John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 55
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Capítulo 55

S obre las diez de la noche, las puertas se abrieron de par en par y el Mercedes blanco de Sunil salió a la carretera, giró a la izquierda por la calle y se alejó de John.

John se irguió, arrancó el motor y esperó a que el Mercedes doblara la esquina para salir detrás de él.

Mantuvo la distancia para evitar que lo vieran; el tráfico, más ligero a esa hora de la noche, facilitaba el seguimiento en comparación con el día.

John siguió al Mercedes por Sankey Tank Road, donde esperaba que Sunil girara a la derecha en dirección al campo de golf y hacia la ciudad.

Se sorprendió cuando el Mercedes giró a la izquierda y se dirigió al norte, pasando por Palace Grounds y atravesando el paso subterráneo de Mekhri Circle hacia el paso elevado de Hebbal.

John lo siguió, manteniéndose a distancia, sin perder de vista las características luces traseras del Mercedes mientras este cruzaba el paso elevado de Hebbal y se incorporaba a la autopista elevada en dirección al aeropuerto internacional.

John empezó a preocuparse por lo que haría si Sunil iba a coger un vuelo.

No podía seguirlo en un avión. Si cogía un vuelo, ¿cuándo volvería?

¿Volvería siquiera? ¿Cómo lo encontraría?

La mente de John iba a toda velocidad, sopesando todos los escenarios posibles, pero no se le ocurría ninguna solución.

Treinta minutos después, el Mercedes redujo la velocidad al llegar al peaje.

John se aseguró de entrar en una cabina diferente y rebuscó en la bandeja de las monedas algo de cambio sin quitarle ojo al Mercedes mientras este aceleraba para alejarse.

Entregó el dinero y esperó con impaciencia a que imprimieran el recibo y se levantara la barrera para seguirlo.

Respiró aliviado cuando el Mercedes pasó el desvío del aeropuerto y continuó hacia el norte en dirección a Devanahalli.

Quince minutos más tarde, el coche se salió de la autopista principal para meterse en la vía de servicio y luego giró a la izquierda en dirección a Nandi Hill.

John se quedó atrás, manteniendo otro coche y una camioneta pickup entre él y el Mercedes.

El Mercedes redujo la velocidad después de unos diez kilómetros y puso el intermitente derecho para meterse en un camino estrecho que desaparecía en la oscuridad.

John también aminoró la marcha, preguntándose qué tramaba Sunil.

Se echó a la izquierda para dejar pasar al coche que venía detrás y luego avanzó despacio hacia el desvío.

Vio las luces traseras rojas desaparecer por el camino y, para no perderlas, giró también a la derecha, apagó los faros y continuó en la oscuridad.

Por suerte, la luz de la luna era suficiente para que pudiera distinguir los bordes de la carretera, aunque tuvo que conducir con mucho cuidado.

Más adelante, vio cómo las luces traseras rojas se volvían de pronto más brillantes cuando el coche frenó hasta detenerse.

John se apartó a un lado de la carretera, en una zona de gravilla, y apagó el motor.

Observó para ver si el coche se movía, pero allí se quedó.

Se abrió la puerta del conductor y Sunil rodeó el vehículo hasta el lado del copiloto.

John cogió la tubería de acero y el pasamontañas del espacio para los pies y, tras asegurarse de que la luz interior estaba apagada, abrió la puerta con cuidado.

Se bajó el pasamontañas hasta cubrirse la cara, cerró la puerta con un clic y, pegándose al borde de la carretera, avanzó sigilosamente.

Quizá, solo quizá, pudiera deshacerse de los dos a la vez.