Jodida por infiel 4 La casa rural #2
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4 La casa rural #2

Malena se asustó y pidió al chico que se marchara.

- ¿Qué… qué te pasa? Amor. – preguntó titubeante –

- ¿Qué me pasa? ¿Qué me pasas dices? Joder, Malena, ya ni siquiera te escondes, vais de excursión los cuatro y te quedas con él.

- Pero, amor.

- Ni amor, ni leches. Hasta la otra pareja ha dicho que os estabais metiendo mano y que os quedabais para follar.

- Eso es mentira. – chilló ella –

- ¿Mentira? Jajaja. – exclamó con fingida sonrisa – Por eso en vez de esperarme cuando te he llamado, has subido corriendo a lavar las bragas que llevabas.

A Malena le subieron los colores y se puso roja como un tomate.

- No, amor, te lo puedo explicar.

- NO, Malena, no. No puedes explicar nada, está todo claro, ese pedazo de cabrón te ha follado en mitad del campo, y como traías las bragas manchadas con su semen, has subido corriendo a lavarlas.

- Te juro que eso no es cierto, cariño, te juro que….

- Me cago en todo, Malena, me cago en la puta excursión de los cojones, ayer me mandas mensajes diciendo que me echas de menos y ahora te veo tan contenta, regresando de una excursión sola con Rubén.

- Pero cari….

- Vaya suerte tengo eligiendo parejas, todas me dicen que me quieren y todas acaban traicionándome, me jodió la vida mi ex y ahora me la jodes tú.

- Mi amor, te juro que….

- No jures tanto y quítate el pantalón. – soltó Carlos de sopetón -

Malena se quedó pálida y sus piernas comenzaron a temblar sin que ella pudiera evitarlo.

- Venga, coño, quítate el pantalón de una puñetera vez.

Se puso de pie, desabrochó los botones y dejó caer el pantalón poco a poco hasta que éste cayó al suelo quedándose desnuda de cintura para abajo.

- Que hija de puta. – exclamó Carlos tapándose la cara con las manos derrotado – Ni te has molestado en ponerte otras, sigues sin bragas, con el coño al aire, después de que Rubén te haya follado y te lo haya llenado de semen.

- NOOOO. – gritó ella llorando – Te equivocas, no hemos hecho nada, te lo juro, solo nos hemos……

- Vete a la mierda, Malena, ya no me sirven tus excusas, en Tenerife con Pablo en el reservado, aquí con Rubén paseando a caballo, debéis estar todos descojonándoos de mi, del pobre viejo inocente.

- Amor, por favor, no digas eso, créeme.

Carlos se levantó y salió de la habitación, bajó al salón y buscó a la otra pareja para que confirmaran delante de ella lo que habían dicho antes.

Pero no estaban allí y le preguntó a Rubén.

- ¿Dónde coño están?

- Se han ido. – respondió mirándole con altivez y sonrisa burlona – Tenían algo urgente que hacer en Madrid.

Malena había bajado y estaba justo detrás de Carlos intentando coger su mano.

- ¡Suéltame joder! – chilló enfurecido – Puedes quedarte con él, que disfrutéis los dos de lo que queda de fin de semana, así puedes terminar lo que ya habías empezado.

- No hemos hecho nada. – contestó el muchacho esbozando un pequeña sonrisa –

- Si, ya. – respondió Carlos con ironía – Antes has estado montando a caballo y ahora te la puedes montar a ella si quieres, no te preocupes, ya no es mi mujer.

- No te vayas, Cari, me voy contigo, espera.

Ella subió a hacer la maleta corriendo, pero él se montó en el coche y se fue dejando a su esposa en la casa rural sola con Rubén.

Por el caminó recibió varias llamadas pero no contestó a ninguna, su esposa le había engañado otra vez, la suerte estaba echada, ya no había perdón posible y su matrimonio una vez más terminaba por una infidelidad.

Esa noche no pegó ojo, estuvo en vela sufriendo de nuevo, era la segunda vez que una mujer le engañaba, la segunda que le tomaban el pelo, estaba harto de sufrir, él no lo merecía, tanto a Malena como a su ex las había dado todo cuanto tenía.

El domingo se levantó y se sentó en el sofá donde estuvo todo el día bebiendo, no comió nada porque nada le entraba, solo apuraba una copa y se servía otra, así hasta que cayó de bruces en el suelo y no pudo levantarse.

Le pareció que se abría la puerta y entraba alguien en la casa, pero no estaba seguro porque el suelo y las paredes giraban sin cesar como si estuviese montado en un tiovivo, tenía una melopea de las buenas y ni veía ni escuchaba.

Se despertó la mañana de lunes, y al intentar ponerse en pie, notó que se mareaba. En ese momento escuchó una voz que le pareció como si un ángel le hablara.

- Ay, amor. ¿Cómo se te ocurre beber tanto? Mira como estás ahora.

Se giró y vio que era Malena quien le sujetaba.

Fueron al baño y Carlos echó todo lo que había bebido.

Mientras vomitaba, Malena puso la palma de la mano en su frente y con la otra le acarició el cabello hasta que pudo por fin levantarse. Después le llevó a la cama, le quitó la ropa que aún llevaba puesta y le tumbó para que descansase.

- Ayer dijiste cosas muy fuertes, cariño. – susurró mesándole el pelo –

Carlos no respondió, no tenía fuerzas para abrir la boca.

- Crees que soy una puta o algo parecido, que me acuesto con el primero que pillo, pero yo no soy así y me da pena que lo pienses.

- No… no es que… - se trabó por el mareo - No es que lo piense, es que lo dijeron ellos.

