John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 33
17%

Capítulo 33

S ujata se enderezó y estiró la espalda.

La casa era tan grande que fregar los suelos le estaba destrozando la espalda.

¿Por qué tenía que vivir la gente en casas tan grandes?

Allí solo vivían tres personas. En su tierra, en una casa de ese tamaño podría vivir el pueblo entero.

Se secó el sudor de la frente y se ajustó el sari.

No le permitían poner el aire acondicionado cuando el señor no estaba en casa, y la vivienda no tardaba en calentarse.

El señor estaba en la oficina, y la señora sin duda habría salido a una de sus comidas.

El inútil de su hijo se había levantado tarde y se había ido al gimnasio, así que estaba sola en casa con la única compañía del cocinero.

Aunque se alegraba. La forma en que aquel gordo estúpido la miraba le daba escalofríos.

Sabía lo que quería, ya lo había visto antes en los viejos del pueblo, así que se alegraba cuando él no andaba por allí.

Terminó de fregar los suelos de mármol del salón y llevó el cubo al recibidor.

Era un trabajo duro, pero necesitaba el dinero. Desde que su padre cayó enfermo, no podía trabajar en el campo, y el sueldo de ella era el único dinero que tenían. Lo que ganaba su madre vendiendo verduras no bastaba para mantenerlos.

Sujata escurrió el exceso de agua del paño y se agachó para fregar el suelo justo cuando la puerta principal se abría.

El joven gordo entró y ella mantuvo la cabeza gacha, evitando el contacto visual, esperando algún comentario por su parte, pero no dijo nada.

Pasó de largo sin decir palabra, y ella le echó un vistazo por el rabillo del ojo.

Tenía la piel pálida y la frente perlada de sudor.

«Un día de estos le va a dar un infarto», pensó, y continuó fregando el suelo.

Lo oyó subir las escaleras que llevaban al primer piso; respiraba con dificultad y su paso era lento. Se giró para observarlo.

Algo no iba bien. Al acercarse a lo alto de la escalera, vaciló y cayó sobre una rodilla, agarrándose a la barandilla para no caer.

Sujata ahogó un grito al ver que su cuerpo se tambaleaba y luego chocaba contra la pared con un ruido sordo.

El joven boqueaba en busca de aire y se agarró el pecho con ambas manos.

Su cuerpo resbaló un escalón hacia abajo y entonces Sujata gritó al ver cómo se inclinaba hacia atrás y rodaba escaleras abajo.