9 La pillada
Malena esa noche apenas pudo dormir de lo excitada que estaba, no dejaba de pensar en lo que había dicho Rubén, iba a ir con sus amigos y se la iban a follar y a correrse en su cara y en sus tetas.
Tuvo que masturbarse para apagar el fuego abrasador que sentía por dentro, ella no era así, siempre se había comportado con sensatez, con respeto hacia su marido, pero Rubén había encendido en ella algo que hasta ahora desconocía, estaba caliente como una perra todo el día y contaba los minutos para ir al hotel.
Aunque ya había decidido que sería la última vez, después se iba de viaje con Carlos y nunca más volvería a ser infiel, quería ser una buena madre y esposa, quería darle a su marido un hijo para compensar el que perdió en su anterior divorcio.
A ojos de cualquiera que la viera podría parecer que no le amaba, que era infiel porque pasaba de él, pero eso no era cierto, quería a Carlos más que a su vida, pero llevaba tiempo pensando que en su vida faltaba algo, no sabía exactamente lo que quería, pero ésta era un forma de romper la rutina, de poner algo de chispa en esos días tan monótonos que tenía yendo del club de tenis, al centro comercial y después encerrada en casa esperándole a él.
Por la mañana se levantó, se dio una ducha y se depiló el pubis para tenerlo perfecto, quería estar impecable cuando esos chicos la vieran desnuda.
Desayunó y preparó la maleta para el viaje, prefería hacerlo ahora que no cuando llegase del hotel rendida de tanto follar.
Después eligió la ropa que iba a ponerse, Rubén había pedido que fuese provocativa, lo había dejado claro “unas braguitas negras, una minifalda corta para que se le viese por debajo y una blusa con un escote por el que se la viesen las tetazas de zorra”.
Se rió al recordar esa palabras, Rubén la llamaba puta y zorra muchas veces pero eso no la molestaba, al contrario, cada vez que lo oía se ponía cachonda y su coñito se mojaba.
Rubén era el contrapunto de su esposo, la insultaba, la trataba como a una cualquiera y la follaba como un animal despreciándola todo el rato.
Sin embargo, Carlos era todo ternura, lo hacía con cariño, la demostraba amor y no decía palabras vejatorias ni nada parecido.
Era un caballero en toda la extensión de la palabra
Hizo la cama y puso encima cada prenda perfectamente colocada, las braguitas negras de encaje, la minifalda que se puso en Tenerife el día que quedó con Pablo y sus amigos, y una blusita blanca transparente en la que se iban a ver sus tetas meciéndose cada vez que caminara.
Esperó impaciente hasta las dos para vestirse, cuando se miró en el espejo no pudo evitar sonreír, estaba realmente increíble, cualquier hombre que la viese por la calle se volvería para mirarla.
La minifalda quedaba a la altura de los cachetes y se veía el comienzo de sus duras y prietas nalgas. En cuanto a la blusa, era el no va más, los pezones erectos por la excitación que tenía se marcaban en la tela viéndose esplendidos y arrogantes.
Recordó que no tenía condones, debería ir a la farmacia a comprar una caja, pero luego pensó que para qué, el día anterior la habían follado Rubén y su amigo sin preservativos y se habían corrido en su coño, en su boca y en su culo.
Si no se había contagiado hasta ahora es porque Rubén y sus amigos estaban limpios y se cuidaban.
Por hacerlo otra vez a pelo no pasaba nada.
Cogió el coche y fue al hotel, aparcó en la puerta y se puso nerviosa. ¿Cuántos amigos iba a traer Rubén para que la follasen?
Era la última vez que iba a hacerlo fuera del matrimonio y era el fin de traca, esperaba que no se pasase porque esa noche deseaba hacer el amor con su esposo antes de irse de viaje a Gran Canaria.
Cuando regresase a casa iba decirle a Carlos cuanto le amaba, que quería darle muchos hijos y que deseaba pasar el resto de su vida junto a él para hacerle el hombre más feliz del mundo.
Entró en la habitación y vio a Rubén con dos amigos, uno era el de la vez anterior, pero el otro la dejó boquiabierta, era un chico guapísimo.
- A ver, putita, date una vueltecita para que mis amigos vean las tetas y el culazo que tienes. – ordenó Rubén -
Ella lo hizo obediente, giró sobre si misma mostrando a los dos muchachos las voluptuosidades de su cuerpo.
- ¿Qué os parece mi puta? – preguntó Rubén con sonrisa maliciosa –
- Joder. – dijo el de la otra vez – Cada vez que la veo me gusta más. ¡Vaya cuerpazo tiene la zorra!
El otro la miró de reojo pero no dijo nada, se quedó callado examinándola.
- Desnúdate para nosotros. – ordenó Rubén que era quien llevaba la iniciativa -
Malena sentía vergüenza pero al mismo tiempo se excitaba, mostrar su cuerpo a esos muchachos le producía un morbo inexplicable.
Desabrochó los botones de la blusa, se la sacó despacio por los brazos y la arrojó a la cama dejando sus pechos al aire.
