10 Un plan perfectamente trazado
Pasadas dos semanas, Malena fue a la tienda donde conoció a Rubén, ya se encontraba con fuerzas y quería mirarle a los ojos para decirle a la cara que era un grandísimo hijo de puta, que le había jodido la vida.
Estuvo buscándole pero no le vio por ninguna parte, así que preguntó a uno de los dependientes por él.
- ¿Sabes cuando viene Rubén?
- ¿Rubén? - contestó extrañado – Ese chico no trabaja aquí.
- ¿Cómo que no? - insistió Malena – Si yo le veía aquí todos los días.
- Ya. – respondió el muchacho – Estuvo viniendo varias semanas, pero aquí no trabajaba, venía a ver a la dueña de la tienda y después se marchaba.
- ¿No va a volver más? – preguntó descolocada –
- Que va. – contestó el chaval – Por lo visto cumplió el encargo de los dueños y después desapareció. Creo que alguien le ha visto con muy mala cara y el brazo escayolado.
A Malena las cosas no le cuadraban, Rubén le había dicho que trabajaba en la tienda cada vez que se encontraban, le dio mala espina y preguntó antes de salir de la tienda.
- ¿A quién pertenece la tienda?
Cuando oyó la respuesta, se aclararon todas sus dudas, los encuentros con Rubén habían sido un montaje para joder a su marido, y lo peor de todo es que ella había participado como protagonista de lujo, no pudo evitar llorar y se marchó con un profundo dolor en el pecho.
Ella y solo ella era la responsable del dolor causado a su esposo, no tenía excusa, no podía decir que nadie la hubiese engañado, la decisión de acostarse con Rubén había sido solo suya.
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Había trascurrido más de un año y Carlos seguía dándole vueltas al tema. ¿Cómo no se dio cuenta que algo raro pasaba? ¿Cómo no se percató que había demasiadas cosas extrañas?
Pero ya no había solución, Malena le había engañado y no merecía su perdón.
Desde aquel día no había vuelto a verla nunca, sabía que había estado los siete días en el hotel, los que él había dejado pagados, y después se había ido a vivir a casa de sus padres.
En una ocasión le llamó la madre pidiéndole disculpas por el comportamiento de su hija, Malena les había contado que había sido infiel y la había echado de casa.
Pero antes de colgar, le juró que su hija estaba enamorada de él, que se maldecía cada día por haberle engañado y repetía que era el mejor hombre del mundo y no lo merecía.
Después de eso ya no hubo más contactos, aunque por Vasile sabía que trabajaba en una inmobiliaria, era comercial y por lo visto se le daba bien.
Pero ya no era la misma, había perdido siete kilos de peso y tenía las ojeras muy pronunciadas, no vestía provocativa y ya no lucía ese cuerpazo que antes llamaba la atención por donde pasaba.
- Deberíais hablar. – le insinuó una vez su amigo – Ya te dije que a mí me perdonó mi esposa cuando la engañé con otra y ahora somos más felices que nunca.
- No es lo mismo. – respondió Carlos – Lo hizo varias veces, aún sabiendo que yo estaba mosqueado, y tuvo la poca vergüenza de volver a casa con marcas en el cuerpo, con la prueba irrefutable de su traición.
- Pero tú no eres feliz. – replicó su amigo – Joder. No hay más que verte, te estás consumiendo poco a poco.
- ¿Feliz? ¿Qué es la felicidad? Yo lo soy cuando voy al trabajo, cuando me tomo unas cervezas contigo, con Vasile o con cualquier otro amigo.
- Pero al volver a casa estás solo, Carlos, nadie te espera y eso es muy doloroso.
- Hay traiciones que no se pueden perdonar, tú no viste lo que yo vi en aquella habitación.
Carlos se cerraba en banda, incluso Vasile quiso contarle lo que ocurrió aquella tarde en la habitación cuando él salió por la puerta dejándolos dentro a Mahmud, Ahmed y él con su esposa.
Pero Carlos respondió que no quería saber nada, que en ese momento Malena ya no era su mujer, que solo era una puta que se acostaba con varios sin importarle su marido.
Carlos vivía para el trabajo, su fortuna se había multiplicado por cuatro, pero no iba de vacaciones, no salía los fines de semana y no se relacionaba con nadie, era un muerto viviente, un pobre desgraciado.
Una noche volvió a casa, se sirvió una copa de Macallan 12 bien cargada y se sentó en el sofá recordando el encuentro que tuvo al salir del hotel.
Fue en ese momento cuando se enteró que no querían joder a Malena, querían joderle a él, su esposa solo había sido una tonta útil que había participado sin querer.
Todo era un plan perfectamente planificado, lo habían urdido desde hacía meses, habían ido sembrado la duda en él hasta hacerle creer que Malena le engañaba.
Y todo por una simple palabra, esa que dijo en su anterior divorcio, esa maldita vez en que llamó “Puta” a su ex.
Dio un sorbo a la copa y recordó cada detalle tras salir del hotel.
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Aquel infausto día, allí, de pie frente a él, estaban su hijo y su ex, los dos mirándole con cara divertida, saboreando su cruel venganza.
Y lo peor de todo era que el muchacho que estaba tumbado en la cama follándose a Malena, era Roberto, el hijo que él había perdido y no veía desde hace años.
- Cuando nos divorciamos te avisé. – le dijo su ex – Me llamaste puta y eso no te lo perdono.
