Jodida por infiel 4 La casa rural #3
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4 La casa rural #3

¿Alguno de ellos se la habría metido por detrás?

¿Lo habría hecho Pablo cuando trabajaban juntos en la misma empresa?

La sola idea de que ese cabrón hubiese obtenido algo que él no tenía, le calentó la sangre y a punto estuvo de levantarse, ponerla a cuatro patas y follársela por ese orificio trasero que tanto deseaba.

Pero Carlos era un caballero y respetaba a las mujeres por encima de todo, más aún a su esposa, a la que amaba hasta la locura y por la que estaría dispuesto a jugarse la vida.

- Relájate, cariño. – pidió ella con su vocecita fina –

Malena no quería que se alterase, iba a dejarle agotado si era preciso para que se olvidara de todo, mañana le diría que iba ella a la tienda para dar constancia del atrevimiento de Rubén y que su jefa le llamara al orden.

Pero lo de la denuncia en la comisaría no quería ni escucharlo, eso al final iba a traerles problemas a todos y no merecía la pena, podía ser el fin de su matrimonio.

Envolvió el capullo con los labios y dio lametones sin parar al frenillo que tenía debajo, vio que su esposo se tensaba y se golpeó la lengua con el glande varias veces, mirando con cara de vicio a su marido para provocarlo.

- Te amo, Carlos, te amo mucho, no podría vivir sin ti, no me dejes nunca.

- Y yo a ti, mi amor. – respondió él -

Su esposo acarició la melena y la obligó a inclinar la cabeza, Malena se la metió entera en la boca haciendo una garganta profunda, sabía que eso a su marido le gustaba y quería darlo todo, tenía que arrancar de su cabeza las dudas que tenía para que olvidase los problemas y la amase como antes.

Carlos vio que se corría y avisó para que se apartara, pero ella siguió chupando hasta que la llenó la boca con su esperma, trago cada gota, lamió la punta del glande y sacó la lengua para que su esposo la mirase.

- Mira tu leche, mi vida. – dijo volviendo a metérsela dentro para que no cayese al suelo –

Después se acurrucó junto a él y se hizo la dormida para evitar volver a hablar de lo ocurrido en la casa rural durante el fin de semana.

Por la mañana, Carlos se despertó y la vio desnuda a su lado, vio su cuerpo perfecto, sus nalgas redonditas y carnosas y esas tetas que llamaban la atención y que a él le volvían loco.

Salió sin hacer ruido y se fue a trabajar a la empresa.

Y así transcurrieron los días en los que ambos se demostraban amor cada día al volver a casa.

Pero una mañana Carlos quiso tener un detalle y la llamó para comer con ella, había cerrado la compra de un terreno muy importante donde iba a construir una torre y quería celebrarlo con su esposa.

El teléfono sonó varias veces pero Malena no contestó, eso le puso en alerta, ella hoy no tenía planes en el club de tenis, así que debería estar dando una vuelta por el centro comercial.

Cogió el coche y fue en su busca, dio vueltas por todas las plantas y tiendas donde ella solía acudir a comprar, pero Malena no estaba y llamó de nuevo para ver si ahora respondía.

Las llamadas fueron infructuosas y mandó un whatsapp preguntando dónde estaba, esperó unos minutos pero ella no lo leía, se puso nervioso y al final se marchó al trabajo, no entendía por qué su esposa no respondía y decidió que lo hablaría con tranquilidad esa noche cuando llegara a casa.

Cuando volvió por la noche la dio dos besos en la mejilla, pero notó algo raro en su esposa, estaba nerviosa, distraída, iba a preguntar dónde había estado pero prefirió esperar, primero deseaba hacer el amor con ella y después, en la cama, preguntar cómo había ido su día.

Para sorpresa de Carlos, ella le rechazó, dijo que estaba cansada y necesitaba dormir un poco, se metieron en la cama pero él no tenía duda, Malena estaba despierta y fingía que dormía, eso le puso una vez más en alerta, algo había pasado que a él se le escapaba, no quería preguntarle a ella porque seguro mentiría, necesitaba averiguarlo por sí mismo y lo haría a partir de mañana.

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La vida de Malena era de lo más agradable

Iba de tienda en tienda y de cafetería en cafetería, pero un día conoció a un muchacho que llamó su atención, era un joven de unos 20 años muy guapo y musculado, que cada vez que abría la boca, se veían sus dientes blancos de anuncio de televisión.

Todo se torció cuando recibió la invitación para el fin de semana en la casa rural, porque allí estaba este chico con el que ella tomaba café algunas mañanas, era el guía que habían puesto para que los acompañase, y desde la primera noche se tomó confianzas que no debía, causando la irritación de su esposo y la casi ruptura de su matrimonio.

Por eso, al ver el enfado de Carlos, decidió ir a la tienda para hablar con él y dejar las cosas claras, lo que había ocurrido esos días en la casa rural no se volvería a repetir nunca más, a partir de ahora iban a ser dependiente y clienta sin ninguna relación de confianza.

