Jesse's girl 48 #3
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- Basta, – me interrumpió – no lo digas ¡no siento nada por Jesse! ¿Ok? Estoy molesta porque lo pensaras, lo siento si no reacciono de la manera que esperabas a tu “reunión” con él, entiendo que ustedes eran o son amigos, pero también es mi ex, la persona que me decía que se reuniría contigo cuando en realidad lo que hacía era engañarme, – lo dijo sin detenerse a respirar y estaba agitada – sé que no eres él, pero no lo entiendo, ustedes no han hablado en años ¿Por qué ahora? Estoy confundida.

- Amor, – le dije con cariño tomando su mano – jamás se me cruzaría por la cabeza si quiera engañarte, sé que mi relación con Jesse es complicada, pero somos hermanos, llevo algún tiempo queriendo comunicarme con él y hasta ahora tuve la oportunidad, voy a intentar arreglar las cosas, la última vez que nos vimos no fue agradable y quizás esta vez tampoco lo sea, pero quiero al menos intentarlo, porque somos familia.

- Está bien, pero si no llegas temprano puede que me encuentres dormida.

Se acercó a mí y me dio un beso, sabía lo que intentaba decir, si no llegaba temprano no tendríamos sexo, cuan manipuladora que resultaba ser mi futura esposa, y lo sorprendentemente dócil que me era para caer en su trampa cada vez, Amy arrastró sus uñas por mi pecho hasta llegar a mi miembro, cerré los ojos y la recordé la noche anterior con su boca alrededor, me puse duro en un segundo.

- Quizás esa noche podríamos… – dijo con voz seductora.

- Amy… – la interrumpí.

Amy era mi fantasía más grande, sus gemidos eran un detonante de serotonina constante, amarla era fácil y adictivo, jamás podría cansarme de ella, no podía esperar para hacerla mi esposa. Hicimos el amor esa noche y la mañana en la que me iba a encontrar con Jesse, sospechaba que su único objetivo era dejarme cansado por si acaso Jesse quería tentarme como ya lo había intentado antes.

Si estaba cansado no podría engañarla, Amy me sedujo una última vez en la oficina, justo antes de irme a encontrar con Jesse, cuando casi todos los empleados se habían ido. Llegué tarde porque ¿Qué clase de idiota se niega a tener sexo en la oficina con la mujer más sensual de todas?

Cuando entré al bar tenía una sonrisa gigante y Jesse ya estaba ahí, lo encontré en la barra, se veía casi igual, un poco mayor, cabello corto, buen aspecto físico, misma energía, se puso de pie al verme, me sonrió y en cuanto me acerqué me dio un abrazo.

- Hombre ¿Cómo has estado? – me dijo – me alegra mucho verte.

- A mí también, – admití – estoy muy bien ¿estuviste en Japón?

- Sí, te traje algo – sacó de su bolsillo una caja y me la entregó.

- Gracias.

Lo abrí, es un wine stopper de la base de Okinawa, sonreí en agradecimiento, me pregunté si en realidad pensó en mí cuando lo compró, cualquiera fuese la razón, saboree la idea que Jesse pensó en mí y que deseaba retomar la amistad con el mismo ahínco que yo.

- Me hacías falta. – admitió.

- ¿Por qué no habíamos hablado? – pregunté.

- Creo que estaba molesto. – dijo.

- ¿Y ya no? – pregunté y el negó – que bueno.

- ¿Qué pasó con Amy? – preguntó y me puse tenso – ¿aún siguen juntos? – asentí – wow – sacudió la cabeza – es bastante tiempo, me sorprende que aún no se hayan casado, – dijo en tono de broma, yo guardé silencio – un momento ¿están casados?

- Aún no. – sentí un gran peso sobre mi mientras negaba.

- ¿Aún no? – levantó una ceja.

- Voy a pedirle que sea mi esposa en una semana. – levantó ambas cejas y se quedó en silencio por un tiempo.

- Vaya, entonces si iban en serio. – dijo en voz baja y yo asentí.

El bartender se acercó a preguntar que quería y le pedí un Manhattan, se retiró y en todo el tiempo mientras preparaba la bebida ninguno dijo nada, el silencio era incómodo y agotador, Jesse estaba procesando lo que le acababa de decir y me costaba saber cómo se sentía al respecto.

