Jodida por infiel 9 La pillada #2
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9 La pillada #2

Cogió el coche y fue hasta la puerta del hotel, allí vio el de su esposa aparcado, esperó que llegase Vasile y los dos peones de obra, eran gente de su total confianza, Mahmud, un negro de cuatro por cuatro y Ahmed, un morito musculado que estaba con él desde hacía más de veinte años.

Ellos dos, junto a Vasile, eran sus mejores obreros, gente leal, gente que se parte el pecho cada día por llevar el pan a casa, por eso él los pagaba más que a otros, eran su gente de confianza, con los que iría a la guerra si fuera necesario.

Se acercaron a él con mazos en las manos, cualquiera que se lo cruzase saldría corriendo nada más verlos, los tres imponían, no iban al gimnasio pero tenían más músculos que Schwarzenegger en su época dorada.

- Está dentro. – dijo Vasile –

- ¿Quién es? - preguntó Carlos -

El rumano frunció el ceño y contestó preocupado, sabía que iba a joder a su jefe y eso no le gustaba, le apreciaba mucho para verle sufrir por una traición como ésta.

- Son tres, jefe.

- ¿Tres? - respondió Carlos apesadumbrado –

Esperaba que Malena estuviese con uno, que le engañase con un solo hombre, pero tres, eso era demasiado. ¿Con qué clase de mujer se había casado? ¿Qué clase de pervertida había estado viviendo con él en su casa?

Se armó de valor y fue hacia le entrada, tenía un plan pero ahora había cambiado, tenía que improvisar sobre la marcha, su cabeza era un no vivir, buscaba la forma de hacer daño a Malena, de hacerla sufrir como él llevaba sufriendo desde que se folló a Pablo en aquel puto reservado.

- Son críos, jefe. – dijo Vasile –

- ¿Críos?

- Si, no deben tener más de veinte años.

Carlos lo tuvo claro, se trataba de Rubén sin ninguna duda, aquel fin de semana en la casa rural estuvieron follando. Seguramente ya se conocían de antes y se rieron de él desde que llegaron.

El otro matrimonio de la casa rural tenía razón en lo que decía, Rubén y Malena eran la pareja perfecta y él sobraba. Se sintió viejo y cansado, había luchado por una relación que era una estafa, pero ahora iba a poner punto y final a este maldito teatro.

Llegaron a la habitación del hotel y llamaron a la puerta.

- ¿Quién es? – gritaron desde dentro –

- Una botella de cava obsequio del hotel. – respondió Vasile –

Un chico abrió la puerta y Carlos le empujó para dentro.

Lo que vio le dejó de piedra.

Había un chico tumbado en la cama, Malena ensartada sobre su polla dando saltos y el cabrón de Rubén follándola por el culo como un animal amarrado a sus tetas a las que golpeaba con saña.

El que había abierto la puerta intentó protestar, pero Vasile le cogió por el cuello y le sacó de la habitación estrellándole contra la pared del pasillo antes de que dijera nada.

Se oyó el golpe y Rubén se giró para mirar qué pasaba. Vio a Carlos y sonrió mostrando sus dientes blancos perfectos.

- Ahora somos cuatro. – exclamó con sonrisa perversa - Ven y que te la chupe mientras nosotros nos la follamos.

Malena escuchó las voces y miró hacia la puerta.

De repente se le cambió la cara, se quedó pálida, la estaban follando dos chicos y lo estaba viendo su esposo desde la puerta.

Se fijo en el rostro desencajado de Carlos, parecía que hubiese convertido en una estatua, dio un empujón a Rubén y le dijo que sacara la polla de su culo de inmediato.

Necesitaba hablar con su esposo y pedirle perdón, decirle que le quería, que solo había sido una desafortunada aventura pasajera, pero que a partir de mañana todo cambiaría, que quería ser la madre de sus hijos y una esposa modelo y que desde este momento no iba a engañarle nunca.

Rubén salió de Malena y fue a enfrentarse a Carlos, él era más alto, se cuidaba mucho y tenía músculos forjados a base de gimnasio, iba reírse del cornudo antes de partirle la cara.

- Me la he follado más veces. – exclamó sonriendo y levantando el brazo para pegarle un puñetazo – Estás casado con una puta.

Carlos esquivó el golpe, pero cuando iba devolvérselo para romperle la cara de chulo presuntuoso, vio que Malena se levantaba de la cama y aparecía el muchacho que la estaba follando el coño.

Se quedó petrificado.

