2 El Reservado
Carlos empezó a preocuparse, Malena no aparecía por ningún sitio y los nervios le atenazaban, miró hacia una puerta en el fondo y vio a los dos amigos de Pablo, fue corriendo hacia allí y se presentó para preguntarles si podían ayudarle.
- Hola, soy el esposo de Malena, creo que la conocéis. ¿La habéis visto por ahí? Llevo buscándolo un rato pero no la veo por ningún lado.
Los dos se miraron nerviosos como si estuviesen escondiendo algo.
Carlos era empresario y estaba acostumbrado a las negociaciones, a mentir de vez en cuando y a poner cara de póker cuando la situación lo exigía para no enseñarle al contrario que sabía más que él.
Se dio cuenta que sabían dónde estaba su esposa pero no querían decirlo para que no la encontrara.
- No, ni idea. – respondió uno de ellos –
- Quizá esté afuera fumando un cigarro – añadió el otro –
- Venga ya. Joder. - respondió Carlos cabreado – Malena no fuma, no ha fumado en toda su vida y vosotros lo sabéis.
Los dos se miraron de nuevo y uno hizo un gesto al otro señalando hacia la calle.
- Puede ser que esté en el aparcamiento, lo mismo ha pensado que has salido tú y ha ido detrás a buscarte. - y poniendo la mano en su hombro añadió como si fuesen colegas - Venga, te acompaño a buscarla.
Carlos quiso darle un guantazo y apartar esa manaza que le molestaba, pero por otro lado, podía ser cierto que Malena hubiese salido a la calle. No para fumar, pero si para tomar aire y respirar un poco, porque con el pedo que llevaba podía encontrarse mal y estar un poco mareada.
Salieron y el chico hizo que buscaba entre los coches, Carlos intentó volver a entrar en la discoteca porque no creía que estuviera en la calle, pero éste le llamó desde lejos.
- Creo que está allí. – dijo señalando una sombra que estaba apoyada en una pared a los lejos -
Carlos fue corriendo, y cuando llegó allí, vio que era una pareja de críos besándose y metiéndose mano.
- ¿Qué haces? Cerdo. – le increparon al verle – Puto mirón de los cojones.
Se dio la vuelta para entrar en la discoteca y vio al amigo de Pablo llamando por teléfono.
- ¿No es Malena? – preguntó con una mueca risueña – Pues de lejos parecía.
Carlos entró como alma que lleva el diablo, fue directo a donde había visto a los dos amigos, y vio que la puerta que había tras ellos se abría y Malena y Pablo aparecían sonriendo.
- Hola, amor. – exclamó ésta arrojándose a sus brazos pareciendo bebida - ¿Dónde te habías metido?
- ¿Qué hay detrás de esa puerta? – preguntó apartándola y fulminando a Pablo con la mirada -
- Es un reservado para parejas. – respondió éste con sonrisa chulesca -
No quiso preguntar más, cogió a Malena del brazo y la sacó de la discoteca, pararon un taxí y fueron al hotel sin hablar.
Al entrar en la habitación, Malena intentó disculparse, la borrachera se le había pasado durante el trayecto y sabía que había metido la pata delante de su esposo.
- Amor, lo siento, de verdad. – susurró con lágrimas en los ojos –
Carlos, no respondió, cogió una chaqueta y se marchó de la habitación.
Caminó sin rumbo fijo por la playa, vio jóvenes bebiendo, haciendo botellón en la arena entre risas y bromas, todos ajenos al dolor que él sentía en ese momento, le había traicionado su ex hace años y ahora lo había hecho su nueva esposa, la que él creía que era un ejemplo de fidelidad.
¿Cuánto tiempo habrían estado Pablo y Malena en el reservado? ¿Qué habían hecho escondidos para que él no los encontrara?
Y cuanto debían haberse reído los amigos viéndole perdido en la discoteca, buscando a su esposa por todos lados cuando sabían que estaba con el hijo de puta de Pablo en el maldito reservado.
Se sentó en la arena y lloró en silencio. ¿Por qué se repetía lo mismo? Su esposa otra vez le engañaba, para él era el día de la marmota.
De pronto vio una chica que se sentaba a su lado.
- ¿Has tenido un mal día? – preguntó pasando la mano por su espalda -
En otra situación hubiese apartado esa mano sin dudarlo, pero ahora estaba tan hundido, que cualquier muestra de cariño le ayudaba.
- Muy malo. – contestó –
La chica subió la mano y acarició su cabello, sintió esos dedos enredarse entre su pelo y se relajó de inmediato, imaginó que era Malena quien lo hacía, como cada noche al volver a casa.
- ¿Te gusta? - preguntó ella apretando los pechos contra su espalda –
- Si.
- ¿Quieres que siga?
- Hazlo.
Esa joven desconocida continuó mesando el cabello de Carlos con una mano, pero bajó la otra metiéndola entre las piernas para acariciar la dureza que éste mostraba.
- Uffff. La tienes muy dura. – susurró besándole el cuello con suavidad -
Había sacado el miembro del pantalón y lo meneaba con lentitud, subiendo y bajando los dedos por ese tronco con calma, sin prisa, haciéndole gozar.
- Relájate, cariño. – pidió pasando el dedo por el frenillo y haciendo que Carlos se pusiera tenso – Mira como te toco, olvídate de todo y disfruta de la paja que te hago.
Carlos se sentía duro como nunca, su miembro estaba erecto y ella lo sacudía con verdadera maestría, haciéndole gozar de una forma increíble.
