7 Sufriendo
Malena salió del hotel llorando, había hecho cosas que ni por lo más remoto se hubiese imaginado.
Se montó en el coche y fue a su casa recriminándose por la locura que había cometido, pero antes de entrar tuvo que estar un rato parada para arreglarse y calmarse un poco.
Tenía los ojos rojos de llorar por el camino, había sido infiel a su esposo, se había comportado como una puta, pero lo que era peor, había follado sin preservativo.
No sabía qué hacer, cómo comportarse ahora si Carlos la buscaba. ¿Debía follar con él o poner alguna excusa para evitarlo? Si tenía alguna enfermedad no deseaba ser la culpable de contagiar a su marido.
Que tonta era, sus amigas lo habían comentado más de una vez en la cafetería del Club de Tenis.
“Los chicos de hoy no usan condones y las enfermedades sexuales se extienden como el agua”
“Cada vez hay más casos de sífilis y gonorrea entre los universitarios”
Tuvo que taparse la cara con las manos porque las lágrimas le salían a borbotones.
Al final tomó una decisión, si Carlos quería follar con ella, lo haría, no podía delatarse, su esposo no era tonto y se daría cuenta enseguida si se negaba, ya lo había hecho la otra vez y vio que él se enfadaba.
Entró en casa sin hacer ruido, fue directa al cuarto de baño y dejó la ropa en el cesto para que Carlos no comprobara que traía el vestido arrugado.
Después fue a la cama y se tumbó despacio para que no se despertara y le hiciera preguntas comprometidas.
A pesar de todo, él se giró y se pegó a ella, juntando el pecho contra su espalda. La mano de Carlos bajó despacio por el interior de sus muslos y fue directa a su pubis.
Se tensó, tenía miedo, no deseaba que él la tocara.
Pero Carlos metió la mano más adentro y acarició su pubis.
- Cari, ahora no, tengo sueño. – susurró intentando calmarle -
Pero su marido siguió tocando, pasando los dedos por su vulva despacio.
Malena no quería que siguiera, la tenía dolorida de tanto follar en el hotel con Rubén.
- Porfa, amor. – dijo fingiendo vocecita somnolienta – Estoy muy cansada, mañana follamos cuando vuelvas del trabajo.
Carlos no hizo caso y pasó los dedos por la vulva, recorriéndola de adelante atrás y de atrás adelante de forma muy suave.
- No, amor. – repitió ella -
Pero Carlos no hizo caso y metió un dedo por la raja, penetrando el coño lastimado de su esposa.
- Ayyyy. – protestó ella apartando la mano porque le dolía – Que te he dicho que no.
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Carlos se giró dándole la espalda, si antes tenía alguna duda ahora lo tenía claro, su esposa le estaba engañando, estaba follando con otro a sus espaldas y por eso le rechazaba.
Se pasó toda la noche en un duermevela, era la segunda vez que le traicionaban, su primera esposa con el monitor del gimnasio y Malena…. ¿Con quién estaría Malena liada?
No paraba de darle vueltas a la cabeza. ¿Qué tenía que hacer ahora? Había sufrido mucho en su anterior divorcio, de hecho, había perdido la custodia de su hijo.
Eso, a parte del dinero, su ex se había llevado la mitad por no tener separación de bienes y le había esquilmado la mitad de la fortuna cuando nunca había dado un palo al agua.
¿Por qué tenía tan mala suerte con las mujeres?
Si él hacía todo para que fuesen felices, las llevaba de viaje alrededor del mundo en las vacaciones, las compraba coches, las daba tarjetas para que gastasen en lo que quisiesen.
Y él trabajando como un burro de siete a siete, 12 horas interrumpidas tan solo para comer un sándwich.
Pero quería mucho a Malena, a parte de su cuerpo de modelo era una mujer estupenda, se preocupaba por él, estaba atenta a todos sus deseos, y sobre todo, follaba y mamaba como los ángeles.
Solo podía actuar de dos formas posibles, cortar con ella y mandarla a casa con sus padres o hacerse el avión y dejar que siguiera follando con otros hombres para tenerla con él en casa.
En el primer caso se quedaba solo, otra vez sufriendo en silencio, viendo la tele y aburrido al regresar del trabajo.
En el segundo, sabiendo que él era uno de tantos, que había más hombres que disfrutaban de su cuerpo mientras él trabajaba.
No tenía ninguna duda, Malena le estaba engañando, lo notó aquella vez que quiso follar con ella y dijo que no, primero porque estuvo nerviosa toda la noche y también porque vio un detalle que le puso en alerta, tenía una marca en el cuello apenas visible pero que él descubrió nada más verla.
Y hoy, hoy sus sospechas se confirmaban, había llegado nerviosa otra vez, pero lo más grave era lo que había notado al tocarla, tenía la vulva hinchada, como si hubiese estado follando durante horas, y al meterla el dedo en la raja, se había encogido, eso no era por sueño, no era por cansancio, era porque tenía la zona dolorida de estar follando con otro.
