Capítulo 7
J ohn y Pournima pasaron el resto de la noche junto a la cama de Sanjay, quedándose dormidos de vez en cuando, solo para que los despertara la enfermera de noche cada vez que venía a comprobar el estado del paciente.
Serían las cinco de la mañana cuando dos policías aparecieron en la puerta.
Uno era desaliñado, sin afeitar, y lucía una gran barriga que ponía a prueba los botones de su guerrera caqui.
Parecía tener la boca llena de tabaco de mascar; o eso, o un moflete hinchado.
El otro, el más alto de los dos, delgado y bien afeitado, con el uniforme limpio y bien planchado, dio un paso al frente y extendió la mano.
—Soy el inspector Rajiv Sampath.
Su apretón de manos fue firme y miró a John directamente a los ojos. John sintió un atisbo de confianza.
—John Hayes —dijo John, y señaló con la mano la cama del hospital—. Este es mi chófer, Sanjay, y su mujer, Pournima.
El inspector Rajiv asintió hacia ambos y se volvió de nuevo hacia John. —¿Qué ha ocurrido, señor Hayes?
John le indicó a Rajiv que se sentara y volvió a acomodarse en su silla. El desaliñado compañero de Rajiv se quedó en el umbral de la puerta, moviendo la mandíbula con furia. La hinchazón se había trasladado a la otra mejilla.
John respiró hondo. —Anoche atacaron a mi mujer y a mi chófer junto a Palace Grounds y ahora ella ha desaparecido.
Rajiv entornó los ojos y se inclinó hacia delante. —¿Puede contarme todo lo que recuerde?
Le hizo un gesto al policía desaliñado, que se acercó y le entregó una pequeña libreta y un bolígrafo muy usados.
—Yo no estaba allí. Tendrá que preguntarle a Sanjay qué pasó. Para cuando llegué, ya era demasiado tarde.
—¿Cómo supo que estaba ocurriendo?
—Me llamó, estuve al teléfono todo el tiempo… —La voz de John se quebró, y las lágrimas volvieron a anegarle los ojos—. ¡Fue horrible!
—Lo lamento mucho, señor Hayes. Mi equipo y yo haremos todo lo posible por encontrar a la señora Hayes. ¿Tiene alguna foto que podamos usar?
John sacó la cartera del bolsillo trasero y extrajo una pequeña foto de carné. —Solo tengo esta de hace unos años. Tengo más en el móvil.
—De acuerdo, le daré una dirección de correo electrónico antes de irme.
Por favor, envíeme algunas fotos recientes y las imprimiremos.
Mientras tanto, le tomaré declaración a su chófer y veremos qué podemos hacer.
—Se dirigió a Sanjay, interrogándolo en la lengua local y garabateando sus respuestas en la libreta mientras Pournima permanecía sentada a un lado, nerviosa, sin soltar la mano de Sanjay.
John se recostó y lo observó trabajar. Parecía profesional, desde luego más que el tipo de los mofletes hinchados que aún no había hablado y estaba apoyado en el marco de la puerta, deseando a todas luces estar en otro sitio.
Tras unos quince o veinte minutos y varias páginas de notas, el inspector Rajiv se levantó y le entregó la libreta y el bolígrafo a Mofletes Hinchados.
—Señor Hayes, su chófer ha sido de gran ayuda.
Me hago una idea de lo que ha sucedido. Por desgracia, no ha podido darme una descripción muy detallada de los implicados, pero es de esperar.
Estaba oscuro y le estaban dando una paliza.
Pero sí recordaba parte de la matrícula y me ha descrito el vehículo.
Con eso deberíamos ser capaces de acotar la búsqueda.
John asintió. —¿Cuánto tardarán?
—Deberíamos poder averiguar a quién pertenece el coche en el transcurso del día. Mientras tanto, ¿dónde está el coche de su mujer?
—Sigue allí.
—Vale, tendremos que requisarlo como prueba. Haremos que se lo lleve la grúa a nuestro depósito en la comisaría. ¿Dispone de otro medio de transporte?
—Sí, tengo mi propio coche.
—Bien. Le sugiero que se vaya a casa y descanse un poco. —Sacó una tarjeta del bolsillo superior de su uniforme y se la pasó a John—. Aquí tiene mi tarjeta. Por favor, llámeme si se entera de algo y no se olvide de enviarme las fotos por correo. Mi email está en la tarjeta.
John sacó su propia tarjeta de la cartera y se la entregó. —Aquí tiene mi número. Por favor, por favor, encuéntrela.
Rajiv le cogió la mano con firmeza y lo miró directamente a los ojos. —Señor Hayes, haré todo lo que esté en mi mano para encontrar a su esposa.