- ¿Acaso no lo fuiste? ¿No me engañaste con tu monitor de gimnasia?
- Si, joder, pero lo hice porque me tenías agobiada, eras inseguro, siempre estabas celoso, insinuabas que me estaba acostando con otros.
- Al final lo hiciste.
- SIII. Pero yo te quería, te quería mucho y me estabas agobiando, lo hice por…
Ufff…. No sé, estaba tan cansada de tus celos que me dije, si tanto piensa que me acuesto con otros, voy a hacerlo una vez, que al menos tenga razón.
Fue una rabieta tonta, lo sé, pero nunca pensé que ibas a pillarme con aquel gilipollas en la cama.
- Rocío, eso ya no tiene solución.
- Yo te quería.
- Sí, pero me engañaste con otro.
Su hijo escuchaba todo con la cara desencajada.
- Hubiese vuelto contigo si me lo hubieses pedido, te amaba. – dijo ella -
- Después de unos cuernos como los tuyos eso era imposible, te follaste a tu monitor en nuestra propia cama, delante de mis ojos. Pero dime una cosa ¿Todo esto lo has planeado tú?
- Sí, yo solita. – respondió Rocío sonriendo con malicia – Lo de Tenerife con Pablo, lo de la casa rural y los encuentros de Rubén con la zorra de tu esposa.
- Enhorabuena. – respondió Carlos aplaudiendo - Has vuelto a joderme la vida otra vez.
- Me llamaste puta. – replicó ella enojada -
- ¿A caso no lo eres? Has metido en toda esta mierda a nuestro hijo. ¿No te da vergüenza?
Rocío se dio cuenta que su hijo estaba allí escuchando y se tapó la cara con las manos, había reconocido que todo la historia que había contado al chico desde pequeño era una farsa, que su padre no la maltrataba ni la engañaba con otras, que todo lo había hecho tan solo por venganza.
Vio a su hijo marcharse corriendo sin mirar atrás, eso la dejó jodida porque podía perderle, pero quiso hacer más daño a su ex, necesitaba hacerle sufrir hasta la extenuación.
- Si quieres te cuento el plan y como Malena fue cayendo poquito a poco en mis garras.
Carlos no tenía nada qué hacer, aceptó y fueron a un bar a tomar algo, quería saber hasta qué grado de culpabilidad tenía Malena en todo el engaño.
Por lo que le contó Rocío, ella seguía enamorada de Carlos y no soportaba verle feliz con Malena, por eso había ideado el plan, quería joderles la vida a los dos, si ella no podía estar con su ex, no iba a permitir que hubiese otra mujer en su vida.
Contrató un detective que investigó la vida de Malena antes de casarse, supo que había tenido un rollito con Pablo, que no había durado mucho pero que la relación era buena e incluso después de cortar seguía saliendo de copas y se llevaban bien.
Por eso montó lo de Tenerife, pagó a Pablo y a sus amigos el viaje con la condición de que sembraran la duda en su ex, tenían que hacerlo con cuidado porque Carlos no era tonto y podría darse cuenta que ese encuentro no era fortuito, como así fue.
Lo bueno fue la inocencia de Malena, que cayó en la trampa como tonta y encima se enfadó con su esposo echándole la culpa cuando la culpable de todo era ella.
- ¿Qué ocurrió en el reservado? - preguntó Carlos a su ex –
- Nada importante. – respondió Rocío sonriente – Tu esposa iba un poco bebida y Pablo la besó en los labios, ella opuso poca resistencia y él quiso follarla, Malena se negó, Pablo se enfadó diciendo que era una calientapollas y que iba a decirte a ti que acababa de follársela.
- Joder. Y ella creía que Pablo era su amigo. – exclamó Carlos negando con la cabeza -
- Ya ves. – sonrió su ex - Tu queridísima esposa le rogó que no lo hiciera, que si te contaba eso, podrías creerlo y le jodería el matrimonio.
- ¿Qué más? - interrogó Carlos para conocer cómo había acabado todo -
- A pesar del puntillo que tenía y de haber visto follar en el reservado a otras parejas, ella dijo que follar no, pero aceptó hacerle una paja antes de salir del reservado con la condición que tú nunca supieras nada.
- ¡Que hijo de puta!
- Tengo el vídeo del reservado. ¿Quieres ver a tu ex sacudiendo la polla de Pablo?
No hizo falta contestar porque Rocío mostró en el móvil lo sucedido aquella aciaga noche, se veía perfectamente como Pablo la besaba y ella se dejaba, pero de pronto se apartaba empujándole hacia atrás.
Los dos hablaban y ella negaba, él gesticulaba mucho y Malena al final aceptaba.
Los dos se sentaban en un sofá y Pablo se sacaba la verga para que le hiciera la paja.
Se veía como el cabrón la cogía del pelo intentado que se agachara, forzándola a bajar la cabeza para meterse la polla en la boca, pero Malena se enfadaba mucho y decía que no.
En un momento del vídeo suena el teléfono de Pablo y le mete prisa a Malena para que se la meneara más rápido, se ve como éste se corre y los dos se levantan deprisa para salir del reservado.
Ahora lo entendía todo, esa llamada la había hecho su amigo desde el aparcamiento, le estaba avisando que Carlos iba a entrar en la discoteca de nuevo y podía pillarlos.
Su ex volvió a hablar sacándole de su recuerdo.