47
Amy
¿Qué? ¿Qué no habíamos terminado? ¡Diablos! ¿Es que mi cuerpo era capaz de soportar un orgasmo más? Ni si quiera sabía que el sexo podía ser así de bueno, así de completo, el sexo con Jesse era bueno, pero él nunca se vino dentro, jamás me hizo sexo oral, ni mucho menos me hizo venir más de una vez.
Rick salió de mí, acaricie su dureza con la mano suavemente, no lo pensó dos veces, colocó mis piernas sobre sus hombros y se hundió nuevamente en mi ¡santos cielos! Reprimí mis ganas de llamar a todos los santos, me embestía con tanta fuerza que podía sentirlo en mi vientre, me elevó un poco para poder apretar mis glúteos y jadee fascinada ¿Cómo era tan bueno?
Rick bajó mis piernas de sus hombros hacia su cadera, luego colocó la palma de su mano abierta sobre mi espalda y me levantó, salió de la cama sin salir de mí, caminó hacia su habitación sosteniéndome con sus brazos, llegamos al baño, apoyó mi espalda sobre el cristal que separaba a la ducha mientras con una mano me sostenía de la cadera y con la otra su peso en el cristal, comenzó a embestirme duro, mis gemidos se convirtieron en gritos, no podía resistirlo.
- Así es como se escucha. – dijo para sí mismo.
- ¿Qué cosa? – pregunté en agonía.
- La primera vez que me masturbé pensando en ti, fue luego de volver de mi viaje a Costa Rica, luego de conocernos y lo hice justo aquí. – sus ojos brillaron con cierta oscuridad.
- ¡Oh! – eso explicaba por qué era insaciable.
Cuando Rick me hacia el amor, lo hacía con fuerza y pasión, me hacía sentir mil cosas a la vez, mis piernas comenzaron a temblar, todo mi cuerpo se rindió ante él y volví a venirme, utilicé los músculos de mi vagina para apretar, Marjorie me había explicado cómo hacerlo, ella era la única persona con la que podía hablar de esas cosas, la mayoría de los gringos eran demasiado conservadores.
Cuando lo hice la primera vez a Rick le gustó, así que repetí, aprete varias veces, enterré mis uñas sobre sus bíceps, que aún no había perdido su musculatura, él gimió otra vez y escucharlo fue maravilloso.
- Amy, estás tan estrecha – dijo con voz dolorosa – ¿Cómo haces eso?
- Una amiga pervertida me sugirió hacerlo ¿te gusta? – él asintió – es la primera vez que lo hago. – admití.
- Voy a venirme, – yo también – dime que me amas otra vez.
- Te amo Rick, te amo ¡oh, Dios! – grité.
Rick se vino dentro de mí, era intenso y arrollador, le mordí el hombro y reprimí mis gritos, me tenía temblando de placer, no creí poder aguantar otro orgasmo, pero ahí estaba con la visión nublada y completamente satisfecha. Rick me bajó, cuando mis pies tocaron el piso me costó estabilizarme, mis piernas no tenían fuerza, él me sostuvo, sus ojos me veían con furor.
- Yo también te amo, – dijo con voz ronca – amo todo de ti y amo que me ames.
Mi corazón se derritió y sentí unas ganas inmensas de llorar, era tan feliz, todos esos meses cuidándolo, trabajando duro en su empresa, compartiendo con sus padres, educándome para estar a su altura, todas esas muestras de amor por fin estaban siendo reciprocadas, había valido la pena la espera.
- ¿Me amas? – pregunté en voz aguda.
- Te amo. – el asintió.
Estaba tan llena de gozo que comencé a reír, él me sonrió y me levantó entre sus brazos para llevarme a su cama, nos quedamos recostados un largo rato simplemente observándonos hasta que mi corazón recuperó la velocidad normal en sus latidos.
- ¿Tienes hambre? – me preguntó y yo asentí.
- Quédate aquí, si te miro desnuda en la cocina voy a querer hacerte el amor otra vez.
- Me gustaría, pero no puedo mover un dedo. – admití.
Él se levantó de la cama y regresó unos minutos después con un tazón lleno de yogur, almendras y otros frutos secos, escribió con miel “I ♥️ U” y me pareció lo más dulce de la vida, me entregó una cuchara y ambos comimos del mismo.
Luego de comer nos acurrucamos juntos, me sentía tan cómoda y a gusto en su pecho, Jesse podía ser mi primer amor, pero nuestra relación fue pasional y demasiado intensa e inestable, Rick era la persona indicada para mí, todo lo que yo necesitaba y quería estaba con él a su lado.
- ¿Aún te gustaría tener una granja con animales? – me preguntó.
- No lo sé, – admití – al llegar acá conocí un nuevo mundo y me he adaptado a él, sentiría mucho pesar de tirar a la basura todo el trabajo que me ha costado ser esta nueva persona.
- ¿Y no sientes que esta nueva vida es tirar a la basura tus años en la universidad? – inquirió.
