1 Primeros pasos #2
Todos los sábados salían a cenar y después a tomar una copa en algún pub o discoteca, Carlos no bailaba bien, pero hacía sus pinitos aunque solo fuera por complacerla, por no dejarla sola en la pista, ya que los buitres acudían como moscas a la miel.
Malena tenía un cuerpo exuberante, y cuando bailaba lo hacía de una forma sensual. Eso le gustaba mucho a Carlos que veía como todos los tíos la admiraban y babeaban como tontos con sus contoneos de cadera y el bamboleo de sus tetas que eran más que generosas.
Podéis mirarla cuanto queráis que el que se la folla esta noche soy, pensaba para sus adentros.
Confiaba mucho en ella, en los dos años que llevaban casados le había demostrado ser fiel hasta la médula, lo sabía porque en el gimnasio tenía un amigo que la estuvo vigilando durante meses.
- Carlos. – le dijo una vez – Ya sabes el pedazo de mujerón que tienes.
- Si solo me dices eso. – contestó éste riendo -
- Ya, pero es que no veas todos los moscones que tiene detrás. – añadió - Ya han intentado follársela todos los musculines del gimnasio.
- ¡No me jodas! – respondió encolerizado –
- Pero no veas como los espanta, en cuanto alguno se aproxima más de la cuenta, le saca las uñas y le pega un bufido que el tío sale por patas.
- ¿De verdad?
- Te lo juro, amigo, te es fiel, puedo asegurarte que no te engaña.
Eso le dio tranquilidad, porque después de lo sucedido con su primera esposa no lo tenía nada claro.
A pesar de todo, durante algún tiempo contrató un detective que la vigiló fuera del gimnasio.
Los informes fueron espectaculares, no solo no estaba liada, sino que cuando algún hombre se acercaba a ella para insinuarse, se lo quitaba de encima con cajas destempladas, no se permitía la mínima confianza con nadie.
La relación iba viento en popa y Carlos cada día estaba más colgado con ella, no solo por su belleza, es que le preparaba unos platos exquisitos para cenar, le daba masajes en los pies cuando volvía del trabajo y como postre le hacía unas mamadas de escándalo.
Todo fue bien hasta que en unas vacaciones de verano ocurrió algo que le dejó preocupado.
Estaban en un hotel de cinco estrellas en el sur de Tenerife y salieron a pasear por la playa. De pronto un chico alto y guapo se acercó a Malena sonriendo, abrazándola como si fuera su novio, la dio dos besos en las mejillas pero demasiado cerca de la comisura de los labios.
Carlos se puso nervioso y miró a ambos con mala leche.
- Mira, amor. – dijo Malena – Te presento a Pablo, era un compañero de trabajo.
Los dos se saludaron pero Carlos vio en el chico una mirada de suficiencia, como si estuviera retándole de alguna forma.
- ¿Qué haces por aquí? - preguntó Malena –
- He venido con dos amigos de vacaciones, Julio y Ramón, creo que los conoces porque salimos de copas alguna vez.
- ¡Ah! Si, es cierto, aquellos dos tan guapetones. – contestó Malena con inocencia –
A Carlos se le crispó la cara, no le gustaba nada Pablo pero mucho menos que su esposa conociese también a esos amigos de los que decía ser tan guapos.
- Podemos quedar a tomar una copa esta noche. – propuso Pablo mirando a Carlos de reojo – En esta zona hay una disco que está de puta madre.
Éste iba a declinar la invitación cuando Malena se adelantó.
- Me parece muy buena idea. – respondió contenta - Así conocemos el ambiente, porque no hemos salido de marcha desde que hemos llegado al hotel. ¿Verdad? Cariño.
- Claro. - respondió Carlos sin desearlo -
Vio como Pablo esbozaba una sonrisa perversa que le sentó como una patada en los cojones.
- Ok. – exclamó Pablo – Dame tu teléfono y te llamo luego para quedar.
Malena se lo dio y Carlos resopló, su esposa no tenía que darle el teléfono a nadie y mucho menos a un chulo como ese.
Pablo se alejó caminando y Malena se lanzó a los brazos de su esposo.
- Que ilusión me hace. – dijo dándole besos en las mejillas – Hace mucho que no los veía y hoy vamos a salir de copas con ellos, así recordaré cuando iba de marcha con los compis del trabajo.
Carlos intentaba calmarse, sabía perfectamente como era ese amigo de su esposa, ya había conocido a muchos, uno de ellos el monitor de gimnasia de su ex, tenía la misma mirada de hiena que Pablo cuando ella se lo presentó la primera vez, lo hizo como si solo lo viera de vez en cuando.