- ¿Quién? Mi amor. – interrogó ella –

- La otra pareja, dijeron que os habían visto, que os metíais mano todo el tiempo y que os habíais quedado solos en la cascada para echar un polvo.

- ¡POR DIOS! Carlos. No me jodas que te creíste eso.

- ¿Tú no lo creerías? - preguntó mirándola a los ojos –

Malena mantuvo su mirada y respondió a la pregunta visiblemente turbada.

- Tal vez sí. – contestó con tristeza - Pero te juro que no es cierto, no hicimos nada, tan solo nos metimos bajo la cascada y nos bañamos en la poza del río.

- ¿Y las bragas?

- Jo. Es que me da mucha vergüenza. – respondió poniéndose roja –

- ¿Qué pasó? Dilo.

- Como no llevábamos bañador, nos metimos al agua con ropa interior, por eso subí corriendo a la habitación y por eso lavé las braguitas, porque sabía que ibas a enfadarte conmigo y no quería echar a perder lo que quedaba del fin de semana.

- ¿Y el sujetador?

- Jo, Cari, ya sé que está mal, pero el agua estaba tan limpia, la cascada era tan bonita que. ¡Ojalá hubieses estado conmigo!

- ¿El sujetador? – preguntó de nuevo –

- Jo, amor, es que…. Es que no llevaba.

- ¿Te metiste con la camiseta?

- No, me la quité.

- ¿Te quedaste tan solo con las bragas delante de ese cabrón?

- Lo siento, amor, lo siento mucho, te lo juro, no volveré a hacerlo nunca, pero es que estaba tan limpia el agua que no pude evitarlo.

- Me cago en la leche, Malena.

- Te juro que me negué varias veces, pero él insistió e insistió. Jo, me dijo que sentir el contacto de ese agua era tan …. Ufff. No sé, y al final cedí, me quité la camiseta y me bañe con las braguitas puestas. Lo siento, perdóname, porfi, no se volverá a repetir.

- Malena, no me jodas, si no haces toples ni cuando vas conmigo a la playa.

- Lo sé. – respondió bajando la cabeza – Pero te quiero muchísimo y tú a mí también, tenemos que arreglarlo, te prometo que nunca haré nada que te moleste, pero no quiero que me dejes, te quiero demasiado para perderte.

5 Todo vuelve a su cauce

Carlos analizaba cada una de las palabras, no podía creer que nada hubiera pasado, Rubén era un depredador nato, lo notó nada más llegar a la casa rural y al ver como se comportó la primera noche mirando las estrellas. Pero quería fiarse de su esposa, tenía que hacerlo porque la amaba.

La tarde del sábado, estando solo en casa, había sido muy dura y prefería pensar que Malena no mentía, que el cabrón de Rubén lo había intentado pero ella no se había dejado.

Porque si algo tenía claro, es que Rubén había tirado los trastos a Malena sí o sí, no iba a perder la ocasión de follarse a una mujer con el cuerpazo y la belleza que tenía ella.

- Cariño. – dijo y esa sola palabra hizo que Malena sonriera – Me juras que no ocurrió nada.

- Te lo juro, amor.

- ¿Rubén intentó en algún momento besarte o acostarse contigo?

- No, Cari…. – dudó – Bueno.

- Bueno. ¿Qué?

- Cuando nos bañábamos intentó abrazarme, pero fue para hacerme una aguadilla.

- ¿Solo eso?

Vio que su esposa desviaba la mirada y supo que le estaba mintiendo.

- Repito. ¿Solo eso?

- Ufff. Jo, Cari. – respondió nerviosa – Intentó besarme pero no le dejé.

- Mañana voy a ir a esa tienda a poner una reclamación y después a la comisaría de policía a interponer una denuncia por agresión sexual contra ese cabrón

- NO, AMOR. – chilló asustada –

- ¿Cómo que no? ¿Por qué?

Malena lo meditó unos segundos, tenía que dar una respuesta convincente a su marido para no seguir adelante con la denuncia.

- Porque es joven, Cari, y podemos joderle la vida.

- ¿Joderle la vida? No me jodas Malena, ha sido él quien ha estado a punto de jodérnosla a nosotros por intentar follar contigo.

Malena vio la oportunidad y saltó sobre su esposo cubriendo su cara de besos.

- Has dicho que ha estado a punto. ¿Eso es que quieres seguir conmigo?

Sin dejarle contestar, le dio un morreo primero y después le agarró el miembro meneándolo con suavidad y bajando la cabeza para metérselo en la boca.

Carlos cerró los ojos, cogió con sus manos la cabeza de Malena y la sujetó acompasándose al vaivén que ella tenía haciéndole la mamada.

- Ummmmm. – gimió y eso la tranquilizó –

Se dedicó en cuerpo y alma a dar placer a su marido para que gozase y se olvidase de Rubén, de la maldita casa rural y de su baño en toples en el agua del río junto a la cascada.

El hombre estaba tumbado en la cama contemplando como ella se encontraba inclinada entre sus piernas con el culo levantado hacia arriba.

Le hubiese gustado pedirla que le entregara el culo, en dos años de matrimonio nunca lo había hecho y ella no se lo había ofrecido.

El culazo de su esposa era realmente espectacular, era de los que llaman la atención cuando se ponía ropa ajustada. Y seguía esperando que ella tuviera la iniciativa, no quería ser él quien diera el paso para no hacerla sentir mal y para que no pensara que era un pervertido.

En ese momento le vinieron a la cabeza multitud de pensamientos sucios que por mucho que intentaba apartar se repetían.

¿Con cuántos hombres se habría acostado Malena antes de conocerla?