John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 36
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Capítulo 36

T ejpal y John se reunieron con Thapa arriba, tras encerrar a Joseph en el camarote principal. No estaban seguros de qué hacer con él, así que dejaron la decisión para más tarde.

—Vamos. Necesito escuchar la grabación e intentar averiguar qué ha estado pasando.

—¿Y qué hacemos con él? —preguntó Thapa señalando a David, que estaba sentado en el sofá.

—Tráelo con nosotros. Me inclino a creerle, pero, hasta que aclare todo esto, será mejor que lo retengamos.

Tejpal recuperó su mochila de la proa del barco y volvió a entrar. Sacó la vaina de cuero de la bolsa. Con el khukuri, se hizo un pequeño corte en el pulgar hasta hacerse sangre y luego deslizó la hoja dentro de la vaina. Advirtió que John lo estaba mirando.

—Tradición —le respondió a la pregunta no formulada de John con una sonrisa.

John recorrió el salón con la mirada, asegurándose de no dejarse nada. Divisó la Glock sobre la encimera de la cocina. La cogió, dándose cuenta de que todavía llevaba los guantes de látex. Sacó el cargador y vio que era el que estaba lleno. Volvió a meter el cargador y se la entregó a Tejpal.

—Toma, esto podría ser útil. Cuidado, que está cargada. —Tejpal la cogió con la familiaridad de un exmilitar y se la metió en la cinturilla del pantalón.

John reparó por primera vez en una americana que colgaba de la silla del comedor que Peter había ocupado antes.

Se acercó y registró los bolsillos. Encontró un juego de llaves de casa, la cartera de Peter y un iPhone.

El teléfono estaba bloqueado; ya se ocuparía de él más tarde.

Lo guardó en la bolsa de deporte de Joseph, junto con las llaves y la cartera.

—Vámonos.

Thapa ayudó a David a levantarse y lo empujó hacia la puerta trasera.

Cuando John se acercaba a la puerta trasera, vio la Glock de Joseph en el suelo.

Se agachó a recogerla y, al salir a la cubierta de popa, la tiró por la borda.

Cerró la puerta corredera del salón a su espalda, se quitó los guantes de látex y se los guardó en el bolsillo.

Miró a su alrededor e inspiró una profunda bocanada de aire.

El cielo estaba despejado, sin una sola nube a la vista, y el agua centelleaba bajo la luz del sol. Se alegraba de estar vivo.