Capítulo 57
J ohn se hizo un ovillo, haciéndose lo más pequeño posible mientras se escondía entre la maleza junto a la carretera.
Confiaba en que, vestido de negro, no lo verían, pero no estaba dispuesto a arriesgarse.
Apartó la cara del coche y se quedó tan quieto como pudo mientras el Mercedes pasaba.
¡Mierda! El coche redujo la velocidad al pasar junto a su todoterreno, y John se maldijo mentalmente por haber aparcado el vehículo donde podía verse.
Contuvo el aliento, esperando que el coche se detuviera, pero respiró aliviado cuando siguió de largo.
Una vez que el coche llegó al final de la carretera y giró, se levantó y miró a su alrededor.
John estaba desconcertado por lo que había visto. Había observado cómo Sunil arrastraba a Shivraj fuera del coche y desaparecía entre la maleza. Sunil había vuelto unos minutos después, solo. ¿Qué le había pasado a Shivraj? John estaba bastante seguro de que no era nada bueno.
Caminó hacia donde había visto desaparecer a Sunil, examinando el suelo en busca de pistas, con la tubería de acero en la mano, lista por si Shivraj se le echaba encima. Por suerte, había la suficiente luz ambiental para poder ver, ya que el cielo estaba despejado y la luna, casi llena.
Se acercó a la zona de matorrales y caminó por detrás, sin problemas para identificar la oscura silueta tendida en el suelo.
Con cuidado de no remover la tierra y dejar rastro, se aproximó con cautela, empuñando la tubería aunque intuía que no encontraría a Shivraj con vida.
Observó el cuerpo un momento, buscando señales de movimiento, pero no había ninguna.
Arrodillándose, le puso los dedos en el cuello a Shivraj para tomarle el pulso.
Nada. Estaba muerto, sin duda. John se sentó sobre los talones y pensó en qué hacer a continuación.
En cierto modo, se sentía aliviado de que Sunil le hubiera hecho el trabajo.
Pero seguía sintiéndose incómodo ante un cadáver.
Lo de Anil había sido un accidente, y no había visto el resultado de sus actos con Manish.
Pero Shivraj yacía muerto a sus pies y, aunque no había cometido el asesinato él mismo, seguía estando implicado.
Ver el cuerpo le dificultaba el poder distanciarse.
Se levantó con cuidado, sacudiéndose el polvo de las rodillas.
Aun así, tenía que endurecerse y dejar la conciencia a un lado si quería completar lo que se había propuesto.
Tras echar un último vistazo al cuerpo, se dio la vuelta y se dirigió a su vehículo.
Solo quedaba uno.