CAPÍTULO 12
JOSH
Unos minutos antes
El tiempo sigue pasando y la silla de mi colega continúa vacía. La incertidumbre me mata tanto que no dejo de moverme como si me picase el culo.
Cada vez que me remuevo sobre el asiento, la profesora de Matemáticas alza las pestañas hacia mí y chasquea la lengua.
¿De qué demonios tenían que hablar tanto Sean y su tío Vladimir?
Alguien abre la puerta de la clase de forma brusca, sin pedir permiso para entrar ni nada. Asoma su cabeza y grita:
—¡El ruso se está dando de hostias con el director!
En cuanto escucho aquello, cojo mis cosas y salgo catapultado hacia el pasillo, pasándole por encima a toda la gente que ha dejado las clases a medias para enterarse de la movida.
Vladimir no es un mal tío, aunque Sean paga con él las frustraciones hacia su padre. Yo no le juzgo, porque sé lo que es vivir lleno de resentimiento.
—¡Apartad! ¡Joder! ¡Quitaos de en medio! —No me contengo lo más mínimo en repartir codazos, collejas y empujones. Necesito encontrar a Sean cuanto antes.
La campana del almuerzo empieza a sonar, veo a Derek reírse y decirles a sus colegas que por fin lo expulsarán. Brit está cerca, pero no con él, sino sola.
Intenta buscar mi mirada para decirme algo y la ignoro. Ahora no es el momento.
Cuando por fin le veo, saliendo hacia el exterior del edificio, solo tengo que dar dos empujones más y mi brazo se desliza sobre sus hombros, acercándole lo máximo posible a mí para alejarle de ese bucle en el que está metido.
—Ya está, colega, ya estoy aquí; sea lo que sea, lo arreglaremos.
Él se engancha a mi espalda, asintiendo, sin ofrecer resistencia. Está lleno de sangre y con el maldito uniforme destrozado.
Mierda, joder.
—Vamos a mi coche —hablo de forma rápida y nerviosa, porque me cuesta entender qué diablos ha pasado—. Nos saltamos las clases y fumamos hasta que no sepamos si lo que tenemos delante es la polla o el culo, ¿vale, tío?
Asiente de nuevo, gruñe y suelta un escueto:
—Vale.
—De puta madre, colega, todo está bien. Estás conmigo, nada va a hacer que te derrumbes porque yo no te pienso soltar, Kiev, tenlo por seguro.
Me da igual si me expulsan de Hallow por esto, si mi padre se cabrea y me echa de casa, si me dejan de pagar los estudios. Me importa una mierda cuando se trata de Sean porque, cuando yo estaba hundido en la miseria, él fue el único que se detuvo a sacarme.
Abro el coche, agradeciendo haber venido con él y no en la moto. Joder, si es verdad que no hay mal que por bien no venga.
Le dejo caer en la parte trasera, me subo sin ponerme siquiera el cinturón y arranco a toda prisa para que estos cabrones dejen de mirarnos como si fuésemos monos de feria. Que les follen. ¿No tienen sus propios problemas que resolver o qué?
Nunca en mi vida, he visto a Sean de esta forma. Es la primera vez que le veo llorar así y no solo eso, gritar de impotencia, llegando incluso a golpearse a sí mismo.
Mientras conduzco con una mano, echo la otra atrás, agarrándole el puño con el que se da hostias a sí mismo. No lo permitiré, no dejaré que se haga más daño.
—Se arreglará, Sean, se arreglará. Joder, tranquilo —repito una y otra vez, como un puñetero loro. Sigo sin entender qué es lo que sucede.
—Lo han matado, Josh, se lo han cargado —logra decir, entre lamentos de dolor y tristeza.
—¿Qué dices? ¿A quién? ¿A quién han matado?
—A mi padre —murmura, dejando que dos gotas enormes le resbalen por las mejillas—. No nos abandonó, estaba en la cárcel y se lo han cargado.
Algo dentro de mí se rompe. He sido testigo de la esperanza de este niño en que su padre viniese algún día a salvarlos a él y a su familia.
También de cómo esa esperanza se convertía en un profundo rencor.
Y ahora, tengo que ver cómo la vida vuelve a golpearle de nuevo, como si no tuviese bastante.
Mi madre siempre habla de Allah , pero en estos momentos dudo que exista.
Clavo el pie en el freno, deteniéndome en medio del arcén. Bajo lo más rápido posible y me subo a su lado, colocándole una camiseta sobre la ceja y el labio para detener la sangre y le abrazo.
Sean no lo sabe, pero ahora mismo yo también estoy pasando uno de los peores momentos de mi vida. Sé que aparentemente todo va bien, sin embargo, las heridas del pasado siguen sangrando y siento que ya casi no me queda nada en las venas.
No soporto seguir viendo sufrir a las personas que me importan, y la desesperación de no poder hacer nada por ellos me consume.
—Eres el tío más fuerte que conozco, puto ruso de mierda. —Tengo la voz rota, porque es como me siento: destrozado—. Y pasar por esto hará que lo seas aún más, va a llegar el momento en el que serás indestructible.
—No quiero ser indestructible, Josh, quiero ser una persona normal.
Si Sean fuese normal, no estaríamos aquí. Ninguno de los dos. Lo tengo claro.
—Lo siento, colega, pero solo los mediocres podemos ser normales, tú eres más grande y especial que eso.