Jodida por infiel 4 La casa rural
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4 La casa rural

La pobre se puso a llorar viendo como el coche se alejaba, como su esposo se iba y la dejaba sola, sabía que había metido la pata otra vez y encima no había pedido perdón a su esposo.

Pero es que ella era así, no había dado importancia a que Rubén la abrazase y tampoco había oído la conversación de la otra pareja, que al fin y al cabo es lo que más había encendido a Carlos al escucharlos.

Entró en la casa y los tres trataron de animarla, quitaron importancia al enfado de Carlos y le dieron a ella la razón.

- Tu marido es muy celoso, es muy inseguro. – dijo la chica – No deberías hacer siempre lo que él te pida o acabarás siendo su esclava.

- Malena, no te deja respirar, te tiene atada. – añadió el marido – No te preocupes que ya se le pasará.

- Lo siento. – fue lo que dijo Rubén – Lo hice sin darme cuenta.

- No pasa nada. – contestó Malena llorando – Ha sido culpa mía.

- ¿Tuya? NOOO. – chilló la chica – Si no quiere estar con nosotros, mejor, mañana nos vamos los cuatro y tú tienes que pasártelo bien, olvidarte de él, ya haréis las paces cuando vuelvas el domingo a casa, al final todos los hombres son iguales y se conforman con lo que tú ya sabes, un buen polvo y todo solucionado. Jajaja.

Todos rieron la gracia y Rubén pasó la mano por la espalda de Malena intentado calmarla.

Ella estaba tan hundida que eso la reconfortó, sintió el apoyo del guía cuando más lo necesitaba.

- Vete a la cama y mañana verás todo de otra forma, ya verás que bien lo pasas cuando paseemos a caballo.

Malena fue a la habitación y llamó a Carlos por teléfono pidiéndole perdón, le rogó que volviera, que no quería estar allí si él no estaba con ella y que le gustaría montar a caballo con él a su lado.

Como no contestó a la llamada, dejó el mensaje en el buzón de voz y se lo envió también por whatsapp. Al ver que no respondía se tumbó en la cama quedándose dormida.

Por la mañana, cuando bajó al desayuno, los tres la abrazaron e intentaron animarla.

- No te preocupes, Malena. – dijo la chica – Ya verás como mañana se le pasa, hoy tienes que divertirte, pasarlo bien con nosotros, así que olvídate de tu esposo, si te quisiera de verdad no se habría ido por esa tontería, estaría aquí contigo disfrutando del fin de semana.

- Es que no entiendo que dejes a tu mujer abandonada porque el guía de la excursión la explique las estrellas. – añadió el chico para más inri – Es lo más normal del mundo, yo a mi mujer no la dejaría nunca. Su comportamiento es de inseguros y celosos.

Malena quería explicarles que el problema de su marido es que su anterior esposa le había engañado acostándose con otro, pero prefirió no decir nada, esas cosas son personales y a Carlos no le gustaba a airearlas.

Al final desayunaron, prepararon los caballos y salieron por la ruta que Rubén indicaba, ella miró al camino de entrada a la finca, le hubiese gustado que su esposo llegara y la acompañara, pero Rubén se puso a cabalgar a su lado y Carlos pasó al olvido, la conversación con el chico era amena y se divertía mucho.

Después de cinco kilómetros, éste dijo que había una poza de agua cerca de donde se encontraban en ese momento que tenía una cascada muy bonita, si querían podían ir a verla y darse un baño antes de volver a la casa para la barbacoa.

A Malena la idea le pareció estupenda, aunque dijo que le hubiese gustado estar con Carlos para hacerlo juntos, que le echaba mucho de menos y que todo esto sin él no era lo mismo.

- No seas boba. – dijo la chica – No vas a tener otra oportunidad para verla.

- Pues nosotros vamos. – afirmó su pareja – Así que no vas a volver sola a la casa, lo mismo te pierdes por el camino. Jajaja.

Al final accedió a ir a la cascada junto a ellos, pero cuando llevaban dos minutos por el camino, la otra pareja recibió una llamada y se disculparon por no acompañarlos, tenían que volver a la casa para hacer una gestión urgente.

- Nos vamos todos. – propuso Malena –

- NOOO. – exclamó el hombre de la otra pareja – Tú vete con Rubén a ver esa cascada tan maravillosa. ¡Ojalá pudiéramos ir nosotros!

- No me parece bien si no vais vosotros. – contestó ella -

- No seas boba. – replicó la chica – Ve tú con él, haz fotos y durante la comida nos muestras si es tan bella como dice Rubén

Malena pareció dudar, pero el guía se acercó con su caballo.

- Venga, anda, te vas a perder lo mejor de la jornada, ya verás que cascada más preciosa.

Al final se dejó convencer y continuó a caballo con el guía mientras la otra pareja volvía en dirección a la casa.

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La noche anterior, Carlos bajaba en el coche hacia Madrid y no dejaba de pensar en Malena, se había puesto celoso y habían discutido por una tontería, tenía razón su esposa, ni siquiera se habían besado, no habían hecho nada grave, tan solo Rubén había pasado la mano por la espalda de su esposa.

Pero para él eso no era normal, no era aceptable, así que le había salido de forma instintiva ese genio que tenía y que no podía controlar.

Con su ex le pasaba lo mismo, era un bellezón impresionante y los hombres la echaban los trastos a la primera oportunidad que tenían.