- ¿Qué piensas? – le pregunté.

- No lo sé, supongo que me siento como un tonto por no hablarte antes, pensaba que no ibas en serio. – dijo.

- Jesse tú me conoces, sabes que no soy así.

- No lo sé, Rick. Por un tiempo pensé que solo querías a Amy porque era mía, porque era algo que yo tenía y tú no, sentía que en algún momento te aburrirías de ella como te aburriste de Beverly. – auch, eso dolió.

- Nunca me aburrí de Beverly, ella era una mujer brillante, amaba a mi esposa, mis sentimientos por Amy jamás hicieron menos lo que sentía por ella y si ella no hubiera fallecido seguiríamos juntos.

- Y yo seguiría con Amy si tú no hubieras decidido robarla. – dijo seriamente.

- ¿Estás seguro de eso? Me parece que Amy estaba firme en su postura de no volver contigo, le hiciste mucho daño e intenté advertírtelo, tus acciones tienen consecuencias, jamás pensé en Amy como un objeto preciado tuyo, ni mucho menos siento que la robé a base de envidia, lo admito Jesse, he sentido envidia de ti antes, de tu libertad y lo fácil que se te da todo aquello en lo que soy malo, pero la envidia no me ha movido en ningún momento a actuar en tu contra, en algún momento sentí envidia de tu relación con ella, no porque la quisiera a ella sino porque quería lo que ustedes tenían con mi esposa, nunca pensé en quitarte nada, jamás tuve si quiera la oportunidad de hacer algo así, cuando me permití quererla tú y ella ya no estaban juntos.

- No estábamos juntos, pero tú sabías que la quería. – dijo con dolor en las palabras.

- Y también sabía que eso no era suficiente, Jesse, quererla no iba a evitar que la volvieras a lastimar, estabas dispuesto a acostarte con esas chicas el mismo día que la habías besado.

- Tú también. – me recriminó.

- No, yo estaba intentando sacármela de la cabeza, no estaba dispuesto a tenerla como juguete mientras me decidía que hacer con mi vida, me estaba costando retomar el ritmo después de una pérdida tan grande y aunque la amaba detestaba la idea de lastimarla por egoísmo.

- Me dolió, – dijo – cuando recibí el mensaje de su teléfono.

- Lo sé y lo siento por eso, no quiero justificarme, pero a mí también me dolió que jugaras sucio y le enviaras esa foto y le dijeras mentiras, la lastimaste, una cosa era que me intentaras herir a mí, que te hice daño, pero otra era que te desquitases con ella.

- También estaba molesto con ella, pensé que era una broma, que ella nunca se fijaría en ti, pero cuando te escuché hablar con tanta seguridad de cómo ella te elegiría comprendí que ella debía sentir algo por ti, me llene de mucho odio de pensar que de todos los hombres en los que ella se pudo fijar, tuvo que ser en ti, en cuanto noté que las chicas tenían la foto lo usé a mi favor, fue tonto, ahora sé que no debí hacerlo, después de todo no era una simple aventura, siguen juntos y le vas a proponer matrimonio, es un gran paso, ahora sé que no pudo encontrar a mejor hombre que tú. – sus palabras me llenaron de felicidad.

- Me da gusto que pienses eso, porque iba a pedirte que seas mi padrino de bodas.

- Será un honor ¿y que tienes pensado?

- Me le voy a proponer en una librería, vamos a ir a LA, tengo reservado una cena romántica solo para los dos, he pedido que marcaran en su libro favorito la parte donde piden matrimonio, cuando ella lo abra me pondré de rodillas y le pediré que sea mi esposa.

- ¿Libros? ¿En serio?

- Es algo que a los dos nos gusta, no espero que lo entiendas ¿tú qué harías?

- Yo le hubiera pedido matrimonio en el mar. – dijo.

- ¿Le hubieras pedido matrimonio? – pregunté.

- No, tienes razón, jamás lo hubiera hecho. – negó.

- ¿No piensas casarte nunca? ¿No estás saliendo con alguien?

- No estoy saliendo con nadie y nadie me ha interesado lo suficiente como para casarme, quizás algún día conozca a una persona que me haga sentir la mitad de las cosas que sentí por Amy y puede que ahí siente cabeza.