John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 52
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Capítulo 52

J ohn lo seguía a distancia. Había seguido a Shivraj desde su casa hasta el templo y después había observado con interés cómo Sunil aparecía más tarde, sacaba a rastras a Shivraj y lo metía en el coche.

Había visto la ira en el lenguaje corporal de Sunil, pero también había sido testigo del desmoronamiento de Shivraj.

No podía creer lo rápido que estaba funcionando su plan.

El poder de la mente humana era algo increíble.

Shivraj era un despojo tembloroso de su antiguo yo.

Ya no era el arrogante aspirante a político; en cuestión de dos días, se había quedado hecho un flan lloriqueante, víctima del poder destructivo de la culpa y de una fe irracional en la superstición.

Sunil, sin embargo, era harina de otro costal, pensó John mientras seguía al Mercedes de vuelta a Shivnagar por la carretera de Sankey Tank.

Su ira era evidente y su arrogancia no daba señales de remitir.

Pronto estallaría, y más le valía a John estar preparado.

Era hora de acelerar sus planes para Shivraj.

Al aproximarse al desvío de la calle de Sunil, aminoró la marcha y esperó a que el Mercedes se metiera en la entrada de la casa antes de girar él.

Cerca de la cancela de Sunil, redujo la velocidad de forma imperceptible y echó un vistazo hacia la casa.

Por el hueco de la puerta, que se estaba cerrando, vio a Sunil en el lado del copiloto del Mercedes, sacando a Shivraj del brazo y empujándolo hacia la puerta principal.

Shivraj trastabilló, con la cabeza gacha en señal de abatimiento.

John sonrió, disfrutando de la autodestrucción de su presa, y aumentó la velocidad.

Giró a la derecha en la esquina y se alejó, desviándose ligeramente para esquivar un montículo de escombros de obra que se desparramaba por la acera y llegaba a la calzada desde un bloque de apartamentos en construcción.

Al ver la pila de cascotes, recortes de acero y tuberías desechadas, a John se le ocurrió otra idea.