El lunes siguiente a la estancia en la casa rural, cuando Malena se despertó, se dio una ducha y se miró en el espejo, entonces observó que tenía marcas de dedos en el interior de los muslos, tuvo un sobresalto y se alegró de que no las hubiese visto su esposo.

Se puso unos vaqueros ajustados que marcaban su estupendo culazo y una camiseta de tirantes sin sujetador debajo que resaltaba sus enormes tetas naturales.

Fue al centro comercial y entró en la tienda que le había regalado el premio, preguntó por la dueña pero allí no estaba, entonces vio que Rubén salía por la puerta del almacén.

Se puso nerviosa y miró hacia otro lado, pero se dio cuenta que iba directo hacia ella.

- Hola preciosa. – dijo con su sonrisa de siempre –

- Hola. – contestó muy seca –

El chico la miró esperando que dijese algo, pero al ver que se callaba fue directo al grano.

- ¿Qué tal con Carlos? ¿Se lo ha creído todo?

- Joder, Rubén, quería denunciarte.

- ¿A mí? Jajaja. ¿Por qué?

- Por ….por.. - titubeó al decirlo – Por intentar besarme.

- Jajaja, ¿Eso le contaste?

- ¿Algo tenía que decir? Joder.

- Pues dile que me denuncie, que aquí le estoy esperando.

- No me jodas. ¡Eh! – exclamó preocupada – Bastante me has jodido durante el fin de semana.

Rubén estaba tanteando hasta donde atacar a Malena, veía que estaba nerviosa y era un buen momento para aprovecharse de ella.

- Te regalaron el fin de semana porque yo insistí a mi jefa, le dije que eras de las mejores clientas porque quería estar contigo esos dos días en el campo, lo que no esperaba es que fueses con el capullo de tu marido. Vamos, no me jodas.

- ¿Cómo iba a ir si no?

- Tú sola, coño.

- Bufff. Mira, Rubén. – dijo resoplando – Desde que compro aquí nos llevamos muy bien, eres un tío muy majo, pero eso no significa que vaya a follar contigo cada vez que nos veamos.

- Ya, pero cuando tomamos café te lo pasas bien conmigo. ¿O no?

Malena sonrió, lo que decía el chico era cierto, lo conoció un día en la tienda y luego lo vio otras dos o tres veces más, así que un día él la invitó a tomar café en una de las cafeterías del centro comercial, ella se resistió pero finalmente aceptó, tras ese café habían desayunado otra vez y la verdad es que Rubén era muy gracioso.

Pero en ningún momento se le pasó por la cabeza poner los cuernos a su esposo.

Lo malo es que en la casa rural todo se había torcido, y entre las copas del viernes y el paseo a caballo de la mañana del sábado, se le había ido la cabeza y se había comportado como una zorra infiel.

- Vamos a tomar café y charlamos. – propuso Rubén cogiéndola de la cintura –

- Suéltame. – protestó ella – Que puede vernos alguien conocido.

Pero a pesar de todo, salieron de la tienda y fueron a una cafetería cercana, allí desayunaron y charlaron como amigos, aunque cualquiera que los viera podría pensar otra cosa, porque Rubén acariciaba su mano y ella no la quitaba, dejaba que lo hiciera y se reía mucho con las tonterías que decía.

Ese muchacho tan joven la tenía cautivada, la encantaba estar con él, disfrutaba de su charla y sobre todo de los roces de su piel, notaba que tenía el vello erizado y se excitaba mucho al tenerlo a su lado.

Así continuaron durante semanas, ella iba al club de tenis pero se escapaba en cuanto podía y quedaba con Rubén para comer en la cafetería.

Parecía que su esposo ya se había olvidado de todo y ella se movía más tranquila, si alguna vez preguntaba, decía que había ido al club de tenis, a la peluquería o que había comido con alguna amiga.

Pero una cosa lleva a la otra y al final, sin buscarlo, terminó cayendo en sus brazos.

Rubén quedó con ella a comer y la estuvo echando piropos, acarició el interior de su muslo con la mano por debajo de la mesa y ella la retiró, pero el chico no era fácil e convencer y a los pocos segundos volvió al ataque.

Esta vez la mano se metió ligeramente bajo la falda y acarició el interior de los muslos sin que ella en ningún momento la retirara, estaba como en un sueño, como cuando era adolescente y ligaba con los muchachos del barrio.

Bebieron unos vinos, después unos chupitos y él la beso en el hombro, a Malena se le erizaron todos los pelos del cuerpo y no supo apartarlo, cerró los ojos y se dejó hacer sin evitarlo.

Rubén metía la mano por debajo de su falda y rozaba con los dedos el bordecito de la braga.

- Ummm. – suspiró al tiempo que abría las piernas más de lo necesario –

El chico pasó los dedos por el centro de la braga recorriendo esa rajita que ya estaba muy mojada.

Él la beso junto a la comisura de los labios y sacó la lengua para rozarlos un poco, ella se giró y aceptó que esos labios se apretaran contra los suyos y las lenguas se fundieran en su boca.

Rubén la propuso ir a un hotel y ella dijo que no, pero en el segundo intento vio como la cogía de la mano, se levantaban de la mesa y la guiaba hacia el aparcamiento sin que ella protestara.