Inclinó la cabeza hacia atrás apoyándose en el hombro de ella.
- Si quieres te lo acabo con la boca. – musitó con sensualidad – Ya verás que calentita la tengo, ya verás como te corres más rápido.
- Ummm…Siiii… siiii. – respondió Carlos hipnotizado por esa voz tan sensual y placentera –
Tenía los ojos cerrados y pensaba que era su esposa quien tenía detrás, quien le estaba haciendo esa paja que tanto le gustaba, necesitaba que terminara de una vez, porque quería girarse para abrazarla, besarla, demostrarle cuanto la quería a pesar del daño que le había hecho al entrar con Pablo en el reservado.
- Voy, cariño, ya voy. - dijo la chica inclinándose para meterse la polla en la boca –
Notó los labios húmedos envolviendo el capullo, la lengua deslizándose a lo largo del tallo y la otra mano masajeando sus huevos con dulzura.
Pensaba que había muerto y había subido al cielo, era increíble el placer que recibía en ese momento.
Notó que se tensaba, iba a correrse y quiso avisar a esa chica que pensaba era su esposa.
- Yaaa, yaaa, voy a correrme, cariño.
- Yo no me lo trago. – oyó que decía justo cuando se corría – Eso tiene otro precio.
Estalló en un larguísimo orgasmo y vio que no era Malena quien se la chupaba, era una chica que no conocía de nada.
- Vamos, dámela, dámela toda, cariño. - pidió la muchacha recibiendo su esperma en la mano – Asíii, asíii, que rica, mira amor, mira como echas tu lefa y yo la recojo.
Carlos cerró los ojos y lloró en silencio, se sintió culpable, había traicionado a su esposa.
Ella le pidió dinero y él pagó sin decir nada, sentía vergüenza de sí mismo por haber sido infiel a su esposa.
- Si quieres vuelvo mañana. – propuso la chica sacudiéndose la arena de las piernas – Contigo lo hago todo, hasta el culo te ofrezco si es lo que te gusta.
- No, no hace falta. – respondió Carlos destrozado –
Fue al hotel y se quedó en el hall esperando, no quería entrar en la habitación y despertar a su esposa. ¿Cómo decirle que la había engañado con otra?
Por la mañana entró en la habitación despacio y la vio tumbada en la cama, la miró en silencio y le pareció contemplar un ángel, tenía los ojitos cerrados y estaba acurrucada en posición fetal como si fuera un bebé.
Se puso el bañador, una camiseta y bajó solo a desayunar, se le hacía duro hablar con ella, tenían muchos temas que tocar, ella explicar que había ocurrido en el reservado durante casi media hora y él confesar que le había sido infiel, aunque había sido por equivocación, porque pensaba que esa mujer con la que tenía sexo era ella y no una prostituta de la calle.
Estaba desayunando cuando vio que Malena se acercaba con una sonrisa en los labios, le dio un beso en la frente y se sentó junto a él.
- ¡Que hambre tengo! – exclamó mirando el buffet –
Carlos no dijo nada, no sabía cómo sacar el tema, cómo empezar a poner las cartas sobre la mesa.
Si ella había follado con Pablo mientras estaba en el reservado, su matrimonio terminaba, no estaba dispuesto a soportar los cuernos otra vez.
Ella cogió embutido y ensalada, algún bollito de pan y un café bien cargado, después un vaso de agua para quitarse la resaca.
- ¿Qué ocurrió anoche? – soltó Carlos a bocajarro - ¿Qué hiciste con Pablo en el reservado mientras yo te buscaba?
La cara de Malena cambió de color, se puso roja como un tomate y giró la cara para evitar mirar a los ojos a su esposo.
- No, no, no paso nada, cariño. – respondió titubeante –
- Malena, no me jodas, no me tomes por tonto que tengo cincuenta y cinco años, no soy un niñato de esos con los que has estado acostumbrada a salir cuando trabajabas.
- Te lo juro, mi vida, se que metí la pata, que no debería haber entrado con él en el reservado, no sé por qué lo hice, pero no pasó nada.
- Sí, claro. – contestó encolerizado - Por eso sus amigos se reían de mí y me mandaban de un lado a otro para que no te encontrara, porque dentro no pasaba nada, seguramente estabais jugando una partida de cartas.
Malena empezó a llorar y a Carlos se le vino el mundo abajo, no podía contemplar como ella derramaba las lágrimas de esa forma.
- Vale, cariño, vale. – dijo abrazándola con amor – déjalo ya, luego lo hablamos.
Terminaron el desayuno y fueron a las hamacas, se tumbaron a tomar el sol pero ninguno de los dos hablaba, él tenía la mirada perdida como si estuviese pensando y ella le miraba de reojo preocupada.
Lo de anoche no tenía perdón, estaba tan a gusto con su esposo y había tenido que meterse con el capullo de Pablo en el maldito reservado, lo había hecho por culpa del alcohol, sino no se hubiese separado de su esposo ni un solo minuto, le quería mucho y por nada del mundo deseaba que se enfadara.
Tenía que hacer algo para contentar a Carlos, para conseguir que se olvidara de lo de ayer y solo pensara en divertirse los días que quedaban.
Sonó el móvil, lo cogió y se le cambió la cara, era un mensaje de un número desconocido y junto a él llegaba una foto.
“Mira como se lo pasaba ayer tu marido mientras tú estabas dormida”