- Mira, Malena. – dijo intentado calmarse – La próxima vez que quieras quedar con alguien pregúntame antes.
- Jo, amor. ¿No te habrás enfadado? – preguntó hablándole en el oído de forma melosa –
- Pues no me apetece nada quedar, no tengo nada en común con ellos y he venido de vacaciones para estar contigo, no con jovencitos musculados que solo piensan en una cosa.
- Jajaja. – rio Malena - ¿No me dirás que estás celoso?
- ¿Pero tú le has visto? ¿Te has dado cuenta del repaso que te ha dado?
- Jajaja. Ayyy, cariñín. – respondió muerta de la risa – Si yo solo tengo ojos para ti.
Fueron al hotel y pasaron todo el tiempo tumbados en la hamaca, de pronto sonó el teléfono de Malena, contestó, habló unos segundos y se levantó alejándose unos pasos.
Carlos no podía oír lo que decía, pero se la veía enfadada y gesticulaba sin parar. Miró en dirección a su esposo y comprobó que él la observaba, se giró y continuó caminando alejándose cada vez más.
- SOIS UNOS CAbrONES. – oyó que chillaba a lo lejos –
Después colgó la llamada y volvió como si nada hubiera pasado, mostrándole una sonrisa a su esposo y besándole en la frente antes de tumbarse en la hamaca para tomar el sol.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Carlos –
- Nada, tonterías. – respondió ella –
- Pues para ser tonterías se te notaba muy enfadada.
- Que esta noche no quedamos. – contestó visiblemente molesta –
Carlos prefirió no preguntar, si no salían, mejor.
Fueron a cenar al puerto de Los Cristianos, a una pizzería romántica que tenía la mesa llena de velas y en la que Carlos cogió las manos de su esposa y la dijo que la amaba, que era lo mejor que le había ocurrido en su vida y que si algún día la perdiese se moriría.
- Amor, no digas eso. – respondió Malena compungida – Nunca vas a perderme, te quiero con locura.
- Sufrí mucho la otra vez, Malena, ni te imaginas el daño que me hizo mi ex.
- Pero yo no soy así, cariño. – respondió muy apenada -
- Lo sé. – contestó él – Tú eres la mujer más maravillosa del mundo.
Bebieron dos cervezas, una botella de Chianti y dos chupitos de hierbas bien fríos de un trago, cuando salieron del restaurante iban con un medio colocón, cogieron un taxi para volver al hotel pero a mitad de camino Malena propuso algo.
- ¿Por qué no vamos a la disco que dijo Pablo? Ellos creo que no iban a ir, así podemos bailar un poco los dos solos sin que nos molesten.
Carlos hubiese preferido volver al hotel, tenían el puntillo justo para echar unos buenos polvos, pero vio a Malena tan ilusionada que no pudo decirle que no, y si Pablo y sus amigos no estaban, a él no le importaba.
Llegaron a la disco, pidieron dos copas en la barra, y Malena salió a la pista a bailar con ese contoneo de caderas que su esposo le excitaba, ella lo sabía y se giraba de vez en cuando para que la mirase el culo y provocarlo.
No pasaron ni diez segundos y la pobre estaba rodeada de un motón de babosos, todos se acercaban y la decían algo al oído, pero Carlos veía como ella movía la cabeza una y otra vez negándose a lo que pedían.
Decidió salir en su ayuda y se puso a bailar frente a ella, Malena estaba bebida y comenzó a rozarse con su marido de forma provocativa, juntando la pelvis contra él y rozando las tetas contra su pecho.
- ¿Vas a follarme hoy? Campeón – susurró en el oído de su esposo
Éste soltó una carcajada y se pegó a ella como una lapa.
- Eres una chica muy mala. – respondió a la provocación –
- Lo soy. – afirmó Malena – Y estoy deseando que me folles, necesito una polla en mi coño que sacie enseguida el hambre que tengo.
- Jajaja. - rio Carlos sin poder aguantarse – Voy un momento al servicio y nos vamos al hotel.
Cuando iba por el pasillo de los baños, vio a Pablo en la discoteca, estaba con otros dos chicos altos, guapos y fuertes como él. Pensó en volver con Malena, pero la vejiga le dolía y tenía que ir al baño corriendo o se mearía en el pantalón.
Había cola para entrar y tuvo que esperar un buen rato, después y como llevaba tiempo aguantando, la micción fue lenta y casi dolorosa, quería volver con su esposa cuanto antes pero llevaba más de quince minutos dentro de ese maldito baño.
Cuando salió fue a la pista donde había dejado a Malena pero ella allí ya no estaba, fue a buscarla a la barra, miró angustiado por toda la disco pero no la encontraba por ningún lado.