3 Aclaraciones
Ella se quedó pálida y se derrumbó llorando en la cama, su marido lo sabía, había descubierto lo que se hacía en el reservado de la discoteca.
Cogió el móvil pero las manos la temblaban, pensaba que tenía ganada la partida al ver las fotos de la mamada, pero ahora todo se volvía contra ella y no sabía cómo defenderse.
Marcó el número a duras penas y sonó el tono de llamada, se encontraba desesperada, podía perder a su esposo, el hombre al que amaba, y todo por una tontería de la que apenas recordaba nada.
Estaba bebida y entró en el reservado porque Pablo la engañó, no porque ella quisiese, y lo que ocurrió después prefería olvidarlo.
- .….
- Pablo, mi marido sabe lo del reservado.
- …..
- ¿Cómo que te da igual? Puedo perder a mi esposo. ¡Joder!
- …..
- Eres un hijo de puta, tú me obligaste.
- …..
- No, no puedo contárselo, me dejaría si se enterase.
- …..
- No sé, intentaré hacer algo, pero como no salga bien voy a buscarte donde sea y te mato, pedazo de cabrón.
Colgó el teléfono se visitó deprisa y salió a buscar a Carlos, tenía que hablar con él para pedirle perdón, los dos habían metido la pata y tenían que solucionarlo.
Buscó por todo el hotel pero no lo encontraba, los bares ya estaban cerrados y pensó que quizá había ido a uno de los pub que había en los locales de alrededor.
Carlos estaba sentado en una hamaca junto a la piscina y la vio pasar de un lado a otro buscándolo desesperada, pero no dijo nada, se quedó allí meditando, tenía que tomar de una vez la decisión, o la perdonaba o hacía las maletas y se marchaba, no podían continuar discutiendo los cuatro días que les quedaban.
Vio que Malena salía y subió a la habitación, entró un segundo en el baño y vio unas braguitas blancas colgadas en la ducha, las tocó y comprobó que estaban mojadas, como si momentos antes acabaran de lavarlas.
Como tenían una bolsa en el armario donde metían la ropa sucia, miró en ella y vio todas las bragas que Malena había usado durante la semana, solo faltaba una que era la braguita blanca de encaje que llevaba puesta hoy cuando salió de la habitación.
Una idea saltó en su cabeza. ¿Por qué había lavado ésta en lugar de meterla en la bolsa como las demás? ¿Qué le había ocurrido a esta braga para que no la guardara junto con las otras?
Solo pensó en una cosa, que habían quedado restos de algo y no quería que él lo notara, y solo había algo que pudiese molestarle, semen goteando de su coño y que fuese de otro hombre, del hijo de puta de Pablo.
Sintió que se ahogaba y tuvo que lavarse para refrescarse, se sentó en la cama y luego decidió tumbarse. Llevaba mucho tiempo sin dormir y casi sin darse cuenta cayó en un sueño profundo y relajante.
Por la mañana se despertó y no sabía cuántas horas llevaba durmiendo, miró a su lado en la cama y comprobó que Malena no estaba, dio un salto para vestirse y salir a buscarla, pero entonces vio que ella salía del baño y le miraba con carita tierna.
- Lo siento, mi amor. – dijo con vocecita melosa –
Se acercó a él y le abrazó pegando a su pecho las tetas, iba desnuda y Carlos notó esos pezones erectos rozando su piel al instante, notó que su vello se erizaba y su miembro se ponía duro de cojones.
- Te quiero, amor. – dijo como si fuera una adolescente – Estamos de vacaciones y no quiero que discutamos, y como se que te gusta, he comprado unas entradas para ir al Loroparque.
Carlos estaba en tensión, por un lado deseaba abrazarla, decirle que le amaba y que quería vivir con ella toda la vida, pero por otra no dejaba de pensar en el reservado y en esa maldita braga, esa que ella había lavado para ocultar alguna prueba inculpatoria.
- ¿No dices nada? Cari. – preguntó fingiendo un puchero – ¿No te gusta mi regalo?
No pudo evitar apretarla contra su pecho, la quería más que a su vida y le daba miedo perderla, ella había cometido un error pero también lo había hecho él al dejar que esa desconocida le hiciera una mamada en la playa.
- ¿Firmamos las paces? Cari. – preguntó Malena nerviosa -
Carlos la dio un beso en los labios y ella acarició su verga, pasó la mano por el tallo subiéndola y bajándola despacio, vio que se ponía más dura y se puso de rodillas de inmediato.
No hicieron falta palabras, Malena escupió en la verga y la saliva se deslizó por el tronco desde el glande hasta la pelvis, se la metió en la boca y le hizo una mamada de escándalo, rozando el frenillo por abajo, jugando con la lengua y acariciando los huevos con la mano.
Carlos cerró los ojos y la cogió por el pelo, tiró de ella contra su cuerpo y la metió la polla hasta el fondo.
