CAPÍTULO 3
ANASTASIA
Estoy confusa, mucho. Muchísimo, de hecho.
Se suponía que en cuanto ese loco conociese a Brit, se olvidaría de mí, pero, no, ha vuelto a hacerlo.
¿Qué significa esto?
¿Será que… será que le gusto a un chico por primera vez?
Ay, no. No puede ser.
—Tía, es muy guapo —me anima Brit, y me pongo más roja todavía, pegando un largo sorbo al gintonic que aún tengo en la mano.
—Sí, pero solo se comporta así porque está drogado, es imposible que… —Me señalo a mí misma—. Ya sabes, las chicas como yo no ligan en las fiestas.
—Lo que querías decir es que las chicas con pechos perfectos, curvas preciosas y caras divinas como tú no ligan, ¿no?
Ladeo la cabeza, suspirando, porque ya hemos tenido esta conversación un millón de veces y le agradezco los ánimos, pero no la creo.
Brit sigue hablando, erre que erre con lo mismo.
—Pues yo pienso que no va para nada drogado y que le pones, cuando un chico hace el payaso con una chica es claramente porque le gusta.
—Josh siempre hace el payaso —comenta Lydia, la rubia guapísima de mi instituto.
—Además, se las folla a todas. Las usa y no repite, ni tampoco se echa novia —añade Mara, su fotocopia.
Al escuchar eso, el corazón se me agarrota como si me lo apretujasen desde dentro.
Levanto la vista y le veo bailar con una sonrisa tontorrona plasmada en la cara, como si derrochar felicidad fuese su estilo de vida.
Tiene la mirada un poco perdida en el humo de su cigarro y parece escuchar la música, pero diría que está mentalmente muy lejos de aquí.
Reconozco que me produce curiosidad.
—Bueno, con Paula ya van unas veinte veces…, dicen que la última fue hoy en el insti.
Así que hay una tal Paula en Hallow que conoce a estas dos tiparracas y, además, se folla a ese idiota al que no puedo dejar de mirar.
Se acabó.
Brit nota mi incomodidad y acaricia mi pierna por encima de los pantalones de pitillo negros que me he puesto hoy, combinados con una blusa del mismo tono y unos tacones dorados. Ella lleva un vestido blanco que le queda de infarto.
Acerca su boca a mi oído para cuchichear en voz baja.
Josh empieza a mirarnos y finjo que el encuentro de nuestras miradas ha sido pura casualidad.
—No les hagas caso, se ve claramente que están celosas, deben de llevar mucho aquí sentadas sin que ningún chico las invite a bailar. —Mientras la escucho, miro fijamente al suelo, haciendo un gesto de «no me importa»—. ¡Oye! ¿Y qué te regaló tu tía al final?
Cambiar de tema ayuda, inspiro profundamente e intento relajar los hombros, refugiándome en esa conversación para ignorar todo cuanto me rodea. Pero, de repente, un grito exagerado nos saca de nuestra burbuja.
—¡Tíaaaaaaa! —grita Lydia, palmeando las piernas de Mara con demasiada efusividad.
Las cuatro nos fijamos en el mismo punto, al igual que el resto de la multitud. El cuerpo de mi amiga entra en completa tensión y ahora es ella la que está de los nervios y necesita ayuda.
Sean Kiev, el terror de sus pesadillas, se abre paso entre el bullicio, vestido con un chándal negro y ancho, pero que, al igual que Josh, deja claro que entrena duro y está bastante fuerte.
Va directo hacia el imbécil que me tiene girando como una noria y ambos chocan el puño, parece feliz de verle.
Se abrazan, dan palmaditas en la espalda y luego, con total descaro, señala hacia aquí.
Sean se fija en Brit y ella me clava las uñas en el brazo.
Su nuez se mueve al tragar saliva hasta que ella rompe el contacto visual con él.
—¿Me sigue mirando? Avísame cuando deje de hacerlo.
Le observo y algo se remueve en mi interior solamente de imaginar que un tío me mirase de esa misma forma a mí. Joder, es como ver una película x.
—No te está mirando, te está follando con la mirada, que no es lo mismo.
Ella jadea, muerta de la desesperación.
—Oh, mierda, Brit. Parece que algo no pinta bien.
—¿El qué? ¿Qué pasa?
—Josh le está diciendo algo, señalando hacia un chico. Sean se ha crujido los nudillos y ahora… ahora…
Viene directo hacia aquí, de tres largas zancadas.
—¿Ahora qué?
—Lo tienes detrás. ¡Holi! —Sacudo la mano en el aire mientras Brit aprieta los párpados, murmurando algo en voz tan baja que no la entiendo.
Finalmente, ella se gira y él se acerca a su oído con una postura bastante amenazante. Ambos empiezan a discutir y lo siguiente que veo es a Josh señalando hacia el mismo chico del que hablaban antes y, el demonio que se ha encaprichado del alma de mi mejor amiga va directo a por él.
Brit, que es la irresponsable de la relación —relación de amistad entre ella y yo—, se va corriendo detrás de él y, mientras maldigo, no me queda otra que levantar el culo y seguirla.
Estúpida rubia suicida, se supone que teníamos que quedarnos aquí, sanas y salvas.
La cosa se pone fea, formándose un muro de cuerpos que rodean la escena. A pesar de llevar tacones no consigo ver nada. Mierda, que mi amiga está ahí, tengo que estar cerca por si me necesita.
Intento abrirme paso, por las buenas y por las malas. Nada, es inútil.
Después de unos minutos de insistencia, la gente vuelve a lo suyo y Brit regresa conmigo con una expresión totalmente abatida. Quiero preguntarle qué diablos ha pasado, pero mi intuición me dice que es mejor cerrar el pico.