2 El Reservado #2
La foto era de Carlos sentado en la playa con una chica joven haciéndole una mamada.
Se giró hacia su esposo enfurecida.
- ¿Me preguntas a mi qué hice en el reservado mientras tú has estado con otra? Menudo cabrón.
Cogió la bolsa, el teléfono y se marchó hacia la playa.
Carlos salió tras ella intentando darle una explicación, pero Malena caminaba deprisa y no paraba de despotricar, llamándole cabrón, hijo de puta y repitiéndole que era un puto celoso pero bien que se lo pasaba mientras otra se la chupaba.
Al final dejó que se marchara y él fue al bar a pedirse una copa, no sabía lo que tenía que hacer, esta situación le desbordaba.
Era ella quien ayer había estado con un tío en un reservado mientras él la buscaba como loco, lo de la chica había sido sin querer, realmente pensaba que era Malena quien le hacia la mamada, hasta que al final, cuando la chica dijo “Yo no me lo trago, eso tiene otro precio” se dio cuenta que era una desconocida.
Fue en ese momento cuando supo a ciencia cierta que era una prostituta quien se la chupaba.
A la hora de comer, Malena volvió a las hamacas, se sentó junto a él y le dijo en tono sereno.
- No esperaba esto de ti, creo que tengo que pensar si merece la pena que sigamos, de momento esta tarde voy a irme con Pablo y sus amigos a dar un paseo y cenar algo.
- Pero Malena. – intentó intervenir su esposo –
- NO, no digas nada, las fotos son evidentes, se ve perfectamente que estuviste con otra, quiero meditar, quiero que no me agobies, necesito tiempo, hoy me voy con ellos y mañana, cuando todo haya pasado y tenga las ideas claras, entonces hablaremos.
Malena pidió un sándwich y una cerveza y se fue a la habitación para comer sola, Carlos se quedó en el restaurante del hotel bebiendo sin parar.
En cuestión de minutos se había dado la vuelta a la tortilla, todo había cambiado, Malena ya no era la culpable porque no había pruebas de lo que había hecho en el reservado, el culpable era él por esa malditas fotos que alguien había mandado y no sabía quién.
Subió a la habitación y su esposa estaba arreglándose, se sentó en un sillón y vio como se duchaba, se ponía unas braguitas blancas de encaje y una minifalda tan corta que por el borde se veía el comienzo de sus nalgas.
No recordaba haber visto esa falda y desde luego nunca se la había puesto con él, pero ahora la llevaba y le miraba retadora, esperando que dijera algo para echarle en cara que había dejado que otra se la chupara.
Finalmente se puso una camisetita de tirantes sin nada debajo, con sus generosas tetas marcando en la fina tela sus rosados pezones erectos.
Carlos apretó los puños con fuerza hasta casi hacerse sangre.
- Me voy. – dijo Malena cogiendo el bolso – No sé a qué hora llegaré esta noche.
Carlos esperó unos segundos y salió tras ella, vio que llegaba un coche a la puerta del hotel y se bajaban los tres, Pablo y sus dos amigos, los cabrones que le habían toreado anoche para que no encontrara a su esposa mientras estaba en le reservado haciendo no se qué.
Malena les dio dos besos y Pablo la cogió por la cintura justo cuando se montaba en el asiento trasero junto a él.
Antes de cerrar la puerta, Carlos pudo admirar las largas piernas de su esposa, morenas, brillantes, y justo en el centro, se veía perfectamente la braguita blanca que llevaba.
Se quedó hundido, no entendía como podía haber llegado hasta este punto, habían ido de vacaciones para disfrutar de tiempo juntos, para amarse, para recuperar esas horas en las que él trabajaba tanto y en las que tenía abandonada a su esposa.
Pero por caprichos del destino, se habían encontrado con ese tal Pablo que había conseguido que sus días de descanso se fueran al garete.
Era mucha casualidad. ¿Encontrarse en Tenerife? ¿En la misma Playa? Era una zona de hoteles de cinco estrellas y ese chico trabajaba antes con su esposa como administrativo, su sueldo no podía dar para viajar a esa zona tan lujosa.
No paraba de darle vueltas al tema, algo no le cuadraba pero no sabía qué.
¿No tendría Malena una relación con él a sus espaldas y habían quedado para echar un polvo sin que se enterase?
Si era así, en el reservado seguro que habían follado, y lo que era peor, hoy tenían toda la tarde para volver a hacerlo sin ningún tipo de preocupación, sin acordarse de él.
¿Dónde estaría ahora Malena? ¿Dónde se había metido con esos tres cabrones?
La tarde se le hizo eterna y cenó solo unas tapas, apenas había comido y el alcohol ya hacia efecto en su cabeza.
Esperaba con ansia que su esposa volviera, quería hablar con ella, pedirle perdón por lo que había hecho y olvidar el reservado, aún quedaban cuatro días de vacaciones y quería disfrutarlos con ella, por nada del mundo deseaba estar solo y amargado.
Pero pasaban las horas y ella no volvía, eran ya más de las doce, su mente maquinaba sin parar y sus celos aumentaban por minutos.
¿Qué había en el reservado? Tenía que saberlo.
Se vistió, cogió un taxi y fue a la discoteca donde habían estado ayer por la noche, miró a todos lados por si encontraba a su esposa, pero apenas había gente, era pronto y estaba casi vacía, pero entonces vio que la puerta del reservado se abría y entraba una pareja.
Se dirigió allí a toda prisa y dio dos golpes en la puerta. Un hombre abrió y se quedó mirándole con cara seria.
- ¿Qué quiere?
- Quiero entrar para ver el reservado. – contestó Carlos con nerviosismo -
El hombre le miró de arriba abajo y pidió que se acercara.
- Ya sabes que si vienes solo para mirar tienes que pagar por entrar.
- ¿Cuánto? - preguntó Carlos mosqueado –
- Cien euros, lo de siempre.
Carlos le dio ciento veinte y el hombre le dejó pasar.
- Ahora no hay muchas parejas, pero si vienes más tarde vas a ver unos espectáculos de la leche.
Había poca luz, pero cuando sus ojos se aclimataron a la oscuridad, vio que era una sala muy grande con una cama redonda en el centro, alrededor había muchos sillones y en la parte de atrás varios sofás con otro sillones a los lados.
Dio unos pasos y observó que en la cama redonda había una pareja follando, en los sillones que los rodeaban se encontraban hombres mirando, unos estaban solamente sentados, pero otros se masturbaban contemplando como esa pareja follaba frente a ellos sin importarles que mirasen.
Buscó a la pareja que había entrado antes y comprobó que estaban de pie mirando la cama redonda y el chico metía mano a la chica mientras ella jadeaba.
Después la cogía del brazo y la llevaba a uno de los sofás que estaban detrás, allí la puso a cuatro patas y empezó a follarla sin misericordia, empotrándola contra el respaldo mientras algunos de los hombres se levantaban y se acercaban a mirar como lo hacían entusiasmados.
Sin querer, comenzó a llorar observando la escena, allí es donde Pablo había metido a su esposa y habían estado follando durante más de media hora.