Por la mañana se levantó sin apenas haber dormido, se vistió y no quiso desayunar en casa, Malena seguía dormida, pero prefirió no quedarse por si ella se despertaba.
Fue a una cafetería y se encontró con uno de sus mejores amigos. Éste le vio triste y le preguntó qué pasaba.
- No sé. – respondió por decir algo –
- Vamos, Carlos, que nos conocemos desde hace años. Dime qué coño sucede.
Le contó todo lo que había ocurrido, sus dudas, sus pruebas, su miedo a perderla por otro.
- No sé. – dijo su amigo – La infidelidad es un trago muy duro.
- Ya te digo. – respondió Carlos – Es la segunda vez que me toca.
- Ya sabes que yo engañé a mi esposa. ¿Verdad?
- Si, lo recuerdo.
- Ella me perdonó, y tras veinte años, seguimos juntos y enamorados.
- Si, se os ve muy felices. – contestó Carlos –
- Fue duro, pasamos meses muy malos, pero ella soportó los cuernos y hoy, ni ella ni yo, nos cambiaríamos por nadie. Sé que me equivoqué y la pido perdón cada año. ¿Tú podrías perdonar a Malena?
Carlos se quedó pensando, estaba rumiando la respuesta, pero las dudas no le dejaban.
- ¿Ella querrá seguir conmigo si la perdono o querrá seguir follando con otros?
Su amigo resopló y se rascó el cabeza.
- Eso sería muy duro, amigo. Sería ser un consentidor de tu esposa, admitir que se la sigan follando otros para tenerla tú en casa cuando vuelvas del trabajo.
- Eso mismo. – contestó Carlos – Sería admitir que me ponga los cuernos cuando le dé la gana, y al acostarme con ella, saber que esa boca y ese coño ha sido usado por otro.
- Joder. Bufff. Yo no podría.
- Es que es muy buena esposa, la quiero como el primer día a pesar de saber que me engaña.
- Tú mismo. – respondió su amigo – Pero tienes que valorar los pros y los contras.
Esa tarde Carlos volvió antes a casa, esperaba encontrase a Malena esperando para poder hablar con ella y dejárselo claro.
Pero cuando entró por la puerta, ella no estaba.
Entonces se le ocurrió una cosa, fue a ver el cesto de la ropa, lo abrió y vio el vestido que Malena llevó a la cena totalmente arrugado, rebuscó hasta el fondo pero no vio las braguitas negras que había visto que tenía preparadas antes de salir sobre la cama, es más, no había braguita alguna. ¿Dónde coño estaban?
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Malena se despertó nerviosa, sabía que se había portado muy mal con su esposo, él se preocupaba por ella, la daba una vida muy cómoda, tenía de todo lo que puede desear una esposa y ella le había pagado con unos cuernos de campeonato.
Se dio una ducha, se puso ropa cómoda y fue directa a una clínica para hacerse un análisis, si había pillado una ETS tenía que saberlo de inmediato, en ese caso no quería infectar a Carlos.
Se hizo la prueba y los resultados fueron negativos a la sífilis y al VIH, pero para la clamidia y gonorrea debía esperar entre 24 y 48 horas, para otras el periodo de tiempo era mucho más largo.
Salió de la clínica y se sentó en una terraza, lloró desconsolada, había metido la pata hasta el fondo, tenía un hombre estupendo en casa y no lo había valorado, había preferido follar como una puta con un niñato, alguien que la había tratado como una cualquiera y que la había insultado.
Tenía que hablar con su marido, reconocer delante de él lo que había hecho y esperar que la perdonara. Si no lo conseguía, se divorciaría y tendría que volver a vivir con sus padres y buscar un trabajo.
Lo tenía todo planeado cuando sonó el teléfono, miró y vio que era Rubén quien la llamaba, en la agenda lo tenía como Ginecólogo por si Carlos lo miraba.
- Dime. – respondió nerviosa –
- Hola zorrita. – contestó Rubén entre risas –
- No me llames eso. – cortó tajante Malena –
- Eres mi puta, eres mi esclava y te llamaré como me dé la gana.
Malena se excitó tan solo con oír esas simples palabras, lo que pensaba hace unos momentos de confesarse a su esposo pasó al olvido de inmediato.
- Dime, Rubén. ¿Qué quieres? - preguntó sofocada –
- Quiero follarte.
- Jo, no digas eso por si alguien te oye. – respondió apurada –
- Quien coño va oírnos. ¡Joder! – contestó Rubén de malos modos – Dime quién eres.
- ¿Cómo? - preguntó ella turbada –
- Joder, Malena. Que me digas quien soy para ti, quiero oírlo de tus labios.
- Jo, Rubén.
- Venga, JODER. – chilló a través del teléfono –
Miró a un lado y a otro y vio que no había nadie que pudiera escucharla, acercó el teléfono a sus labios y susurró bajito.