- ¡Dios! - exclamó el de la otra vez –
- Toda tuya. – dijo Rubén –
Y el chico se lanzó sobre Malena subiendo la minifalda hasta la cintura y apretando las nalgas con saña, estrujándolas con los dedos y clavando las uñas en la fina piel aterciopelada
- No me dejéis marcas. – rogó Malena preocupada -
No había terminado la frase y Rubén ya se había apropiado de sus tetas amasándolas sin cuidado.
Tenía a uno delante y a otro detrás, manoseándola todo el cuerpo como si fuese un trozo de carne.
Malena estaba excitada y su respiración se aceleraba, se dejaba tocar por los dos y miraba al otro chico impaciente. ¿Por qué estaba quieto? ¿Por qué no hacía nada con ella? ¿Por qué la examinaba de esa manera?
La arrojaron a la cama y el primer muchacho abrió las piernas de Malena con violencia, apartó la braga a un lado y la metió la polla en el coño sin siquiera lubricarla.
Mientras, Rubén se había puesto a horcajadas sobre su pecho poniendo la verga entre las tetas y haciéndose una cubana.
Malena respiraba agitada, esperaba mucho de este encuentro pero ahora mismo se sentía usada, era una muñeca para el disfrute de ellos sin prestarle a ella la menor atención.
Se sentía sucia y no quería disfrutar, esto había sido una equivocación y quería salir de allí cuanto antes, solo deseaba que todo terminara para volver a casa y abrazar a su esposo, que los tres chicos la follaran y se marcharan del hotel para cerrar este asqueroso capítulo de su vida y volver a la rutina.
Esa rutina de la que estaba cansada y sin embargo ahora, allí tumbada, añoraba más que nada.
Sintió dolor en su sexo y en los pechos, los dos la utilizaban a lo bestia, uno embistiéndola el coño y el otro follando sus tetas apretándolas y estrujándolas sin control.
Cerró los ojos y se dejó hacer sin protestar.
No sabía cuánto tiempo había pasado pero sintió que salpicaban su cara con un líquido espeso. Era Rubén quien acaba de correrse y se sacudía las últimas gotas que cayeron en su lengua y en su boca.
El otro se había corrido dentro de su coño momentos antes y ella ni siquiera se había percatado.
- Venga, Zorra. – chilló Rubén poniéndose de pie – Que ahora vas a tener un tres en uno por primera vez.
Hizo que se levantase y dijo al chico que solo había estado mirando que se tumbase en la cama boca arriba.
Éste se puso un condón y se colocó como pedían, ella lo agradeció aunque no le dijo nada, se montó a horcajadas y bajó despacio hasta encajarse la verga entera en el coño.
Malena miraba al muchacho pero éste rehuía su mirada, parecía avergonzado.
Notó que Rubén se ponía detrás, que se pegaba a ella separando sus nalgas y apoyaba la verga empujando su agujero trasero.
Malena resopló, ya sabía lo que venía, iba a sufrir una doble penetración y sabía que al principio iba a ser dolorosa.
Se inclinó hacia delante y pegó las tetas a la cara del chaval, al mismo tiempo notó que Rubén empujaba y se la metía muy despacio, con muchísimo cuidado.
Resopló jadeó, gimió e incluso protestó por el dolor que sentía, sacudió las caderas hasta notar que los dos estaban dentro y comenzaban a follarla sin control.
El otro se aproximó y se la metió en la boca. Y sin darse cuenta comenzó a llorar, no sabía lo que quería, pero desde luego esto no.
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Carlos se había levantado y esperaba en un triste bar, llevaba ya dos cafés y los nervios le atenazaban.
Malena le había traicionado, pero no contenta con ello, también le había faltado al respeto, las marcas en su cuerpo eran una afrenta imposible de perdonar.
Las nalgas rojas con los dedos grabados, las marcas de dientes en esos pechos blanquecinos que él tanto adoraba.
Hubiese aguantado que su esposa le hubiese engañado con otro, todo era cuestión de hablarlo, de llegar a un acuerdo y solucionarlo, que Malena le prometiese que no se repetiría y volvería a ser la esposa seria y cariñosa.
Pero volver a casa en esas condiciones era como decir hago lo que me gusta y tú te jodes, vas a ser un cornudo consentidor y me follaré a todos los hombres que me dé la gana.
Eso no era amor, ahora dudaba que algún día le hubiese querido, seguramente estaba con él por comodidad, por vivir bien sin trabajar y disfrutar de su dinero como había hecho hasta ahora.
Carlos tomaba café y lloraba sin querer, se cagaba en su mala suerte, había tenido dos mujeres y las dos le habían puesto los cuernos con otros chicos más jóvenes.
No quería más amor, no deseaba más parejas, a partir de ahora iba encerrarse, solo iba a dedicarse al trabajo que es lo que le gustaba.
De pronto sonó su móvil, miró y vio que era Vasile quien le llamaba.
- Jefe.
- Dime, amigo.
- Ya ha salido, está en camino.
- Llama a los demás.
No tenía ninguna duda de dónde era la cita, había revisado las llamadas de su esposa y había encontrado un número que no le cuadraba, era un hotelucho de mala muerte donde ella no conocía a nadie. Lo supo nada más verlo, era ahí donde tenía las citas con el hombre que follaba.