Josh (Límites Prohibidos 3) CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

JOSH

Tanta música techno empieza a hacer que me duela la cabeza. Le hago un gesto a Charlie para que cambie un poquito el rollo. Que sí, que todos estamos felices y contentos por que haya llegado vivo a los dieciocho, pero tampoco es plan de que me asesinen las pocas neuronas que tengo.

El ambiente se vuelve un poco más chill y lo agradezco como un oasis en el desierto.

Las parejitas, y lo que no son parejitas, se van arriba a las habitaciones para follar. Espero que lo dejen todo bien limpio, porque esta nave es de mis padres y como me encuentre un condón por ahí, voy a empezar a cortar cabezas.

—Que sepas que toda la mierda que dejen, la limpias tú —le advierto a Charlie, pues para eso es su puto cumpleaños.

¡Sorpresa!

Él se ríe, encendiéndose el porro que lleva un rato liándose. Me da TOC que le quede más doblado que las curvas para ir a Hallow.

—Tranqui, tío, para eso me he traído a mi prima.

Las aletas de la nariz se me ensanchan y vuelvo a mirarla. Joder, me había olvidado de ella. No porque me interese poco, sino porque soy corto de memoria.

—Ni hablar, lo limpias tú con quien quieras, pero a ella la dejas en paz.

—Tío, cualquiera diría que te has enamorado. —Me lanza un hielo y lo esquivo, agarrándome los huevos para que me los coma si quiere.

Aunque preferiría que lo hiciera ella.

Nunca me ha chupado la polla una tía con una cara tan guapa.

¿Le gustará el piercing que tengo ahí? ¿Será de las que se ponen a jugar con la lengua?

Mmm…

—Deja ya de follarte a mi prima en tu mente, cabronazo. —Ahora sí que consigue golpearme con otro cubito de hielo, justo en la frente.

Acaba de joder mi fantasía erótica. Se acabó. Lo mato.

Sean apenas se ríe, cuando estas cosas suelen hacerle gracia. Simplemente sigue ahí sentado, mirando a esa rubia con vestido blanco que baila como si estuviese sola en su habitación.

Me aburro, así que hago lo mismo y saco mis dotes bailongas, haciendo mi movimiento de caderas maravilloso.

—Tío, deja de menear el rabo en mi cara —se queja Charlie.

—Es meneártelo a ti o a tu prima, tú eliges.

Normalmente, Josh Halimton ahora mismo estaría en una cama con al menos dos chicas. Pero hoy tengo a la prima de este zoquete entre ceja y ceja, y no me apetecen otras.

Unas niñas muy monas se acercan, preguntándonos si queremos bailar con ellas. Me acerco para ser educado y ofrecerles algo de beber, ya que mis colegas son unos siesos amargados de la vida y no se molestan ni en decir hola.

—Lo siento mucho, chicas, es que estamos de duelo, por eso tenemos estas caras —explico.

—¿En serio? ¿Ha muerto alguien? —La más morenita de todas se lleva una mano al pecho, preocupada.

Anastasia me mira y, en cuanto me fijo en ella, se da la vuelta y pasa de mí.

—Sí, la heterosexualidad de estos tíos que tengo atrás.

Ellas se ríen y se largan, cuando me doy la vuelta, la cabeza de Charlie echa humo y Sean… Sean sigue siendo Sean. Se la suda todo.

Aburrido, me dejo caer sobre la silla. Ser el alma de la fiesta e intentar tirar siempre del carro cansa. Mucho.

—¿Sabes quién la ha traído? —Le golpeo el hombro a mi colega. Ya que esta noche solo existe Brittany Saphire, pues hablaremos de ella. Yo me adapto a todo. Be water, my friend —. ¿Y sabes quién la va a llevar de vuelta?

Hace un ruido con la boca que me cuesta diferenciar si es una risa amargada o un gruñido feliz.

—Ni de coña.

Ya empezamos.

—¿Por qué? Colega, te lo estoy poniendo en bandeja para que tengas un rato a solas con ella. De hecho, no sé por qué no te la llevas ya a una habitación.

Mierda, ahora parece más enfadado.

—Que no, tío. Que no es para mí, joder.

—Ni para ti ni para nadie, ¿no? —Hago un movimiento de cejas sensual que sé que le pone de los nervios—. Sean, parecías un basilisco, se te fue la pinza.

—No lo entiendo, Josh. —Deja su vodka con Redbull a un lado—. He estado tres años con ella en Hallow y nunca me ha gustado. Y ahora, de repente, me vuelvo loco de un día para otro.

Respiro con profundidad, rascándome la nuca.

¿Qué hago? ¿Le digo lo que pienso o me lo callo?

Bah, apostemos fuerte.

—Yo creo que siempre te ha gustado, Sean.

Él sigue debatiendo y debatiendo y yo me mantengo en mi postura, sin renunciar. Finalmente, con total desesperación, me mira y pregunta:

—¿Qué hago, Josh?

—Ya te lo he dicho, llévatela arriba y fóllatela, lo peor que puede pasar es que le guste y te vaya persiguiendo por todas partes. Ya sabes cómo son estas tías, se cuelan en seguida.

—¿A qué te refieres con estas tías?

—Vírgenes, las que se cuidan hasta casi la mayoría de edad es porque se guardan para alguien especial. Si lo hacéis, creerá que eres ese alguien y no se despegará de tu culo.

Charlie se da cuenta de que hablamos de Brittany y se involucra en la conversación.

Cuando Sean descubre que estuvieron yendo juntos al mismo instituto, empieza un interrogatorio que, a mí, ni me va ni me viene.

Y mira que me gustan los chismes, pero ahora mismo, es casi la una de la madrugada y todavía no me he liado con ninguna y mis hormonas lo saben.

Quieren cazar una presa, y la quieren ya.

Charlie se levanta, volviendo a captar mi atención.

—Voy a ver si mojo, deberíais hacer lo mismo —sugiere, y sí, estoy de acuerdo.

Me pongo en pie, dispuesto a buscar ese amor que solo durará esta noche, pero mi colega me agarra del brazo, tirando de mí.

—¿Dónde crees que vas?

—Solo le voy a preguntar si quiere bailar —señalo con la barbilla hacia la prima de Charlie.

Los ojos de Sean se oscurecen, como si no le hiciese ni pizca de gracia.

—Si baila contigo, dejará de bailar con Brit.

De verdad, estos rusos se ahogan en un vaso de agua.

—Pues baila tú con Brit —respondo con total obviedad—. ¡Bum! ¡Acabo de solucionarte la vida!