- Ummm…. sigue, amor…… Ummm… sigue chupando. – rogó sin soltarla un segundo -
Lo deseaba desde anoche, necesitaba que se la hiciera ella para olvidar la mamada que había pagado con dinero, quería demostrar a su esposa que solo la quería a ella.
Malena se esmeró como nunca, hizo una garganta profunda y relamió cada uno de los poros de esa verga maravillosa, se la sacó de la boca y comprobó que la saliva resbalaba hacia abajo y un hilillo colgaba desde sus labios hasta la punta del capullo.
- Uffff. Me encanta chupártela, amor. – dijo punteando el glande con su lengua – Tienes una polla preciosa y no me canso de mamártela.
Carlos soltó un suspiro profundo y empujó las caderas hacia delante, sujetando la cabeza con sus manos para que no se retirara y meterla entera en la boca húmeda y cálida de su esposa.
- Ummm. Mi amor. – chilló ella excitada – Me gusta que me folles la boca, métemela hasta el fondo, quiero que te corras.
Él ya no pudo más y la embistió con un golpe de cadera que hizo que su esposa casi se ahogara, pero no paró y continuó follando su boca hasta que soltó toda la carga inundándola de leche blanca y espesa.
- Yaaaa, amor, yaaaa. – gritó en el sumun del placer mientras ella se la chupaba con esmero –
Hizo que se levantase y se besaron en los labios, primero con tranquilidad, pero después de forma sucia y guarra, morreándose como adolescentes, mordiéndose los labios y mezclando sus salivas.
Ninguno dijo nada, preferían no hablar, habían sellados las paces y ahora tocaba disfrutar.
Desayunaron tocándose las manos, dándose besos a cada instante y después alquilaron un coche para ir al Loroparque.
Pasaron un día estupendo y cenaron por la noche en un restaurante llamado “El Monasterio”, disfrutaron de las vistas a la Orotava y después tomaron una copa en un pub del Puerto de la Cruz donde había un hombre que cantaba imitando a Elvis.
Por último, y ya rendidos, volvieron al hotel para descansar un poco antes de follar como conejos.
Los restantes días fueron de puro descanso, tomar el sol en las hamacas, pasear de vez en cuando por la playa y comer y cenar cada día en un sitio distinto, pero ninguno habló de Pablo ni de la discoteca, del reservado o la prostituta, aunque Carlos seguía con la duda de si Malena había vuelto a follar la tarde que se fue con ellos en el coche y lavó la braguita blanca de encaje.
Volvieron a Madrid y todo volvió a su ritmo de siempre, Carlos al trabajo y ella al club de tenis y al gimnasio.
Aunque Carlos no podía olvidar lo ocurrido en el reservado, más que nada porque aquellos dos amigos de Pablo se habían reído a su costa viéndole ir de un lado a otro como un pollo sin cabeza.
Y las braguitas blancas, si las había lavado era porque tenía que ocultar algo.
Todas las mañanas iba al trabajo pero su mente no descansaba, no podía centrarse y al final volvía a casa desquiciado.
Al final decidió vigilar a su esposa, quería saber cada uno de sus movimientos, dónde iba, con quién hablaba, incluso controlar sus llamadas de teléfono.
Contrató al detective y éste la siguió durante semanas, pero su comportamiento era estricto, siempre hacía lo mismo y no tenía relación con ningún hombre que no fuera su esposo.
- Carlos. – dijo el detective un día que quedó con él a tomar café para darle novedades – Tu esposa no te engaña, es un ama de casa perfecta, es tontería que sigamos vigilándola.
- Vale. – admitió éste – Lo dejamos de momento, si vuelvo a tener dudas, ya te avisaré.
Malena era cariñosa, se esforzaba mucho en agradar a su esposo, sabía que en Tenerife había metido la pata y lo único que deseaba es que Carlos lo olvidara.
Por eso se volcaba con él cuando regresaba del trabajo, preparaba cenas a su gusto, le demostraba cariño abrazándole en el sofá viendo la tele y después en la cama se portaba como una fiera, teniendo sexo siempre que le apetecía.
De pronto un día, Malena recibió una carta, al abrirla esbozó una sonrisa, según ponía le había tocado un fin de semana en una casa rural de la sierra con actividades programadas.
Cuando Carlos llegó del trabajo se lo dijo entusiasmada, a él le pareció raro, pero al verla tan contenta aceptó ir el siguiente fin de semana.
Malena no recodaba de qué tienda se trataba y pasó por el centro comercial para comprobarlo, la dijeron que era cierto, la nueva dueña había hecho un sorteo entre los clientes y había dos parejas que habían sido las afortunadas.
El viernes en cuestión, Carlos salió antes del trabajo, fue a buscar a Malena a casa y subieron a la sierra con ésta completamente emocionada. Le hacía mucha ilusión pasar ese fin de semana solos, pasear por el campo, cena romántica y después una noche de sexo descontrolado.
Cuando llegaron, los esperaba un muchacho muy joven que se llamaba Rubén y que había contratado la tienda como guía para hacer las actividades programadas.