- No realmente, porque me gusta, es exhausto, no te diré que no me estreso o que no me canso, a veces al final de la noche me quedo llorando un par de horas para poder volver al día siguiente como si nada, pero se hace buen dinero y le puedo ayudar a mis hermanas, estoy ahorrando para un auto, está genial que George nos lleve a todos lados, pero él también tiene una vida y cuando no está me gustaría poder manejar mi propio vehículo.
- Pensé que no sabías manejar. – dijo.
- Pensaste mal, George me enseñó, no es muy difícil manejar en automático, lo difícil es lidiar con la gente loca de las calles, en especial en autopistas, saqué mi licencia hace como un mes.
- No lo sabía.
- No hablábamos mucho a menos que fuese de trabajo. – recordé.
- Lo siento, debí haber estado más involucrado. – dijo molesto consigo mismo.
- No te martirices por eso mi amor – dije las últimas palabras en español.
- ¿Me acabas de llamar amor? – preguntó con una sonrisa.
- Si ¿está mal?
- Me gusta más que jefe. – dijo, así era como le llamaba en el trabajo.
- Seguiré llamándote así en la oficina. – aclaré.
- Entonces solo trabajas con nosotros porque te pagamos bien. – dijo en tono de broma.
- Mis compañeros de trabajo también me agradan mucho, somos un buen equipo y se nota que le tienen aprecio a la empresa, sin mencionar que me gusta san Diego, estoy enamorada de esta ciudad, me sería difícil dejarla. – reconocí.
- ¿Ni si quiera por todos los animales que quieres tener? – preguntó.
- Es curioso que lo menciones, he hablado sobre esto con mi psicólogo, lo que sucede es que he cambiado mucho y con los cambios en mi vida también mis sueños y aspiraciones han cambiado, mi yo de antes quería la granja, esta nueva versión de mí no tanto, aún me siguen encantando los animales y creo que sería feliz adoptando un perro o un par de gatos.
- ¿No ponis ni vacas peludas? – preguntó elevando una ceja, yo me puse a reír.
- ¿Cómo te acuerdas de eso?
- Me acuerdo de todo lo que tiene que ver contigo, – señaló una mancha sobre mi hombro – esa no estaba ahí la primera vez que te vi, – luego se fue a mi cuello – y esa se hizo más grande luego de que terminaras con Jesse.
- Si, las marcas en mi piel aparecen o cambian cuando estoy bajo mucho estrés – expliqué.
- ¿Cómo es que tienes vitíligo? No se supone que es falta de vitamina D y tú haces surf. – explicó como todo un experto.
- No lo sé, nunca he ido a un médico. – el frunció el ceño ante mi respuesta.
- Pero te pagamos seguro médico.
- Iré cuando mi jefe esclavista deje de ser un explotador y haga su trabajo, así yo tendré algo de tiempo libre. – dije y él se puso a reír.
- Quizás tu jefe esté considerando tu arduo trabajo y quiera darte un aumento, así te puedes comprar un poni o tu vaca peluda. – dijo refiriéndose a sí mismo en tercera persona.
- Ambos son muy caros, tendría que elegir entre un poni o un auto.
- Creo que te verías adorable llegando en poni a la oficina. – me reí de su comentario.
- ¿No es irónico que trabajando en venta de vehículos aún no he comprado el mío? – mi pregunta era retorica.
- Puede que tú jefe te obsequie uno a final de año como incentivo por ser la mejor trabajadora. – dijo.
- En ese caso se lo tendría que dar a Marjorie, no sé cómo hace ella todas las cosas, bueno tendré que pedírselo a mi novio, porque con mi jefe pierdo las esperanzas.
- ¿Tu novio? – preguntó y yo asentí – tu novio estará feliz de regalarte un auto y la vaca también.
Sonreí y lo bese, él se alejó de mí y se encaminó hacia su closet, en cuanto lo abrió note que aún tenía la ropa de Beverly, trate de que no me incomodara, había estado viviendo en la casa con fotos de su boda en la sala y algunos retratos con fotografías de ambas familias. Rick fue directo a la caja fuerte, puso la clave y la abrió.
Sacó una caja blanca bastante grande, caminó hacia mí y la colocó en frente de mí, al abrirla reveló un montón de joyas finas. Lo primero que llamó mi atención fue un brazalete de diamantes en oro blanco, aunque había todo tipo de oro y todo tipo de piedras preciosas, debían de valer una fortuna, Rick se quitó el anillo de bodas y lo colocó sobre la caja.
- Son las joyas de Beverly, – me dijo – puedes quedarte las que quieras, incluso puedes vender mis argollas de matrimonio junto a las joyas que no te gusten y comprarte un auto.
- ¿Qué? – mi corazón palpitaba acelerado – no crees que la familia de Bev debería tener estas joyas. – pregunté y el negó.
- La hermana y la mamá de Bev ya se han llevado algunas, estas son las que le compré yo, me pertenecen y ahora quiero que sean tuyas.
- ¿Estás seguro? – pregunté en estado de shock.
- Te lo debo, – las extendió hacia mí – también puedes tomar cualquier pieza del closet que te guste, no las he querido tirar porque en su mayoría son ropa de diseñador y cuestan mucho dinero.
