John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 50
25%

Capítulo 50

S hivraj no se sentía bien. Había dormido mal; se había despertado varias veces empapado en sudor, con el sueño atormentado por la figura fantasmal de una mujer blanca.

A las seis y media se dio por vencido, se echó agua en la cara y se puso su habitual kurta y pijama blancos, sin molestarse en ducharse ni afeitarse.

Recordó la escena de la mañana anterior.

La sangre, el pollo muerto… todo eran señales de prácticas tántricas.

Alguien iba a por él. Alguien estaba usando magia negra en su contra.

¿Pero quién? Primero Anil, luego Manish y ahora le tocaba a él.

Le flaquearon las rodillas y se le revolvió el estómago. No quería morir.

Bajó las escaleras y encontró a su madre ya despierta, sentada frente al altar familiar y meciéndose adelante y atrás con los labios moviéndose en una plegaria silenciosa.

No había comido desde la mañana anterior y se había pasado casi todo el día llorando.

A Shivraj también se le había quitado el apetito y por la tarde no se molestó en ir a casa de Sunil a tomarse sus copas de costumbre.

En su lugar, había ido al templo con una gran guirnalda de flores y una bandeja de fruta para la diosa.

El sumo sacerdote le había dado un mantra de protección, y él se había sentado allí una hora, repitiéndolo sin parar antes de dejar un buen fajo de billetes en el cepillo.

Hoy volvería para el aarti matutino, la ofrenda de luz a la diosa.

Recibiría su bendición y buscaría su protección una vez más.

Hasta ahora no le había fallado. Pasó sigilosamente junto a su madre y abrió despacio la puerta principal, escabulléndose antes de que se diera cuenta.

Se calzó las sandalias y se dirigió hacia el jeep mientras se metía la mano en el bolsillo en busca de las llaves.

Estaba a punto de subir al asiento del conductor cuando bajó la vista y vio una muñeca negra con un clavo atravesándole el corazón, tirada en el asiento.

Le flaquearon las rodillas, la bilis le subió por la garganta, se giró y vomitó en la calzada.