Llegó la otra pareja y el muchacho explicó a todos en qué consistía el programa del fin de semana.
Esa noche cena en el mirador de la casa las dos parejas más el guía, luego unas copas y todos a dormir para coger fuerzas para el sábado.
El sábado, paseo de seis kilómetros montando a caballo, después regreso a la casa y barbacoa en la terraza, a continuación siesta para relajarse y por la tarde una ruta en bicicleta, cena romántica por parejas, copas y a la cama.
Cuando Malena escuchó esto dio saltos de alegría, no había montado nunca y le hacía mucha ilusión. Carlos sonrió, su esposa parecía un cría, estaba como una niña con zapatos nuevos, no hacía más que abrazarle y decirle lo emocionada que estaba.
Subieron a la habitación, dejaron las maletas y bajaron al salón de la casa, allí estaba Rubén esperando, quien los invitó a una cervezas mientras bajaba la otra pareja.
El chico se mostró educado, era alto, guapo, se veía elegante incluso con ropa de campo, y su conversación era fluida, lo que hizo que Carlos se relajara y mirase el móvil para comprobar si había recibido mensajes del trabajo.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero miró a la terraza y vio a Malena y Rubén hablando sin parar, le pareció ver que él se acercaba demasiado a su esposa e incluso que la cogía por la cintura de vez en cuando para atraerla y decirle algo al oído, lo cual, después de lo ocurrido en Tenerife, le puso en alerta y se mosqueó.
Pero vio que ella se giraba para mirarle y levantaba la copa pidiéndole que tomara una y fuera con ellos a charlar a la terraza. Eso le tranquilizó y se unió a la conversación, comprobando que hablaban de caballos y Rubén la explicaba como debía montar al día siguiente.
La cena fue entretenida, el chico era realmente divertido y tanto la otra pareja como ellos se encontraban a gusto con él. Después de la cena tomaron unas copas y salieron a la terraza a ver las estrellas, el cielo estaba despejado y la noche era perfecta para ello.
Después de la primera cayó las segunda y poco después la tercera, lo que hizo que Carlos se sentara en el sofá medio adormilado. Tres copas, las cervezas y el vino de la cena eran demasiado para él que no estaba acostumbrado a beber.
Rubén se acercó a Malena y pasó la mano por su hombro para atraerla hacia él al tiempo que señalaba con el dedo cada estrella que veían, ella parecía no darle importancia y así continuaron un rato, los dos pegados como si fueran pareja.
El otro matrimonio entró en el salón sentándose en otro sofá y al ver a Carlos aparentemente dormido, cuchichearon que Rubén y Malena hacían buena pareja, que eran los dos jóvenes y guapos y que ella pegaba más con él que con Carlos.
Éste, escuchó el comentario y abrió los ojos, vio al guía rodeando con el brazo la espalda de su esposa, sus celos saltaron de repente y fue directo hacia ellos con los puños apretados.
Pero al acercarse escuchó que Rubén la explicaba una por una las estrellas señalándolas con el dedo y contando la historia de cada una de ellas, parecía todo inocente y quiso quitar hierro al asunto.
A pesar de todo, y viéndolos por detrás sin que se percataran de su presencia, aunque la conversación fuera espontánea, esa mano estaba tocando una espalda que no le pertenecía.
Tosió para que le oyeran y los dos se separaron de inmediato, Malena le miró a los ojos y percibió su cara de enfado.
Antes de que Carlos hablara, prefirió hacerlo ella para calmarlo.
- Nos vamos a la cama, Cari. – dijo dando un paso adelante para separarse del guía -
Carlos no dijo nada, se despidieron de la otra pareja, subieron a la habitación y nada más cerrar la puerta se dirigió a su esposa con la mandíbula crispada.
- ¿Te parece normal que dejes que te abrace ese muchacho al que apenas conoces?
Malena estaba nerviosa, no sabía qué responder a las preguntas y se sentía agobiada por haber molestado a su esposo. Sin siquiera pensarlo, contestó lo primero que le vino a la cabeza.
- Jo, Cari, no montes dramas, solo estábamos hablando de la estrellas, no estábamos besándonos ni nada parecido.
Carlos apretó los puños más fuerte, no solo no se disculpaba sino que encima le enfrentaba, veía normal que un extraño la abrazase delante de su marido y de otra pareja.
- Así que ves normal hacer eso delante de tu marido. ¿Es así como me respetas?
- Amor, yo no quería decir eso.
- Este fin de semana es un premio que te tocó a ti en una tienda, he venido para estar contigo, para disfrutar como pareja, pero veo que sobro, que ya tienes quien te acompañe.
- Cari, no digas eso. – replicó ella -
- Me vuelvo a casa y el domingo subiré a buscarte. Adiós, pásalo bien.
Cogió las llaves del coche y cerró la puerta sin atender a las excusas que Malena le daba.
Ésta, bajó la escalera intentando pararle, pero él se metió en el coche y volvió a Madrid sin mirar hacia atrás.