Capítulo 37
H assan bostezó y se desperezó, luego se frotó la cara.
Había vuelto a trasnochar y a beber demasiado, y tenía la boca seca.
Sentía el habitual dolor sordo en las sienes.
Necesitaba cafeína y algo de comer. Salió de la cama y se detuvo un instante mientras la sangre se le agolpaba en la cabeza, lo que le intensificó el martilleo en las sienes.
Cogió el batín de donde lo había tirado al suelo, se lo ciñó a la cintura y salió del dormitorio arrastrando los pies.
Estaba a punto de llamar a Amira cuando recordó que la había encerrado en su habitación.
Zorra estúpida, dibujando mapas de su casa por algún motivo.
Estaba tramando algo, pero no sabía el qué.
Ni siquiera después de la paliza de ayer había soltado prenda.
De todas formas, poco podía hacer desde aquí.
Entró en la cocina, se dirigió a la habitación de ella y se detuvo en seco.
La puerta estaba abierta. ¿Cómo? Imposible.
La había cerrado él mismo con llave desde fuera; por eso había instalado el cerrojo extra.
Se abalanzó sobre la puerta y la abrió de par en par.
La habitación estaba vacía. Miró el estante donde ella guardaba la ropa.
Vacío. Volvió a salir y examinó la puerta.
¿Cómo coño se había escapado? Solo se podía abrir desde fuera.
Fue hasta la encimera de la cocina y se apoyó en ella con ambas manos.
El martilleo en su cabeza era cada vez peor.
Cuando había vuelto a casa la noche anterior, la puerta de entrada estaba cerrada con llave, de eso estaba seguro.
Se le habían caído las llaves al suelo mientras entraba, después de haber estado rebuscándolas un rato.
Era imposible que ella saliera e imposible que alguien entrara.
Golpeó la encimera con el puño. ¿Cómo coño...
? ¡Zorra! No podía haber llegado lejos. La encontraría y se aseguraría de que no volviera a trabajar jamás.
No tenía pasaporte, ni amigos y apenas hablaba tailandés.
Sí, solo sería cuestión de tiempo que la policía la encontrara.
Se dio la vuelta, se apoyó de espaldas contra el armario de la cocina y se cruzó de brazos.
Tampoco tenía dinero... ¿Y si había robado algo para venderlo y conseguir dinero?
Fue al salón y miró a su alrededor; no parecía que faltara nada.
Entró en su dormitorio y luego en el vestidor.
Apartó las camisas y comprobó la caja fuerte empotrada en la pared.
Seguía cerrada. De todos modos, ella no podía saber la combinación.
Sacudió la cabeza. Seguía sin entender cómo se había escapado.
Salió, entró en el segundo dormitorio y echó un vistazo.
De nuevo, ninguna señal evidente de que faltara algo.
Abrió la puerta del siguiente dormitorio.
La habitación estaba más calurosa que las demás, y el ruido de la calle se oía con más claridad. ¡Joder!
Vio la ventana rota, los fragmentos de cristal y la maceta hecha añicos esparcidos por el suelo.
¿Qué coño estaba pasando? Cruzó la habitación, con cuidado de no pisar los cristales rotos, abrió la puerta corredera del balcón y salió.
Se asomó por la barandilla y miró hacia el suelo, muy abajo.
Se giró y miró hacia el tejado. Ni rastro de cuerdas o escaleras.
Alguien había entrado por la ventana pero, ¿cómo demonios lo había conseguido?
¿Quién era? ¿El puto Spiderman? ¿Y por qué coño se iba a molestar nadie por ella?
No era más que escoria de un barrio de chabolas.
La pequeña zorra. La encontraría y le rompería las putas piernas.
Volvió a su dormitorio, cogió el móvil e hizo una llamada.