Capítulo 53
S unil mantuvo a Shivraj con él todo el día.
No podía arriesgarse a que anduviera por ahí yéndose de la lengua.
En su estado actual, era capaz de decir cualquier cosa, de admitir lo que había hecho e incriminarlos a todos.
Sunil prefería tenerlo vigilado. El padre de Sunil estaba de viaje en Delhi, así que había enviado al chófer de su padre a recoger el jeep de Shivraj de delante del templo y traerlo a casa mientras él pensaba qué hacer.
Sunil miró a Shivraj, que estaba desplomado en la silla, y reparó en sus ojeras, su cara sin afeitar y su pelo sucio.
Negó con la cabeza. Idiota. Se levantó y salió al rellano del cuarto piso.
—Sanju —lo llamó.
—¿Señor? —llegó la respuesta desde el piso de abajo.
—Trae dos vasos y una botella de Black Label.
—Sí, señor.
Sunil volvió a sentarse y cogió un paquete de cigarrillos de la mesa, del que sacó uno.
Se lo encendió, dio una larga calada, retuvo el humo y dejó que la nicotina hiciera efecto antes de expulsarlo en una densa nube.
Se recostó y se puso a pensar mientras esperaba el whisky.
El hecho de que un pollo y un muñeco de vudú hubieran aparecido en el jeep de Shivraj apuntaba a la intervención de alguien.
Aunque las muertes de Anil y Manish podían atribuirse a causas accidentales y naturales, algo que Sunil nunca se había creído del todo, los últimos acontecimientos indicaban que, sin duda, había alguien detrás de todo. ¿Pero quién?
Llamaron a la puerta, interrumpiendo sus pensamientos. Sanju, el sirviente, entró con una botella a medio empezar de Black Label y dos vasos de whisky en una bandeja. La dejó sobre la mesa, delante de Sunil, y se enderezó.
—¿Hielo, señor?
—No.
Sanju se dio la vuelta y se dirigió a la puerta mientras Sunil desenroscaba el tapón de la botella de whisky.
—Sanju, un momento.
—¿Señor?
Sunil se levantó, fue a un aparador que había a un lado de la habitación, abrió un cajón y sacó una bolsa de plástico con cierre hermético llena de ganja y un paquete de papel de fumar. Se los lanzó a Sanju, que los cogió al vuelo.
—Líame un par de estos.
—Sí, señor. —Sanju se acercó a la mesa, se arrodilló en el suelo y lió hábilmente un par de porros mientras Sunil servía dos generosos whiskies en los vasos.
Se sentó y esperó a que Sanju terminara; entonces, lo despidió con un gesto de la mano.
Se levantó y se acercó a Shivraj para entregarle un vaso. Shivraj lo cogió sin levantar la vista.
—Escúchame.
Shivraj, a regañadientes, alzó la vista hacia Sunil.
—Esto no es el karma. No es mala suerte. Es alguien que te está jodiendo la cabeza y tú eres lo bastante estúpido como para creértelo.
Shivraj negó con la cabeza; le temblaba la mano y el vaso de whisky se agitaba. —No, no lo entiendes. Lo que hicimos estuvo mal. Ahora lo sé. Nos están castigando. —Le dio un buen trago al whisky—. Tenemos que arreglarlo, Sunil.
Sunil respiró hondo, esforzándose por contener la rabia. Se inclinó sobre Shivraj de tal forma que sus caras quedaron a la misma altura, a escasos centímetros.
—Ahora escúchame tú a mí. —Levantó el dedo y señaló directamente a Shivraj—. A nosotros no nos castiga nadie. Hacemos lo que nos da la gana. Mi padre es Surya Patil y nadie se va a meter con nosotros. Siempre y cuando mantengas tu puta boca cerrada.
Shivraj se echó a llorar, con todo el cuerpo sacudido por los sollozos.
Sunil, exasperado, se levantó, se acercó a la mesa y encendió uno de los porros. Dio una larga calada y luego se lo ofreció a Shivraj. —Toma, acábatelo. Te calmará.
Shivraj negó con la cabeza.
—He dicho que te lo acabes —gruñó Sunil.
Shivraj lo cogió con desgana y le dio una calada. Intentó aguantar el humo, pero no pudo durante mucho tiempo.
—Dale otra calada.
Le dio otra, aguantando el humo más tiempo esta vez. Sus sollozos se fueron calmando y su cuerpo temblaba menos. El efecto del cannabidiol, al unirse a sus receptores de serotonina, lo estaba tranquilizando mientras Sunil permanecía de pie, observándolo.
Había sido arriesgado, pues a algunas personas les aumenta la ansiedad en lugar de calmarlas después de fumar un porro, pero Sunil vio que con Shivraj estaba funcionando.
—Otra —le ordenó. Shivraj le dio otra calada y luego le devolvió el porro a Sunil. Sunil negó con la cabeza—. Acábatelo. —Sunil necesitaba mantener la mente despejada. Volvió a sentarse, cogió su vaso de whisky, bebió un sorbo y observó a Shivraj. Se estaba convirtiendo en un lastre.