltas a la cabeza. No tiene sentido que un alumno salga lleno de moretones y sangre del despacho del director. Quizá deba escribirle a ese demonio con pecas. O quizá no. Ay, me estoy volviendo loca.