Rubén iba golpearle cuando vio que por la puerta entraban Mahmud y Ahmed con los mazos en las manos. La sonrisa de Rubén se transformó en puro pánico y tembló como un cobarde.

Le cogieron los dos y estrellaron su cabeza contra la pared al tiempo que le retorcían el brazo.

Carlos miró al muchacho que Malena había tenido debajo, era incapaz de hablar, sintió una punzada en el pecho y en sus ojos afloraron las lágrimas de puro dolor.

Oyó que Malena le hablaba, decía que había sido un error, que nunca volvería hacerlo y que la perdonara, que le quería mucho y no podría vivir si él la dejaba.

Pero Carlos miraba atónito al muchacho que se vestía frente a él sin ninguna prisa.

- ¿Qué hago con él? – dijo Vasile –

- Que se vaya.

- Pero jefe….

- Que se vaya. - gritó enfurecido - ¿No has oído?

- ¿Y los otros dos? - preguntó señalando a Rubén y al que había abierto la puerta –

- Esos dos no.

Malena cogió la ropa y empezó a vestirse ya que solo llevaba puesta la braga. Intentó abrazar a su esposo pero éste la rechazó empujándola hacia el baño.

- Entra y vístete. – ordenó Carlos -

Sentaron a los dos chicos en la cama y Vasile les preguntó.

- ¿Dónde están las grabaciones?

- ¿Qué grabaciones? – preguntó Rubén –

Mahmud le soltó un guantazo que la sangré salió a borbotones por la mejilla del muchacho.

- ¿Te reíste de mí en la casa rural? ¿Te gustó follarte a mi esposa cuando montabais a caballo? – preguntó Carlos -

- Le juro que no….

¡Zas! Otra hostia le cruzó la cara de lado a lado.

- Shhhhhh. – chistó Carlos con sonrisa perversa – Ahora no es tan divertido. ¿Verdad? Yo seré un cornudo pero tú eres hombre muerto.

- NOOO, por favor. – empezaron a llorar los dos muchachos –

- ¿Dónde están las grabaciones y las fotos?

- No hay, no tengo fotos. - intentó replicar Rubén -

Mahmud le soltó otra guantada y la sangré cayó empapando la cama.

- Coge el mazo. – ordenó a Ahmed – Y tú. – indicó a Rubén – Pon la mano sobre la mesa.

- No, no. - chilló éste acojonado – Las tengo en el móvil y una copia en la nube.

- Bórralas. – ordenó Carlos –

Le dieron el móvil y el chico borró todo a la carrera.

- Os vais a llevar un recuerdo del cornudo del que os habéis reído estos días. – dijo retorciendo el brazo de Rubén que se rompió con una facilidad asombrosa –

Mahmud hizo lo propio con el otro y los dos chillaron a coro.

- Esto para que aprendáis que las mujeres casadas no se tocan, que se respetan, que tienen hijos y esposos. Y si ponéis una denuncia o si vuelvo a veros acercándoos a otra, acabareis enterrados en el hormigón de una de mis obras.

Soltaron a los chicos y Malena salió del baño, estaba llorando como una magdalena y cruzaba los brazos sobre su pecho avergonzada.

Intentó hablar pero Carlos ordenó que se callara.

- Como te gusta este hotel, tienes siete noches pagadas.

- Pero amor.

- CALLAAAA. ¡NI AMOR, NI HOSTIAS! - chilló enfurecido Carlos – No quiero que vuelvas a casa, desde hoy no eres bien recibida, ha dejado de ser tu casa.

- Amor. – lloró temblando Malena – Ya sé que me he equivocado.

- Si, efectivamente, te has equivocado, has elegido mal y ahora vas a pagarlo.

- Te juro que nunca más volveré a engañarte.

- De eso puedes estar segura, Malena. Y como veo que te gustan mucho las orgías, aquí se quedan mis amigos para que se diviertan contigo. Ya verás que buenas vergas tienen los tres, no como la mía que parece que no te es suficiente.

Cerró la puerta tras él y dejo dentro a Mahmud, Ahmed y Vasile.

Salió del hotel y allí se encontró a quien menos esperaba.

- Hola, Carlos. – le saludó sonriendo de forma perversa – ¿Ya has visto como folla tu mujercita?

- ¿Tienes tú algo que ver? – preguntó Carlos –

- Acaso lo dudas.

Carlos negó con la cabeza. ¿Cómo no se lo había imaginado antes? Las cosas no le cuadraban desde que vio a Pablo en Tenerife.