Jesse's girl 48 #2
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- Lo intenté, – dije – de verdad intenté luchar contra esos sentimientos, lo juro, nunca quise hacerle daño a Beverly, incluso fui a terapia porque pensaba que me estaba volviendo loco, hice todo lo posible por no traicionarla y no sentir lo que sentía, la evité, incluso intenté darle consejos de amor para que se quedara con Jesse, pensé que la iba a superar, nunca dejé de amar a Beverly porque empezaban a surgir nuevos sentimientos, mi relación con Beverly era complicada pero estaba comprometido con ella, me siento fatal por haberle mentido, debería haberle dicho cómo me sentía, ¿Pero qué crees que habría pasado? ¡No quería romperle el corazón!

- Hubiera sido mejor si hubieras sido honesto; quizá te habría dejado ir para que pudieras estar con tu nuevo amor, yo habría preferido eso antes que traicionarla, ella era miserable, te envió a Nicaragua con esa chica esperando que te acostaras con Amy y luego lo superaras para que tú y ella pudieran volver a la normalidad.

- Nunca iba a ceder a mis deseos carnales, – dije mientras negaba – no podía evitar que mi corazón se enamorara, si hubiera algo que pudiera haber hecho para evitarlo, créeme, habría movido cielo y tierra, luchado contra los dioses del olimpo, suplicado y rezado con tal de no sentir... Este amor fue inevitable y doloroso, no lo pedí, simplemente ocurrió, no tenía control sobre él, pero sí control sobre mi cuerpo, resistí el impulso de estar con Amy, nunca di paso a nada, mientras Beverly estaba viva la respeté, incluso después de que ya no estuviera, no corrí inmediatamente a sus brazos, la lloré durante meses, pero necesitaba volver a vivir.

- No fue suficiente, no podría amar a nadie más como la amé a ella. – dijo y empezó a llorar.

- No lo hago, las quiero a las dos de diferentes maneras.

- Rick, por favor… – podía oírla sollozar – duele.

- Lo sé, lo siento.

En su corazón jamás me perdonaría por amar a otra persona que no fuese Beverly, al igual que Jesse tampoco me perdonaba, ya habían pasado años y esperaba que el tiempo hubiera hecho lo suyo, que, si lo llamaba, el teléfono sonaría y él contestaria.

Amy y yo habíamos pasado por mucho en cinco años, estuve con ella en su tratamiento para el vitíligo, en un principio no era consciente de las inseguridades que ella intentaba ocultar, visitar al médico fue una decisión que le costó tomar. Amy sentía que ir al médico indicaba que estaba inconforme consigo misma, se sentía culpable por no quererse totalmente.

La primera visita al médico fue para explicarnos más de su enfermedad y por primera vez tener un diagnóstico, las siguientes fue para llevar seguimiento. El médico había recetado varias cremas que en algunas partes del cuerpo con el tiempo restableció el color original de la piel, la felicidad que eso le causó con la primera mancha pigmentada fue un gozo absoluto, verla feliz constantemente se había convertido en mi razón principal de ser.

La medicina no era mágica, había partes del cuerpo en las que no podían actuar, pero evitaron la prolongación y ayudaron en zonas más visibles. Intentamos más de un médico para su enfermedad, fueron al menos tres en los primeros dos años, los cambios no fueron drásticos, pero la satisfacción de ver los resultados no solo en su piel sino a nivel emocional me decían que valía la pena cada centavo y minuto invertido.

Adoptamos un gato, era nuestro hijo, había destrozado dos sofás a pesar de que le compramos varios rascadores y le cortábamos las uñas constantemente, aparte de eso era bastante obediente y divertido, siempre estaba queriendo comer, jugando o siendo increíblemente adorable, le encantaba acurrucarse con nosotros luego del trabajo y era bastante sociable con las visitas.

Amy y yo habíamos adoptado una rutina, íbamos al gimnasio, trabajábamos juntos, salíamos con amigos al menos una vez a la semana, visitábamos a mi madre todos los domingos y la acompañábamos a la iglesia, a excepción de los fines de semana que visitábamos a sus hermanas, que era al menos cada trimestre del año, teníamos vacaciones cada semestre en que por lo general terminábamos en alguna playa haciendo surf o parque nacional buscando animales interesantes.

Nuestra relación funcionaba bastante bien, no quería decir que no tuviéramos desacuerdos, Amy y yo aún teníamos una década de diferencia en edad y sería mentira decir que no afecta en nada nunca, sin mencionar la infinidad de veces que por la barrera del idioma terminábamos en algún malentendido. Sin embargo, jamás se nos cruzó por la mente terminar, ni faltarnos el respeto, nuestro interés principal siempre fue hablar y hacer nuestra relación más fuerte.

No me gustaba discutir con Amy, pero cada vez que lo hacíamos sentía que valía la pena, nos entendíamos mejor y nos amábamos más, hacer el amor con ella después de una discusión era de mis cosas favoritas, venía cargado de amor, pasión y entendimiento, nos comunicábamos con el pensamiento y nos satisfacíamos por periodos más largos, en ningún momento el sexo fue aburrido ni monótono, nuestro amor se mantenía fresco como el primer día.

