49 #2
- Diablos, señorita. – imitó a dónde están las rubias.
Jesse y yo no nos habíamos visto desde el cumpleaños de Juliana cinco años atrás, era cierto que no sentía nada por él, pero eso no borraba que fuera mi ex, no cualquiera, el primero, era extraño que ahora fuera el padrino de bodas, era como si yo le pidiera a Debbie ser mi dama de honor, ella me agradaba, la conocí un par de años atrás en un evento de caridad al que asistí con Juliana y luego nos vimos un par de veces más coincidiendo en diferentes lugares, pero no se me ocurriría ser amiga de alguien que se acostó con mi pareja, era extraño.
Rick y yo llegamos a nuestra casa, un montón de preguntas comenzaron a rondar en mi mente ¿Nos casaríamos por bienes separados? ¿Únicamente por lo civil o también por la iglesia? ¿Tendríamos luna de miel? ¿Quería una boda grande o pequeña? ¿Nos casaremos solo allí o también en mi país? ¿Tomaría su apellido? ¿Vendrían mis hermanas? Antes de darme cuenta estaba exteriorizando mis dudas en voz alta.
- Una cosa a la vez, – me pidió con cariño – no voy a casarme por bienes separados, así de comprometido estoy contigo, estaremos juntos para siempre y si te quieres separar me parece justo que tengas la mitad de mis bienes, has trabajado en mi empresa tanto como yo. Sí, me quiero casar contigo por lo civil y en la iglesia, deseo que nuestra unión sea bendecida por Dios, después de todo tú serás mi último matrimonio, quiero que sea definitivo. Puedes tomar mi apellido o yo puedo tomar el tuyo, como gustes y tus hermanas pueden venir, la boda será tan grande como tú te sientas a gusto, no quiero que sientas presión, no te olvides de mantener los límites con mi madre o ella se aprovechará de la relación que tienen y se apoderará de los planes y se volverá un dolor de cabeza ¿algo que se me olvide?
- ¿Tú qué quieres? – pregunté.
- Ser tu esposo.
- No, en serio, ya has tenido dos bodas, sabes cómo es esto, no quiero que te abrumes si se me ocurre hacer algo grande, si solo deseas casarte podemos ir mañana al registro y casarnos sin necesidad de ceremonia. – dije.
- Amy, – él tomó mis manos – solo porque he pasado por esto antes no impide que disfrute mi boda contigo o que lo haga menos especial, al contrario, porque se trata precisamente de ti me entusiasma aún más, si lo que tú quieres es casarte sin más así lo hacemos, pero ya que me preguntas que es lo que quiero te lo diré, no quiero casarme contigo solo firmando unos papeles, porque no te visualizo de esa forma, cuando pienso en tú y yo juntos, imagino que estamos en el mar, que mis padres y tus hermanas están allí, nuestros amigos más cercanos, solo las personas que nos importan, ellos son testigos al momento de decir nuestros votos y celebran con nosotros el amor, quiero que vistas de blanco y que bailemos juntos nuestra canción, quiero tener recuerdos del momento en que nuestras vidas se unieron para siempre.
- Awww Rick, el mar suena de en sueño. – dije.
- ¿Tú qué imaginabas para tu boda? – me preguntó.
- No lo sé, cuando era pequeña pensaba que mi abuelo me encaminaría al altar, pero ves como las cosas han cambiado, solo por favor no dejes que Jesse organice tu despedida de soltero, no tienes permitido engañarme antes de la boda, eres solo mío.
- No estoy interesado en engañarte, con la única mujer que quiero estar es contigo.
- También quiero que nos vayamos de luna de miel. – agregué.
- ¿A dónde quieres ir? – me preguntó con una enorme sonrisa de felicidad.
- Siempre quise ir a Hawái, pero ya fuimos el año pasado, creo que me encantaría ir a Sudáfrica o Australia, tienen increíbles playas para hacer surf.
- No iré a Australia – dijo – la gente camina descalza en todas partes y hay animales venenosos y salvajes, no me parece que sea seguro nadar en las playas llenas de tiburones y cocodrilos.
- Hay tiburones en todas las playas, – argumenté – Miami también está lleno de tiburones y cocodrilos.
- Miami tampoco me gusta, Sudáfrica no me parece mala idea, deberíamos organizar una reunión el lunes con Marjorie y recursos humanos, tendremos que contratar a un asistente para que nos ayude con todo esto.
Hablamos por horas de la boda, sobre lo que queríamos y cuáles eran nuestras expectativas, escribí en la agenda las decisiones que tomamos, como que mi despedida de soltera seria en Costa Rica con mis hermanas y mi mejor amiga. Él haría un viaje por carretera con sus amigos en los viñedos, iniciamos una lista de invitados, pusimos un límite de personas, escogí mi dama de honor, y discutimos la posible fecha.
Nos tomó más de una semana decidir una fecha, pasamos encerrados en la sala de reuniones discutiendo con Marjorie y con recursos humanos decidiendo, concretamos que nos tomaría al menos seis meses no solo planear la boda, pero también tener tiempo libre para poder irnos de luna de miel por una semana a Sudáfrica.
Marjorie sugirió a alguien para el trabajo temporal, nosotros aceptamos confiando ciegamente en ella, después de todo ella quedaría a cargo cuando nosotros no estuviéramos, también contratamos a una planificadora de eventos, con el fin de evitar que mi suegra interviniera en la planificación, las siguientes semanas estuve en busca de un vestido.
Perdí muchas horas en internet por las noches intentando encontrar el vestido perfecto y prácticamente un día completo buscando vestido en tiendas con mi suegra y mis amigas, Rick y yo usamos nuestras noches para hacer más planes y tomar más decisiones, estaba tan involucrado que me sorprendió, por lo general las mujeres se quejaban de que todo el peso decisiones la boda les caía a ellas, pero en mi caso no había sido así.
Rick se sentaba a comer conmigo y me preguntaba de repente si quería el pastel de cierta pastelería, me mostraba fotos de flores que había visto para centro de mesas que le parecen bonitas y discutía conmigo las locaciones que le parecía mejor, me llenaba de ternura al escucharlo hablar con tanto entusiasmo sobre nuestra boda, mi suegra dijo que no fue así con ninguno de sus dos matrimonios y que era porque lo hacía más feliz que sus anteriores parejas.
El tiempo planeando una boda se pasó increíblemente rápido, un día estamos al teléfono con la encargada de la boda, Monique, discutiendo sobre ciertos proveedores, al siguiente las invitaciones ya se habían enviado y al otro día había encontrado mi vestido ideal, era blanco perla, de ceda y de tirantes, todo pasó en un parpadear, seis meses no eran nada, excepto nerviosismo.