Capítulo 39
E l general de policía Paween Thawornsiri fulminó con la mirada al guardia de seguridad que estaba en posición de firmes delante de él.
—¿Qué quiere decir con que no la vio salir?
El hombre no dijo nada, se limitó a mirar fijamente un punto justo por encima del hombro izquierdo del general.
—¿Y estaba de servicio anoche?
El guardia asintió, con la mirada todavía desviada.
—¿Qué clase de seguridad es usted? Debería darle vergüenza. —Se giró para mirar a Hassan, que estaba apoyado en el marco de la puerta de la garita. Cambió al inglés—. No sabe nada. No la ha visto salir.
—Joder —maldijo Hassan—. ¿Y las cámaras?
—Haré que lo compruebe ahora mismo. —El general Paween se volvió hacia el guardia y le dio instrucciones en tailandés.
El hombre corrió al escritorio y se sentó, tecleando órdenes en el teclado. El general Paween y Hassan se movieron para poder ver mejor la pantalla.
—¿A qué hora saliste del apartamento ayer? —le preguntó Paween a Hassan.
—Sobre las cuatro.
—Rebobine hasta las cuatro de la tarde de ayer —le ordenó Paween al guardia—. Empezaremos a mirar desde ahí.
— Kup —asintió el guardia y tecleó en el teclado.
Los tres hombres observaron cómo la pantalla cobraba vida y el reloj de la esquina cambiaba lentamente.
—Avance rápido, a este paso no acabamos nunca —ladró Paween.
El guardia aumentó la velocidad de la reproducción y observaron el mundano ir y venir de los residentes. De repente, Hassan gritó:
—Pare.
El guardia detuvo la reproducción y Hassan se inclinó hacia la pantalla, examinando a la pareja occidental que entraba en el edificio en compañía de una mujer tailandesa con traje de chaqueta. Frunció el ceño.
—¿Qué pasa? —preguntó Paween.
—No, nada. —Hassan negó con la cabeza y retrocedió—. Continúe.
El guardia siguió avanzando rápidamente.
—Pare. —Paween señaló la pantalla—. ¿Es ella?
Hassan se inclinó.
—Sí.
—Siga reproduciendo —le ordenó Paween al guardia.
Se quedaron mirando cómo Amira salía del ascensor y cruzaba el vestíbulo. Estaba sola. Abrió la puerta del vestíbulo, salió a la calle y giró a la derecha. Paween se irguió. Miró a Hassan, que fruncía el ceño ante la pantalla.
—Ha salido por su propio pie. No parece que haya tenido ayuda.
Hassan no dijo nada, solo asintió lentamente, todavía con la mirada fija en la pantalla.
—No llevaba maletas. Solo la ropa que vestía. No puede haber llegado lejos.
Hassan asintió, aún en silencio.
—¿Tienes una foto suya?
Hassan levantó la vista.
—No.
Paween reflexionó un momento, habló con el guardia en tailandés y luego volvió a mirar a Hassan.
—Le he dicho que haga una captura de pantalla de la cámara de seguridad. No es lo ideal, pero tendrá que servir. Voy a dar aviso a la policía local.
Hassan suspiró y volvió a mirar la pantalla, que seguía reproduciendo.
—Espere. —Se inclinó hacia la pantalla—. Párelo ahí.
Paween se acercó y escudriñó la imagen de un hombre occidental alto y en forma que cruzaba el vestíbulo. Parecía llevar una bolsa de plástico enrollada bajo el brazo.
—¿Quién es?
Hassan se quedó mirando la pantalla.
—Alguien a quien he visto antes.
—¿Vive aquí?
—No.
—¿Crees que hay alguna conexión?
—No lo creo. —Hassan negó con la cabeza lentamente—. Probablemente sea una coincidencia. —Retrocedió—. ¿Puede pedirle al guardia que haga una copia del vídeo? Quiero volver a echarle un vistazo con más calma.
Paween asintió y le dio las instrucciones al guardia.
—Déjamelo a mí. Haré que la policía local la busque, pero…
—Se encogió de hombros—. Podría estar en cualquier parte a estas alturas.
Bangkok es un lugar fácil para desaparecer.
De todos modos, sin dinero ni pasaporte, no tendrá mucho futuro.
Probablemente acabará haciendo trabajitos con la mano en salones de masaje.
—Le puso una mano en el hombro a Hassan—.
Si yo fuera tú, me olvidaría de ella. Hay muchas más de donde ha salido ella —sonrió—.
La semana que viene llega un nuevo cargamento. Podrás elegir la que quieras.