Ella siempre se quitaba los moscones de encima, pero como pasaba muchas horas sola, a él le quedaba la duda de que cuando no estuviera presente, su esposa tuviese algún rollito con alguien.

Ese fue el motivo de su divorcio, un día que volvió pronto del trabajo la pilló con el monitor de gimnasia, tuvo que ver con sus propios ojos como aquel animal lleno de esteroides se la follaba en su propia cama.

Entonces vio la llamada de Malena pero no quiso contestar, prefirió que pasase un rato para poder tranquilizarse.

Al llegar a casa oyó el mensaje de voz y vio el de whatsapp, en los que le pedía disculpas y le decía que quería que estuviese con ella.

Le entraron ganas de coger el coche y volver otra vez a la casa rural para cubrirla de besos, pero también tenía otro mensaje de voz diciéndole que había un tema urgente en el trabajo, así que pensó solucionarlo a primera hora del sábado y luego subir con Malena para disfrutar con ella lo que quedaba del fin de semana.

No la llamó ni la dijo nada porque quería que fuese una sorpresa, seguro que cuando le viese iba a estar encantada.

Por la mañana se levantó fue a la oficina de la empresa y miró lo que le habían dicho que estaba mal, pero allí no encontró problema alguno, todo estaba correcto. Llamó a su mano derecha y éste dijo que él no sabía nada.

A Carlos le pareció raro, pero casi era mejor así, tenía prisa por subir a la casa rural y con un poco de suerte llegar antes de que salieran a montar a caballo.

Por mucho que corrió, cuando llegó ya habían salido y tuvo que quedarse en la puerta esperando.

Pasadas dos horas, a lo lejos vio aparecer dos caballos, fue rápido a ver si era Malena porque deseaba abrazarla, pero ella no estaba allí, era la otra pareja.

Los saludó y estos respondieron al saludo pero le miraron sonriendo de forma un tanto extraña, después entraron en la casa y se sentaron en la terraza a tomar unas cervezas.

Carlos se quedó dentro del salón mirando cosas en el móvil, pero pudo escuchar que los dos hablaban de su esposa.

- ¿Has visto como se han abrazado? – dijo la chica –

- Ya te digo. – respondió el chaval – Malena está coladita por él.

- Yo ya me sentía hasta incómoda. – añadió la chica – No paraban de tocarse, a cada momento se metían mano delante de nosotros.

- Pues ya verás ahora que se han quedado solos. – dijo el chico –

- Rubén se la folla, ella lo está deseando.

- No te jode. Pues mira que ayer decía que estaba triste porque se había ido el cornudo del viejo.

- Si, si, eran lágrimas de cocodrilo. Jajaja.

- Que poco ha tardado en olvidarse de su esposo y encamarse con Rubén. Jajaja.

- Jajaja. Es que no hay comparación, su esposo es un viejales y el chaval está para mojar pan y echarle tres polvos.

Carlos lo escuchaba todo y se estaba encendiendo por minutos. ¿Por qué no habían vuelto Rubén y Malena? Si la excursión estaba organizada, deberían haber vuelto los cuatro juntos.

No, no podía creer que Malena se hubiese follado a Rubén, eso era imposible. ¿Seguro que no mentían?

Salió de la casa y fue a dar un paseo, necesitaba relajarse y aclarara las ideas. Subió a un cerro que había junto a la casa y allí estuvo pensando, tenía que hablar con Malena para que le aclarase todo lo que había pasado desde que se fue ayer por la noche.

¿Qué había ocurrido con Rubén? ¿Por qué la otra pareja decía que se habían sentido incómodos al ver como se metían mano durante la excursión?

Estaba ensimismado en sus pensamientos cuando se dio cuenta que Malena y Rubén habían llegado y entraban en la casa, bajó a toda prisa del cerro y llamó a voz en grito a su esposa.

Ésta le oyó y miró en su dirección, pero en vez de esperarle para abrazarle y demostrarle que se alegraba de que hubiese vuelto, entró corriendo en la casa directa a la habitación.

Carlos subió detrás y vio a Malena en el baño, estaba lavando algo y al verle a él lo escondió.

Entró, la abrazó por detrás y vio que eran unas bragas lo que tenía en el lavabo.

Se quedó parado de golpe, a la cabeza le vinieron de nuevo los recuerdos de Tenerife, aquellas braguitas blancas de encaje lavadas después de haber estado con Pablo.

¿Por qué lavaba éstas? ¿Qué prisa tenía por lavarlas antes de hablar con él?

Le había oído perfectamente cuando la llamaba antes de entrar, si tanto quería estar con él, si tanto le echaba de menos como había dicho por la noche. ¿Por qué la había ignorado ahora y había subido corriendo a la habitación?

Empezó a ponerse nervioso y sintió que le subía la tensión, salió del baño y se sentó en la cama al notar que se mareaba.

Se despertó sin saber cuánto tiempo había perdido el sentido, pero allí junto a él estaban Malena y Rubén.

- ¿Qué tal estás? Cari. – preguntó ella visiblemente nerviosa –

- ¿Necesitas algo? – preguntó Rubén –

Carlos se despejó un poco, se incorporó sobre los codos y se dirigió al chico de malos modos.

- Si. Que salgas de esta habitación. ¡JODER! Tengo que hablar con mi esposa.