En cinco años no había sentido que dejase de estar enamorado de ella, ni si quiera cuando comencé a ver sus defectos, Amy era la mujer hecha para mí, sin importar quien fue mi primer amor, o lo importante que fue mi segundo amor, Amy era quien se quedaría para siempre, nadie me había presionado para pedirle matrimonio, ni habíamos forzado nuestra relación, nos tomamos nuestro tiempo y lo disfrutábamos.

Mi madre fue la primera en saber que me quería comprometer, se lo hice saber de inmediato luego de que en nuestro cuarto aniversario Amy y yo hiciéramos un viaje a Hawái y observara a un montón de parejas casarse, me di cuenta de que la idea de volver a estar con alguien de esa forma no me disgustaba, si Amy quería una gran boda se la daría, si ella quería algo pequeño así sería, lo haría otra vez con tal de despertar con la seguridad de tenerla para siempre a mi lado.

Me llevó varios meses encontrar el anillo perfecto, quería algo que la representara a ella y a nuestra relación, cuando lo encontré hablé con sus hermanas en privado para tener la aprobación, ellas aceptaron con gran emoción, éramos practicantes una familia, lo único que necesitaba era la forma correcta de proponerlo, y a Jesse, a quien extrañaba constantemente, quería que él estuviera en mi boda y quería que él supiera de mis intenciones.

Deje que el teléfono sonara, sabía que Jesse se encontraba visitando a su madre, lo acababan de trasladar de base, había estado fuera en Japón por varios años y estaba de vuelta, aún no estaba al tanto de donde estaba sirviendo, pero sabía que visitaba a Fay con más regularidad y si no respondía lo iría a buscar, si no quería saber más de mí, que me lo dijera en la cara, ese sería mi último intento, para mi sorpresa, Jesse respondió.

- Rick. – su voz sonaba igual que siempre.

- Hola Jesse. – intente sonar relajado, pero estaba nervioso.

- Hombre, tanto tiempo, – lo dijo como si no hubieran pasado cinco años – no esperaba tu llamada ¿a qué debo la sorpresa?

- Quería saber cómo estás, – y me pregunté: si hubiera hablado antes ¿me hubiera respondido? – hace mucho que no hablamos. – dije.

- Sí, cinco años.

- Quería hablar contigo, saber si seguimos siendo amigos. – dije.

- Pues claro que seguimos siendo amigos, – respondió con ánimo – somos hermanos, eso no se puede romper tan fácilmente.

- Tienes razón, deberíamos vernos para tomar unos tragos, sé que estás en la ciudad.

- Por su puesto, por los viejos tiempos. – aseguró.

Le pedí a Jesse que nos encontráramos en un bar para hablar porque sabía que si lo hacía por teléfono podría colgar en cualquier momento, tenía que verlo, Amy y yo estábamos con Perry, nuestro gato Siamés, sentados en el piso con el calendario frente a nosotros planeando nuestros compromisos.

La fecha en la que le pediría matrimonio estaba tachada como nuestra cita del mes, ella aún no tenía ni idea, el anillo de oro con diamante azul de 3 ct estaba en posesión de mi madre, simbolizaba la confianza y la devoción que nos teníamos y el color me recordaba al mar, su cosa favorita, mamá se puso a llorar cuando lo vio, me dijo que estaba orgullosa de mí y que si pudiera replicarme hubiera tenido más hijos.

- Voy a ver a Jesse está semana, – señalé en el calendario la fecha – nos encontraremos para cenar. – comencé a escribir en el papel el lugar y la hora.

- ¿Y yo tengo que ir? – preguntó Amy sorprendida.

- No, me gustaría hablar a solas con él ¿te incomoda? – pregunté y ella negó.

- Me sorprende, no sabía que habían vuelto a hablar.

- Su madre me contó que Jesse estaba de vuelta de visita, le llamé esta mañana.

- Estamos juntos todo el tiempo ¿en qué momento pasó eso? – preguntó confundida.

- Estabas en la reunión con los nuevos proveedores, debí decirte que iba a hablar con él, solo que no sabía que iba a responder. – ella hizo un sonido pensativo.

- ¿Y cómo está? – preguntó luego de un largo silencio.

- Se escuchaba bien – dije algo inseguro – ¿Aún te importa? – su reacción me había dejado un poco desconcertado, en realidad no sabía qué esperar – Jesse. – ella me observó incrédula.

- Estás de broma ¿no?

- No lo sé, por eso pregunto. – dije.

- Entonces cinco años contigo no han sido suficientes, – se puso de pie indignada – no sé cómo te atreves a insinuar tal cosa siquiera.

- Amy, – la llame – por favor no te vayas, no estoy dudando de tu amor por mí, – ella se detuvo y se cruzó de brazos – cuando estaba casado, aun amando a Beverly sentía cosas por ti, si aún guardarás sentimientos por…