John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 28
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Capítulo 28

—Thapa.

—Buenos días, John.

—¿Todo en orden?

—Sí, están a salvo. Asustadas, pero a salvo.

—Bien. Gracias, Thapa. Pronto volveré a ponerme en contacto.

John colgó y miró por la ventana. Todo iba según lo previsto. Esperemos que siguiera así. Marcó el número de Adriana.

—Hola, John, buenos días. —Solo oír su voz le provocó un escalofrío.

—Buenos días. Están a salvo.

—Oh, gracias a Dios. Gracias, John. Ahora podemos sacarla de ahí. ¿Cuándo deberíamos hacerlo?

John contempló la ciudad, sopesando mentalmente las opciones.

—Bueno, no tiene sentido esperar. Hagámoslo esta noche, cuando Hassan se vaya al restaurante.

—Vale. Le enviaré un mensaje a Amira. ¿A las ocho?

—Sí, me parece bien. Nos vemos esta noche.

—Sí, y gracias de nuevo, John. Tengo suerte de haber conocido a un hombre como tú.

John se sonrojó y no se le ocurrió una respuesta adecuada.

—No es nada. Nos vemos esta noche.

Mientras observaba la ciudad, se preguntó si ayudaría a la chica de no haber conocido a Adriana.

¿Estaba solo intentando parecer un buen tipo ante sus ojos?

Él no era bueno. Había hecho muchas cosas malas…

John apretó los puños… No. De ninguna manera podía quedarse de brazos cruzados y permitir que una joven estuviera atrapada en la esclavitud cuando él tenía la capacidad y los medios para hacer algo al respecto.

Adriana era solo un extra. Estaba haciendo lo correcto.

Se apartó de la ventana. Era hora de tomar un café, le esperaba un largo día.

El día pasó lentamente. John dedicó el tiempo a leer y pensar.

Sacar a Amira de las garras de Hassan era solo el principio.

De algún modo, tenía que conseguir que volviera a Bangladés sin documentación y sin alertar a la policía.

Estaba seguro de que había una manera. Sin embargo, a la larga, la situación de Amira no habría cambiado.

Su familia seguiría siendo pobre, la razón principal por la que se había marchado de casa.

Tenía que haber una solución a más largo plazo, pero para cuando su teléfono volvió a sonar a las cuatro de la tarde, John todavía no había pensado en nada.

Vio el nombre de Adriana en la pantalla y sonrió.

—Hola.

—John, Amira está en apuros, ¿qué hacemos? Hassan le ha pegado y la ha encerrado en su habitación.

—Espera, espera, más despacio. ¿Qué ha pasado?

—Me ha llamado Amira. Estaba sollozando.

Al parecer, Hassan encontró el mapa de la barriada que ella había dibujado para ti.

Quería saber para qué era y ella le dijo que echaba de menos su hogar, así que había dibujado su casa.

Él no la creyó. Le dio una paliza, la metió en su habitación y cerró la puerta con llave. No puede salir.

—Mierda. Vale, ¿dónde estás ahora?

—Estoy en casa. John, ¿qué hacemos? Tenemos que rescatarla. Parecía aterrorizada.

—Lo solucionaremos. Mándame tu dirección por mensaje, voy para allá.

John colgó la llamada y apretó los dientes.

Podía sentir la ira creciendo en su interior.

Odiaba a los matones y, más que nada, odiaba a los hombres que se aprovechaban de las mujeres.

Le trajo recuerdos de lo que le había pasado a Charlotte y le hizo hervir la sangre 1 .

Pudo sentir la bilis subirle por la garganta, y las manos le temblaban por la adrenalina.

Hassan le doblaba el tamaño a Amira. Ella era una joven asustada en el país de forma ilegal, que solo intentaba mantener a sus padres.

No dejaría que ese cabrón se saliera con la suya, por muy rico o conectado que estuviera.

1 Ver «Venganza» - John Hayes #1