- Eso no me lo dices dos veces, lo que no me queda a mí le puede quedar a Fátima y estoy segura de que ella apreciaría la ropa. – él sonrió y asintió.
Me levanté de inmediato al closet, Beverly tenía un estilo muy definido y elegante, old money, observé algunas piezas, eran perfectas para trabajar, algunas eran oversized, incluso Wanda podría usar algo de allí, encontré un par de vestidos hermosos y no parecían ser de mi talla, Bev era muy delgada y bastante alta.
Rick me abrazó por la espalda, me besó el cuello, me gire para verlo a los ojos, sus manos se aferraron a mi trasero y me empujó contra él, quitarse el anillo era un gran paso, quizás el más grande luego de la muerte de Bev y eso implicaba que tenía un compromiso conmigo.
- Gracias. – dije.
- Ya es momento que me deshaga de todas estas cosas ¿me ayudas? – pidió y yo asentí.
Pasamos el resto de la noche sacando todas las pertenencias de Beverly del closet, si bien no éramos la misma talla, la mayoría de sus accesorios me quedaron a mí, cinturones, gorras, bufandas, etc. Empaquetamos dos cajas grandes, una para Fátima y otra para Wanda, los zapatos los guardamos en otra caja para enviárselos a Nathy, hermana de Bev, en su mayoría eran tacones de aguja talla diez Christian Louboutin, no me quedé ninguno porque no éramos la misma talla y parecían demasiados incómodos para mi gusto.
La mañana siguiente hicimos varios cambios sobre la casa, algunas piezas de arte habían sido elegidas por Bev y a Rick no le gustaban, también quitamos la mayoría de las fotos, cuando fue momento de mover la fotografía de la boda, él se quedó pensativo, como si dudara de hacerlo.
- No tienes que quitarlas todas ahora mismo, – le deje saber – puedes dejar esa. – pero él negó.
- No, – una lágrima corrió por su mejilla – disculpa, es, aún no puedo creer que ella ya no esté aquí.
- Podemos dejar una foto de ella para recordarla, me gustaría verla por aquí, después de todo, está también era su casa.
- Si en algún momento ya no deseas verla me lo dices, podemos quitar la foto en cualquier momento. – dijo aceptando mi oferta.
Realmente no pensaba que eso fuera a pasar, sentía que él lo requería, necesitaba un recordatorio de que ella fue real y Beverly merecía ser recordada, no iba a quitar su foto nunca, remplazamos la foto del matrimonio, por una donde salía ella el día de su graduación y la colocamos sobre la mesa, al final del día la casa ya no se veía igual.
Llegando la noche, Rick ordenó pizza para cenar, nos sentamos en su cama donde ya habíamos hecho el amor un par de veces por la mañana, comimos en silencio mientras nuestras sonrisas lo decían todo, por fin esa casa se había convertido en mi hogar definitivo.
- ¿Ya sabes que auto quieres? – preguntó.
- Un Tesla, el modelo tres.
- Nosotros no vendemos esa marca. – alzó una ceja.
- ¡Ups! – comencé a reír.
Rick negó con una sonrisa, ver cómo se lo tomaba a broma era un gran contraste, Jesse estaría gritando, hubiera arruinado la noche, yo estaría llorando, en cambio, estaba allí, pasándola bien, sin ningún incidente, nuestras diferencias las habíamos discutido con amor y respeto y tener eso como un hecho y no una simple aspiración hacía que me sintiera plena.
Me acerque de nuevo y lo bese otra vez, Rick era mucho más pasional de lo que creía, la forma en la que me hacia el amor, aún seguía pensando en ¿Cómo era tan bueno? Según supe, él no tenía mucho sexo con Beverly, antes de ella estuvo dos o tres años soltero ¿sería que experimentó con otras mujeres en ese tiempo? La curiosidad me estaba matando.
- Rick. – le llamé.
- ¿Sí?
- ¿Cómo es que eres tan bueno haciendo el amor? Esta mañana, hiciste algo… – me interrumpí cuando él sonrió satisfecho.
- Recuerdas el día de tu cumpleaños cuando te compré todos esos libros, – Asentí – bueno, yo también los leí, he seguido tu Goodreads y he leído cada libro que has marcado como leído, he recordado una escena de uno de tus libros de romance favorito y lo he puesto en práctica, pensé que te gustaría.
Awww. Me quede sin palabras, había leído alrededor de veinte libros en el año, debió de tomarle mucho tiempo leerlos todos, no podía creer que hubiera hecho eso por mí, mi corazón se sentía que rebozaba de tanta felicidad, sentía que si lo pinchaba con un alfiler podría reventar.
- Rick ¡oh! me ha encantado.
- Tenía miedo de decirte y que pensaras que era un acosador, pero me moría por discutir de la trama de cada uno.
Pasamos el resto de la noche discutiendo de libros, cuando fuimos a la cama volvimos a hacer el amor, no me cansaba de tenerlo encima de mi o en cualquiera de las nuevas posiciones que experimentaba a su lado, lo amaba y quería complacerlo para demostrárselo todo el tiempo.