- Soy tu puta.
- Repítelo más fuerte. – ordenó el chico satisfecho –
Malena notó que sus bragas de repente se mojaban y que sus pezones se ponían como puntas bajo su camiseta blanca.
- Soy tu puta, TU PUTA. – dijo más fuerte –
No pudo evitarlo y llevó la mano a su entrepierna para acariciarse por encima del pantalón, estaba caliente como una estufa y frotó su vulva por fuera.
Le pareció notar que quemaba.
- Soy tu puta, soy tu puta, soy tu grandísima puta y quiero que me folles. – repitió como un mantra –
- Así me gusta, zorra. – respondió Rubén entre risas –
A Malena le pareció oír voces de fondo. ¿Estaba Rubén con alguien? ¿Tenía el teléfono en manos libres? Se asustó y preguntó corriendo.
- Joder, Rubén. ¿Está escuchando alguien?
Oyó un Shhhh muy bajito y a él contestándola.
- ¿Quién coño va a haber? No te rayes, zorra.
- No me fastidies. ¿Vale?
- Calla y escucha. – ordenó el chico sin hacer caso a sus ruegos – Ahora vas a ir al hotel.
- ¿Ahora? – preguntó ella agitada –
- Hoy vas a disfrutar como nunca, voy a matarte de gusto y te voy a reventar a pollazos.
- Jo, Rubén…
- Calla, hostiaaaas. – cortó él – Eres mi puta y harás todo lo que te mande, aunque no te guste un carajo.
- Vale. – contestó de forma sumisa –
- Y no quiero protestas, si yo lo pido tú lo haces. ¿Eres mi puta o no?
- Sí, soy tu puta, haré lo que me pidas, te lo juro.
Colgó el teléfono y llamó apresuradamente al hotel para reservar la habitación de siempre, esa le traía muy buenos recuerdos, es donde había follado con Rubén ayer, esa en la que llamó puta, zorra, cacheteó su cara, su culo y sus tetas, la tiró del pelo y la escupió en la boca.
Y sobre todo, es en la que había estrenado su culo por primera vez.
Fue al hotel y esperó viendo la tele, pasaron más de dos horas y el chico no llegaba, se puso nerviosa, necesitaba verle, tenía auténtico mono de sentir su polla dentro, estaba desesperada porque Rubén la follase.
No entendía el motivo pero estaba colgada de su polla, era peor que una droga, necesitaba su dosis diaria.
Le había mandado varios whatsapp pero él no contestaba, ni siquiera los leía, se encontraba de los nervios y miraba el reloj una vez tras otra.
Se fijo en la habitación, era vieja, mal pintada, el ambiente era denso, olía a suciedad, a sexo, a tabaco. Pero eso le importaba poco, cuando Rubén llegase iba follarla hasta hartarla.
Ya se imaginaba lo que haría con ella nada más entrar por la puerta, la besaría de la forma más guarra, fundiendo sus bocas de manera obscena y mordiéndose los labios hasta casi sangrar.
Sonrió al pensar en ello y se acarició las tetas, seguro que Rubén iba a chupárselas como el día anterior, tirando de sus pezones hacia afuera hasta casi sacarlos de cuajo.
Notó su braguita empapada y metió la mano por la cinturilla del pantalón para tocarse y ver lo mojada que estaba.
Dios, necesitaba que llegase cuanto antes para que la diese su ración de polla.
Iba a llamarla puta, zorra. Y eso es lo que era, porque engañaba a su esposo, porque follaba con otro, porque dejaba que hiciese con ella lo que diese la gana.
Por fin recibió el puñetero mensaje, lo miró y al leerlo se iluminó su cara.
“Desnúdate zorra, quiero que me esperes solo con las braguitas puestas”
Se quitó el pantalón y la camiseta, los colgó en el armario y se sentó sobre la cama con su diminuta lencería esperando que llegara.
Pasada media hora sonaron dos golpes en la puerta, ella se levantó y abrió a la carrera, vio que entraba Rubén y se lanzó a sus brazos para besarlo.
Pero éste la empujó hacia un lado y dijo que no cerrara la puerta.
Malena se quedó callada y vio que entraba otro chico y cerraba tras él dando un portazo, miró a Rubén extrañada y éste la soltó a bocajarro.
- Hoy vas a follarte a mi amigo, demuéstrale lo puta que eres, quiero que le comas la polla y después le ofrezcas el coño. ¡Ah! Y ya sabes que ese culito de puta es solo mío, ese no lo cata ni el cornudo de tu marido.
Malena quiso llorar pero no podía, la estaban tratando como a una puta, Rubén la estaba ofreciendo como si fuera un trozo de carne.
Eso su esposo no lo hubiera hecho nunca, pero notó sus pezones duros, su sexo ardiendo y se puso de rodillas delante de ese muchacho desconocido para chupársela.