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Amy
Rick había conducido en silencio por dos horas, había intentado hacer conversación, pero me daba respuestas cortas, esta semana había estado distraído, sobre todo después de que se encontró con Jesse, no me dijo mucho al respecto, cuando volvió a casa esa noche parecía feliz, me hizo el amor con mucha pasión y fue increíble, pero cuando le pregunté por Jesse fue cortante.
Me dijo “Jesse está bien” y eso fue todo, después de eso se la había pasado muy ocupado, casi siempre al teléfono atendiendo algún asunto importante de la empresa, era nuestro día libre y seguía muy distraído, no ponía atención a lo que decía ni recordaba las cosas que le pedía, me preguntaba si Jesse le habría dicho algo que le hiciera perder cierto interés en mí y si estaba considerando terminar conmigo.
llevábamos cinco años juntos, ambos nos habíamos adaptado el uno al otro, él se había comprometido a aprender español y yo había intentado formar parte de la alta sociedad, las diferencias culturales a veces golpeaban fuerte, sobre todo teniendo en cuenta que el venia de una familia rica en la que nunca faltó nada y yo venía de un ambiente totalmente distinto, creo que si no fuese porque ambos éramos personas maduras nos hubiéramos separado en algún momento.
No entendía su comportamiento ¿sería que se estaba aburriendo de mí? No, eso no era posible, no habría forma en que me hiciera el amor de la forma en que lo hacía, era obvio que aún me amaba y me deseaba tanto como la primera vez o más, tenía que preguntarle, me ocultaba algo y necesitaba que me lo dijera.
- Rick. – dije mientras el aun conducía.
- Perdona amor, voy a tomar esta salida, – dijo y luego volvió a mi – ahora sí, dime.
- ¿Por qué has estado tan callado? Estos últimos días has estado muy distraído ¿puedo saber que te pasa?
- ¿En serio? No lo sabía. – dijo pretendiendo demencia.
- Eso no responde mi pregunta. – me cruce de brazos.
- Mi amor, lamento haber estado tan distraído, he hecho lo mejor que puedo. – recalcó.
- Sigues sin responder la pregunta ¿es algo que te dijo Jesse? – pregunté.
- ¿Qué? ¡No! Mi amor, te prometo que no es nada malo, no quiero que te estreses pensando en eso, vamos a disfrutar de nuestra cita y luego hablamos de esto, prometo que pasada la noche responderé las preguntas que tengas, pero en este momento quiero que disfrutemos el momento, he puesto mucho esfuerzo para hacerlo especial.
- Está bien. – sonreí.
No tenía caso presionarlo, si era algo del trabajo lo que le agobiaba, seguir insistiendo solo le creará más estrés, quizás no era nada grave y yo estaba pensando lo peor, le tome la mano para darle seguridad, el apretó con cuidado, se estacionó en la calle frente a la librería.
Rick corrió para abrir la puerta del vehículo, luego me extendió la mano y me ayudó a salir, abrió la puerta de la librería una vez que llegamos, había una chica del otro lado que nos dio la bienvenida, no parecía haber nadie además de nosotros y los empleados, me pareció extraño porque era fin de semana ¿acaso la gente de los Ángeles no leía?
Rick tomó de mi mano y me pidió que lo siguiera, subimos las escaleras hasta el siguiente piso, caminé detrás de él por un pasillo hasta llegar a una sala, habían velas en candelabros de varios tamaños por todo el piso iluminando la habitación vieja, una pared de libros del otro lado y una mesa en el centro adornado con flores, sillas transparentes a cada lado, varios libros abiertos colgaban del techo como decoración, el piso de madera resonaba a cada paso que daba y el corazón me palpitaba muy rápido.
Era hermoso, me dejó con la boca abierta, si Rick me pidiera matrimonio aquí mismo aceptaría sin pensarlo, pensé. entonces abrí los ojos aún más y lo consideré por un momento ¿Rick me iba a pedir matrimonio? Es por eso por lo que había estado tan nervioso, tenía sentido, me sentí tentada a preguntar o hacer una broma, pero arruinaría el momento, la idea de estar comprometida me entusiasmaba tanto que si Rick no se me declaraba estaría decepcionada.
- Sorpresa. – dijo detrás de mí, me giré y vi que me ofrecía la silla para sentarme.
- No hay nadie más – tome asiento y el negó – ¿no es extraño? – el volvió a negar.
- Pedí que cerraran más temprano para nosotros dos, quería que tuvieras la mejor cita de tu vida y eso incluye que no nos interrumpan. – dijo.
- Es hermoso, gracias por hacer esto por mí.
Él me sonrió, observé que tenía la mano en el bolsillo, la retiró en cuanto se dio cuenta que lo había visto, un joven se acercó a entregarnos unas copas y las rellenó con rose burbujeante, seguido apareció una chica con una bandeja de plata en la que venía un recipiente de cristal con hielo y caviar en el centro, acompañado de crackers, cubos de mantequilla y cucharas de nácar, lo dejó sobre la mesa de forma estética y yo moría por tomarle fotos.
- ¿Cuánto te ha costado todo esto? – pregunté intentando resistir a mi curiosidad.
- ¿Quién ha dicho que tu sonrisa tiene precio? – awww.
- ¿He dicho que eres mejor que cualquiera de los novios literarios que he leído? – dije.
