Capítulo 48
J ohn se puso rígido cuando un movimiento en su visión periférica le llamó la atención, pero se relajó al ver que era un perro callejero que se desperezaba y bostezaba bajo la luz amarillenta de las farolas.
Se caló la gorra de béisbol azul marino, aunque no parecía que hubiera mucho riesgo de que lo vieran.
John había elegido la hora con cuidado; había leído en alguna parte que las tres de la madrugada era el momento en que los ritmos circadianos de los humanos alcanzaban su nivel más bajo de actividad.
Era uno de los pocos momentos del día en que la ciudad estaba realmente en silencio.
Volvió a centrar su atención en la modesta casa que tenía delante, construida justo en el límite de su estrecha parcela.
Una pequeña cancela de entrada daba a una reducida zona de hormigón, con espacio suficiente para dejar los zapatos y aparcar una scooter.
Al fondo del espacio, dos escalones llevaban hasta la puerta principal.
La casa tenía tres pisos de altura, pero probablemente no alcanzaba ni una cuarta parte del tamaño de la de Sunil.
Shivraj, a diferencia de sus amigos, no era de familia rica y, a pesar de su arrogancia y su chulería, también vivía todavía con sus padres.
No eran magnates ni políticos, sino de clase media; el padre tenía un trabajo de oficina de nueve a seis en una empresa comercial local y su madre era ama de casa.
Tras cerciorarse de que no había nadie por los alrededores, John se aseguró de que la luz interior del coche estuviera apagada y abrió la puerta lentamente.
Volvió a mirar a ambos lados de la estrecha calle, calándose aún más la gorra.
Estiró el brazo, cogió el saco de arpillera del asiento del copiloto y cerró la puerta con cuidado, dejando que un clic apenas audible rompiera el silencio.
Se dirigió a paso ligero hacia el jeep de Shivraj, aparcado a una sola plaza de su casa.
John se mantuvo pegado a la fila de coches estacionados para reducir las posibilidades de que lo vieran y, al acercarse al jeep, metió la mano en el saco y sacó el cuerpo del gallo.
Lo dejó sobre el capó, luego sacó la bolsa de cierre hermético, la abrió y salpicó la sangre por el parabrisas y el capó.
Volvió a meter la bolsa en el saco y regresó rápidamente a su todoterreno.
John sonrió para sus adentros. Se moría de ganas de ver la reacción de Shivraj.