CAPÍTULO 5
ANASTASIA
Llevo toda la noche pensando en una cara malvada con una sonrisa dulce acompañada de unos hoyuelos y pecas. Muchas pecas.
Sé lo que está haciendo todo el mundo, irse a las habitaciones de arriba y, si miro hacia atrás y no le veo ahí, se me joderá la noche.
Se supone que nunca me fijo en chicos más de lo normal. Para mí, está prohibido hacerme ilusiones o ponerme celosa. Ellos son imposibles, y ya.
Pero hoy algo es distinto, supongo que recibir atención masculina por primera vez, sin tener que sonreír viendo como las demás se llevan toda la validación mientras yo las miro desde una esquina, ha tenido algo que ver.
Cuando tenía entre quince y dieciséis años, me hacía la feliz la idea de perder peso y poder ser como las demás chicas. Ahora, después haberlo intentado todo, he optado por aceptarme y entender que algunas cosas no son para mí.
Por supuesto, sé que algún día tendré pareja, pero no creo que llegue el adecuado hasta que sea más adulta y pueda conocer a alguien que no se deje llevar por las hormonas, los amigos y el qué dirán.
Brit parece estar sumergida en sus pensamientos mientras baila de muerte, como siempre hace. Entonces, me mira y se ríe. ¿Por qué?
Antes de que pueda reaccionar y mirar detrás de mí, siento unas manos venosas de dedos largos que se adhieren a cada lado de mi cintura. Pego un grito y descubro a ese terrible pecoso moviendo sus caderas tras mi espalda.
El estómago se me llena de mariposas al instante, las mejillas me arden y mi bajo vientre se calienta de una manera que nunca he sentido, ni siquiera viendo a los guaperas de mi instituto entrenar sin camiseta.
Sin embargo, soy tan mojigata, idiota e inexperta en el arte de seducir, que mi primer instinto es gritar y huir.
—¡Cariño! ¡Cuando lo hacemos en casa no te pones así!
Nada, que este chaval ni llevándose un zasca deja de hacer sus típicas bromitas.
Sus ojazos color miel se detienen a examinarme lentamente, parando en cada parte de mi cuerpo, deteniéndose sobre todo en aquellas que más me avergüenzan.
Necesito que deje de mirarme porque me siento terriblemente insegura siendo evaluada por alguien como él.
Algunas miradas se posan en nosotros y recuerdo muy bien lo que sucedió la última vez que me fijé en un chico guapo y se enteraron los demás.
Fui objeto de burlas por años. No puedo permitir que suceda otra vez.
No pienso volver a pasar por algo así. Nunca.
No confío en este tipo de tíos y nada ni nadie me hará cambiar de opinión.
—Pero ¿qué dices? ¡Pirado!
Antes de que me humille él a mí, estoy dispuesta a humillarle yo a él. Como tantas veces hicieron conmigo.
Josh hace con la cara un gesto de «¿me estás desafiando, niñata?», se remanga las mangas de la sudadera por unos brazos excesivamente tatuados y viene a por mí.
Definitivamente, si mi madre me viese hablar con un chico lleno de tanta tinta y piercings , estaría castigada para la eternidad, así que lo mejor que puedo hacer es correr.
Me mezclo entre la multitud, abandonando a mi mejor amiga, que la muy traidora no ha dejado de reírse de mí. Y busco a mi primo Charlie para decirle cualquier tontería y que así este loco se aleje. Sin embargo, cuando me doy cuenta, estamos jugando a una especie de «pilla pilla» por toda la fiesta.
Le tengo en frente y no sé de dónde coño ha salido.
—¿No te cansas? —inquiero, mostrando a una chica borde que nada tiene que ver con mi verdadero yo. Por debajo de los pantalones largos y negros, me tiemblan las rodillas como una ardilla asustada.
—¿Cansado? Cariño, si me das la oportunidad, te enseñaré el aguante que tengo. —Da un sorbo a su bebida y me ofrece un trago. No quiero intercambiar fluidos con él.
—Estoy bien —respondo, siguiéndole un poquito el ritmo del baile para no parecer una pirada total, él se acerca algo más y mi calor interno aumenta diez grados de golpe. Creo que me voy a desmayar.
—¿Solo bien? Estás que te cagas.
Los nervios me hacen reír sin poder evitarlo. Recuerdo que he abandonado a mi mejor amiga. Joder, soy la peor persona del mundo. La busco con la mirada, abriendo los ojos de forma exagerada al encontrarla subiendo a las habitaciones. ¡¿Está loca?! ¡No, no, no! Tengo que impedir esto.
Josh me agarra del codo y me hace caer sobre su pecho, aprisionándome entre sus brazos. Agacha la cabeza para apoyar su frente sobre la mía y siento como si, en vez de estar bailando pegada a un chico —el más guapo que he visto en mi vida—, estuviese teniendo una sesión de sexo brutal y agresiva.
Soy patética, lo sé.
—Deja disfrutar a tu amiga —susurra en mi oído, con sus manos acariciando mi espalda. Toda la piel se me pone de gallina y la sensación es vertiginosa—. Está en buenas manos con Sean, y tú lo estás conmigo.
Así que está con ese chico que le gusta. Bueno, eso me tranquiliza.
Sin embargo, a mí se me atropellan las palabras porque no sé ni qué decir. Supongo que esto es normal para alguien como Josh Halimton, pero ¿cómo le explico que es la primera vez que bailo con un chico y este me toca la cintura?
—Eh…, esto… —Me siento torpe, inexperta, y tanto Mara como Lydia me miran fijamente, comentando por lo bajo sin parar de reírse.
—¿Estás bien? —Él nota mi incomodidad y me ofrece unos minutos de alivio, dando un paso hacia atrás para que corra el aire y volviendo a beber. Me examina con cierta altanería, como si acabase de ponerse un poco a la defensiva.
—Sí…, quiero decir, eh…, me duele la barriga.
Mierda, ¿en serio? ¿Esa es la mejor mentira que se me ha ocurrido?
La expresión de ángel oscuro que tiene ese niñato se vuelve ácida. Una de sus cejas se curva con incredulidad.
—Ya —suelta sin más—. Puedes decirme que no te gusto sin problemas, no hay drama.
—Otro sorbo y otro paso hacia atrás. No, por favor, no te vayas —.
Una cosa es que me guste hacer el payaso, pero no soy un baboso.
—Lo está malentendiendo todo, ¿y lo peor?
, no soy capaz de explicarme, ni siquiera puedo mirarle a la cara—. Bueno, nos vemos, tía, cuídate.
Y ya está.
Se da la vuelta y se va a donde están el resto de sus amigos, hace un movimiento de caderas mientras abre los brazos y dos chicas se cuelgan cada una a un lado.
Besa primero a una en la boca, luego a la otra y, después de que estas le susurren algo al oído, se van los tres hacia las escaleras para subir arriba.
Sé que es ridículo sentirme de esta manera por alguien a quien acabo de conocer, pero… todo mi interior tiembla por dentro y los ojos se me llenan de lágrimas al instante.
Mi primo Charlie está demasiado borracho para llevarme a casa y no pienso joderle la noche a Brit, así que decido llamar a un taxi y regresar. Prefiero eso a volver a sentarme sola en un rincón y seguir siendo esa chica que solo puede mirar cómo los demás se divierten.