- No, no me lo habías dicho. – respondió.
- Espera – le pegue en la mano en cuanto vi que iba por la comida – quiero tomar una foto – él negó y sonrió a la vez, saque mi teléfono de la cartera y le tome un par de fotos desde diferentes ángulos, luego lo guarde – ahora sí.
Rick sirvió y me entregó una botana, sirvió la suya y dimos el mordisco al mismo tiempo, saboree y exclamé porque estaba delicioso, di un sorbo al rose, también estaba maravilloso, había aprendido tanto de vino en los últimos años que en ese momento pude reconocer cuál era.
- Es mi favorito. – dije y el asintió con suficiencia.
Me pregunté ¿cuándo tuvo tiempo de planear todo eso? Terminamos de comer y el joven regresó para rellenar nuestras copas y retirar la bandeja de plata, todo era vintage y elegante, me sentí como en un libro de fantasías, el postre era de chocolate, pero de alguna forma lo hicieron lucir fascinante, la textura era crujiente y el sabor se extendía por todos lados, Rick me observó con tanta ternura que mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas de la felicidad ¿Cómo era posible que lo amara tanto? Rick me observó luego de terminar el postre y me tomó de la mano.
En algún momento pensé que Jesse había cambiado mi vida, no había estado más equivocada, mi vida cambió cuando lo conocí con él, mis sentimientos por Rick eran correspondidos, respetados y atesorados, Rick me hacía sentir especial, no por ser su pareja, si no por quien era como individuo, y me gustaba sentirme así, como en una nube.
- Tengo algo para ti. – dijo.
Note que estaba un poco nervioso, los nervios se pasaron a mí, le hizo seña a la chica y ella desapareció por algunos segundos, cuando regresó traía un libro en sus manos ¿habrá escondido el anillo allí? No debería sacar conjeturas, pensé. Él se puso de pie y me lo entregó, uno de mis libros favoritos ¡ay dios mío! Creo que me salieron estrellas por los ojos, era una primera edición, lo supe en cuanto lo abrí, el primer volumen de orgullo y prejuicio.
- “Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa” – Rick citó a Jane Austen mientras se ponía de rodillas.
Estaba llorando, también temblando, estaba pasando, Rick sacó una caja de su bolsillo, puse el libro sobre la mesa cuando él saco el anillo de la caja y dijo:
- “Te pido que pases por la vida a mi lado, que seas mi segundo yo y mi mejor compañero terrenal” – ¿Acaba de citar Jane Eyre? – ¿Te casarías…?
- Sí, – lo interrumpí – lo que sea que ibas a preguntar, sí quiero. – estire mi mano frente a él y colocó el anillo.
Rick se puso de pie, las personas a nuestro alrededor aplaudieron, observé a un fotógrafo tomando fotos y a la mesera que estaba grabando, le di un abrazo y luego lo besé, el hombre con quien iba a compartir mi vida y la única persona con la que me había podido imaginar casada, grite de emoción, él se rio y pidió a alguien traernos champaña.
Mientras el abría la botella le hice una videollamada a mis hermanas, ellas respondieron casi de inmediato, les mostré el anillo y gritaron conmigo de felicidad, no parecían sorprendidas, pronto me dijeron que Rick ya había hablado con ellas para pedir la bendición, me felicitaron y luego llamé a Samanta, quien ya tenía un año de casada.
- ¿Quieres que llamemos a mis padres? ¿O le damos la noticia en persona? – preguntó Rick.
- Tu madre lo sabía ¿verdad? fueron varios domingos que no quiso ir a misa. – recordé.
- Sí, ella tenía el anillo, también se encargó de organizar la comida de hoy, debe de estar muriendo de ganas de saber cómo acabó esto.
- ¿Y si le dices que te dije que no? – pregunté con malicia
- No le harías eso a mi madre. – dijo.
- Claro que no, – admití – llamémosla ahora.
Hablamos con sus padres y luego con mi madre, hicimos una sesión de fotos y elegimos las favoritas para compartir la noticia en redes sociales, todo el regreso a casa fue pasar respondiendo mensajes con amigos, estábamos por llegar cuando un pensamiento intrusivo acorraló mi mente.
- Jesse también sabía. – dije en voz alta.
- Sí – admitió Rick – y le pedí que fuera mi padrino de bodas.
- ¿Qué hiciste qué? – pregunté exaltada – ni si quiera sabías si te diría que sí.
- Sabía que no dirías que no, – dijo en tono juguetón – mi amor no te alteres, si decías que no lo único que tenía que hacer era esperar, no estaba seguro de que dirías que sí, de hecho, estaba muy nervioso pensando que quizás no estuvieras lista, pero que no me dieras el sí, no implicaba un no de inmediato, yo seré tu esposo Amy, de eso es de lo que estoy seguro.
- Note que estabas nervioso ¿Qué dijo Jesse? – pregunté.
- Que será un honor, él sabe que te quiero Amy y también sabe que soy buena persona, entiende que tú y yo hacemos sentido juntos.
- Tenemos buena química, – concorde – sobre todo en la cama.
- Amy quita tu mano de ahí, harás que pierda el control. – dijo luego que le acariciara la entrepierna.
- ¿Puedo poner mi boca? – pregunté con lujuria.