6 Los cuernos
Malena tan solo lo dudó unos minutos, pero ver a ese Adonis frente a ella, le hizo perder la cabeza, salieron del restaurante y cogieron una habitación en un hotel cercano, por supuesto a nombre de él para no dejar huella y que su marido no se enterara.
Las horas dentro de aquella habitación hicieron que Malena se olvidara de todo, ese semental tan joven no era como su marido, se la folló en misionero, con los pies en los hombros y puesta en cuatro, le chupó la polla al principio y al final y al meterse en la ducha para borrar los rastros de la infidelidad, el cabroncete de Rubén quiso metérsela por el culo.
Aunque ella se negó y tuvo que conformarse con que le hiciera otra mamada y le dejase correrse en su cara.
Todos esos polvos los habían echado con condón, ella no quería problemas, no se fiaba de nadie y no quería correr riesgos de pillar una infección por culpa de una ETS.
Cuando salía del hotel en dirección a su casa, llevaba escocido el coño y los labios hinchados, la sesión de sexo había sido agotadora y deseaba llegar a casa y meterse en la cama para descansar.
Entonces se dio cuenta que tenía varias llamadas perdidas, se asustó porque eran de su esposo y empezó a buscar una excusa, no sabía que decir, estaba arrepentida a la vez que asustada, había traicionado a Carlos, le había engañado por primera vez y además con el chico que él quiso denunciar el fin de semana de la casa rural.
Si por casualidad se enteraba, su matrimonio se rompería y no habría forma posible de poder arreglarlo.
Paró el coche en el arcén y comenzó a llorar sin consuelo, se lo había jugado todo por un simple polvo con Rubén, le gustaría dar marcha atrás y que eso no hubiera ocurrido, pero lo importante ahora era qué debía decir a su marido.
Sonó el móvil y vio que era Rubén, contestó muy nerviosa y le contó lo de las llamadas y los mensajes y que no sabía cómo justificar el tiempo que habían estado follando en el hotel.
- Dile que has estado en el cine. – propuso Rubén –
Malena volvió al centro comercial y recogió del suelo una entrada de los cines que más o menos cubría el horario en el que habían estado follando.
Suspiró de alegría y volvió a casa para esperar a su esposo y pedirle perdón por no haber respondido a sus llamadas, era la excusa perfecta ya que tenía el teléfono en silencio.
Por la noche llegó su marido y le dio dos besos en las mejillas, cenaron, vieron la tele y ella se encontraba nerviosa, era la primera vez que traicionaba a su esposo y temía que él lo notara.
Al irse a la cama, Carlos quiso follar con ella, venía estresado del trabajo y necesitaba descargar las tensiones de una forma natural con su esposa.
Malena se asustó. ¿Y si tenía alguna marca en el cuerpo de haber estado follando con Rubén?
Si su marido la veía no sabía cómo justificarse, así que le dijo que estaba muy cansada, que el día había sido muy duro y que mejor lo dejaban para mañana.
Carlos se mosqueó mucho y Malena lo notó, era la primera vez que le rechazaba y eso no le gustaba.
Los días siguientes, Malena se comportó como buena esposa, hizo su vida normal, pero cuando Carlos regresaba a casa del trabajo, le llevaba al sofá antes de cenar y le hacía una buena mamada, y después se lo follaba en la cama para dejarlo agotado.
- Te quiero, amor. – decía antes de dormir para tranquilizarlo –
- Y yo a ti, mi vida. – respondía él abrazándola por detrás haciendo la cucharita -
Todo iba a las mil maravillas, pero Malena no podía apartar de su cabeza esa tarde de sexo con Rubén en la que habían follado como animales y ella había gozado como una auténtica zorra.
Por un lado se arrepentía y avergonzaba y por otro se excitaba.
Durante dos semanas no pisó el centro comercial, no quería cruzarse con Rubén de lo avergonzada que estaba, y cuando se encontraba sola en casa, a veces lloraba al tener remordimientos por lo que había hecho.
Carlos era un amor, el marido perfecto, cariños, amable, tierno, se preocupaba muchísimo por ella. Y la forma de pagárselo había sido yendo a un hotelucho para follarse a Rubén.
Pasadas dos semanas salió varios días seguidos y pasó junto a la tienda donde había conocido al chico, pero éste no aparecía y ella volvía a casa intranquila.
No sabía el motivo, por un lado no deseaba verle y por otro le buscaba.
Al final pensó que había sido tan solo la ventura de un día y decidió pasar página, continuar con su vida normal y demostrar a su marido lo mucho que le amaba.
Aunque empezó a pensar que su vida era demasiado monótona, tantas horas sola, todos los días lo mismo, de casa la gimnasio, de ahí al Club de Tenis y de allí vuelta a casa para estar horas sentada mirando la tele.
Amaba mucho a su esposo, pero cada vez estaba más convencida que necesitaba dar un cambio a su vida, después de la aventurita con Rubén había tenido un sexo bestial con Carlos, habían echado unos polvos descomunales, habían follado como nunca hasta ahora lo habían hecho.
