Capítulo 15
J ohn apuró el contenido de su vaso y le hizo una seña a la camarera para que le trajera otro. Consultó su reloj. Todavía era temprano y el bar estaba tranquilo. John había elegido una mesa apartada en un rincón desde donde podía observar los jardines y la calle.
La última vez que había estado allí fue con Adriana, y lo había pasado realmente bien. Era una mujer encantadora, y ahora contaba los días que faltaban para volver a verla.
Ella había estado ocupada desde que siguieron a Amira por el mercado.
Se habían intercambiado algunos mensajes, pero no habían quedado, y John se dio cuenta de que la echaba de menos.
Recordó aquel día en el mercado. La chica estaba asustada.
Quizá Adriana no estuviera del todo desencaminada, pero también podía ser que la chica no los conociera y estuviera nerviosa porque se le acercaran.
¿Quizás estuviera en el país ilegalmente? En cualquier caso, no era su problema.
Llegó su bebida y le dio un sorbo. La verdad es que preparaban unos gintonics fantásticos.
El bar seguía bastante vacío, solo un par de mesas ocupadas, en su mayoría por turistas que sudaban bajo el calor vespertino.
El calor ya no le molestaba a John. Le asombraba lo resistente que era el cuerpo humano y lo rápido que se había aclimatado al clima tropical.
Ya no creía que pudiera vivir en un país con un clima como el de Inglaterra.
Un movimiento cerca de la entrada le llamó la atención y observó cómo un chófer uniformado se bajaba de un gran todoterreno negro con los cristales tintados y abría la puerta trasera del copiloto.
Un oficial de policía de alto rango salió y miró a ambos lados de la calle antes de arreglarse el uniforme.
En el lado izquierdo del pecho llevaba prendidas tres hileras de cintas de medallas y, a pesar de la oscuridad de la calle, unas Ray-Ban con montura dorada le protegían los ojos.
Sus pantalones, impecablemente almidonados; sus zapatos, muy lustrados; pero a su uniforme le sobraban un par de palmos de tela en la zona de la cintura.
Entró con paso decidido, con la altiva chica europea y su portapapeles pisándole los talones.
Ella consiguió adelantarse, lo guio hasta una mesa cercana a la barra y luego le hizo una seña a la camarera y señaló la mesa.
A continuación, se dirigió a una puerta en la que John no había reparado antes, llamó y la abrió ligeramente, asomando la cabeza.
Un momento después, la abrió de par en par y salió la rotunda figura de Hassan Rahman.
John apartó la cara para que no lo vieran.
No le apetecía entablar una conversación de cortesía con Hassan, pero no tenía por qué preocuparse: Hassan solo tenía ojos para el policía.
Se acercó a él, le estrechó la mano y se sentó.
Hassan le hizo un gesto al camarero, que se acercó presuroso con una botella de champán y una cubitera.
John le dio otro sorbo a su bebida. La cosa empezaba a ponerse interesante. Se recostó para observar, pero en ese momento su móvil vibró sobre la mesa. Lo cogió y miró la pantalla. Adriana.