Realmente no sabía lo que quería, ella era una persona fiel, pero desde esa tarde en el hotel, tenía un gusanillo en el estomago que le hacía creer que quizá le faltaba algo en su vida.
Por fin se había hecho a la idea de volver a la rutina, cuando estando de tiendas por el centro comercial, vio a Rubén sentado en una cafetería con una chica muy guapa, sería de su edad, unos veinte años más o menos, pero tenía un cuerpazo espectacular y una sonrisa preciosa.
Sintió celos y pasó junto a ellos dos veces para ver si Rubén la miraba y la saludaba, pero a pesar de verla perfectamente, él no dijo nada, la ignoró como si no existiera.
No, puede ser, pensó cabreada, un niñato como éste no iba a pasar de ella tan fácilmente, muchos hombres matarían por tener una tarde de sexo con ella en un hotel y disfrutar de las voluptuosidades de su cuerpo.
Se sentó en una esquina observando a la pareja, no entendía por qué sentía esa rabia tan profunda, pero no iba a parar hasta aclararlo con él, quería saber el motivo de que, después haber follado con ella durante horas, ahora la despreciase de esta forma.
¿Acaso no le gustaba? ¿Acaso no había disfrutado follándosela durante toda una tarde en la habitación cutre del hotel?
Se puso a mirar el móvil para disimular y notó una mano en su hombro dándole una palmada.
Se giró y vio a Rubén de pie junto a ella con su sonrisa perfecta.
- ¡Qué casualidad! – dijo el muchacho –
- ¡Ah! Hola. – respondió ella fingiendo no haberle visto hasta ahora –
- Estoy con una amiga. – explicó él – Si quieres puedes sentarte con nosotros.
- No, gracias. – contestó Malena muy digna – Estoy mejor sola.
Rubén se encogió de hombros y volvió a su mesa con la chica, pero de vez en cuando miraba a Malena con sonrisa maliciosa.
Ésta, se encontraba alterada, la actitud prepotente del chico la molestaba, pero no podía levantarse y macharse como hubiese deseado.
Sin saber por qué, estaba atada a esa silla como si la tuvieran encadenada.
Media hora después, Rubén se levantó para ir al baño, se acercó a ella y dejó un papel sobre la mesa.
- El viernes tengo la noche libre, éste es mi teléfono, si quieres que te folle llámame antes del jueves por la tarde.
Y sin decir más, se fue dejándola de piedra.
Ese cerdo es un presuntuoso, pensó Malena al escuchar esa proposición tan absurda e insultante, la trataba como si fuera una cualquiera, primero la ignoraba, luego la vacilaba y al final la chuleaba como si ella fuese una necesitada.
Como si llevase un cartel colgado del cuello pidiendo que alguien la follase.
Para eso ya tenía a su marido en casa todas las noches.
Vio alejarse a Rubén y recordó la tarde en el hotel, la mamada que le hizo, como él se la folló varias veces en todas las posturas imaginables, y como se la chupó en la ducha hasta que el chico se corrió en sus tetas dejándoselas cubiertas de leche.
Notó que se excitaba y sus pezones se ponían de punta como escarpias, que su sexo le quemaba y sus braguitas se mojaban.
Miró el papel varias veces, ese número de móvil le quemaba entre las manos y sabía que debía tirarlo para no llamar y volver a ser infiel.
Su marido la quería, se lo demostraba cada día, era un buen hombre, también un buen amante, le deba una vida cómoda, se preocupaba por ella hasta el último detalle.
No podía volver a caer, ya había tentado a la suerte y había salido indemne, mejor tirar el papel y seguir con su vida monótona pero fácil.
Además, al pobre de Carlos le había sido infiel su primera esposa, le había traicionado con el monitor de gimnasia.
Y ella no era así, no podía traicionarle y hacerle daño.
Pero un día que Carlos llegó tarde a casa porque tenía una cena de negocios, cogió el papel del bolso y lo miró nerviosa.
No puedo hacer esto, sería una miserable, se repitió varias veces, pero al final no resistió a la tentación y marcó el número de teléfono.
Respondió Rubén y ella colgó enseguida, le daba miedo hablar y que el chico la convenciese, con esta relación tenía poco que ganar y mucho que perder, se jugaba su matrimonio y el amor del hombre que amaba.
Minutos después entró un mensaje de Rubén.
“El viernes quedamos, estoy deseando follarte otra vez”
Se puso nerviosa y notó que su braguita se mojaba al instante.
“No” respondió escuetamente.
Vio que Rubén estaba en línea escribiendo y miró ansiosa la pantalla esperando la contestación.
“No me jodas, lo estás deseando”
“No voy a poder” escribió nerviosa.
“Di que tienes cena de amigas y ya verás como tu marido se lo cree”
Malena no respondió, borró el chat para que Carlos no lo viese y se quedó pensando qué hacer.
Por fin tomó la decisión, y una tarde dijo a su esposo que iba a cenar con unas amigas de la facultad, que se habían reencontrado por Facebook después de muchos años, y una de ellas lo había organizado todo.
- ¿No te importa que vaya? Cariño. – dijo melosa en el oído de su marido –
- Claro que no. – respondió él acariciando su mejilla – Pero se buena y vuelve pronto.