Jesse's girl 46
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Rick

Escucharla decir esas palabras, cada una llena de fuerza y desesperanza fue lo único que necesité: Te veo Amy, veo cuando sufres, cuando añoras y cuando me necesitas, veo tu pena y tu hambre ¿y qué clase de hombre sería si no pudiera calmar tu sed? Peor ¿qué clase de amante sería si no te lo diera todo?

- Nada de poco a poco, nada de migajas, – dije – lo único que soy capaz de darte es todo. – Si vamos a hacer esto, lo haremos a mi manera.

Sin decir más me lancé sobre ella, en un segundo coloqué una mano detrás de su espalda y otra detrás de su cuello, la atraje hacia mí al encuentro de nuestros labios, me quemaba, el roce de su piel ardía, era todo lo que siempre quise, pero mejor de lo que imaginé, la besé con desesperación, como si estuvieran por atraparnos, tenía esa necesidad de retenerla en mi boca para siempre y no dejarla ir nunca.

Amy me mordió el labio inferior, despertando a mi cuerpo entero, sentí la presión de mi miembro contra mi ropa interior, era desesperante, incluso más que la noche anterior cuando la vi con menos ropa, sus manos recorrieron mi cabello, era mía, sus labios eran míos, su lengua, en ese momento ella me pertenecía.

Amy era una fiera, no podía creer que hubiera perdido tanto tiempo cuando debíamos juntos, comencé a sentirme como un tonto por dejar que la depresión me impidiera tener momentos como esos, deslice mis manos sobre su cuerpo hasta llegar a sus muslos, ella se estremeció con el tacto, acomodé sus piernas alrededor de mis caderas y la levanté para llevarla a su habitación porque estaba más cerca que la mía.

La coloqué con cuidado sobre la cama sin dejar de besarla ni un momento, cuando me separé me permití perderme en sus ojos unos segundos, estaba sonriendo con la mirada, a punto de entregarme su alma, la besé otra vez colocando mis manos por encima de sus hombros para sostener mi cuerpo, besarla no se sentía suficiente, quería pasar horas junto a su boca.

- Esto está pasando. – me susurró junto a mis labios.

Existía la posibilidad que ella también imaginara ese momento en su mente tanto como yo, aproveché la distancia para sacarme la camisa, sabía que no estaba en forma, perdí el abdomen marcado, sin embargo, ella me observaba con fascinación, ninguna mujer antes me había visto con tanto deseo, colocó sus manos sobre mi pecho y las deslizó despacio, me sentí vulnerable y extraño.

Tomé sus manos entre las mías y las llevé a mi boca, bese cada uno de sus dedos, luego la palma, deslicé la yema de mis dedos por lo largo de sus brazos, sus ojos me adoraban con ternura, no podía soltarla, ni a ella, ni a ese momento, coloqué mi mejilla junto a su mano y respiré su olor, Amy olía al océano, su fragancia era enloquecedora, la mordí en la clavícula, ella se exaltó y se puso a reír, deslicé mis labios sobre su piel hasta llegar a su cuello, la besé por un largo tiempo, ella se retorció por debajo de mí, segundos después la escuché gemir.

- Es mío. – dije.

- ¿Qué? – preguntó buscándome con la mirada.

- Ese gemido, me pertenece a mí, el día de la parrillada en la piscina, tú y Jesse… – ni si quiera pude terminar, ella negó y se sentó.

- Nos escuchaste. – dijo con remordimiento, yo asentí.

- Ese día me sentí enfermo de solo pensar las cosas que te hacía, vomité por horas en el baño en cuanto se fueron.

- No lo hicimos, – aclaró – Jesse me estaba tocando cuando nos interrumpiste, luego él me llevó a tu habitación y me sentí incómoda, Jesse se movía con tanta naturalidad como si hubiera llevado a otras mujeres, además estábamos en tu cama, todo se sentía mal, le dije que no quería hacerlo.

- Encontré un condón usado en la papelera. – dije y ella giro los ojos.

- Jesse se masturbó con el condón puesto, si te hace sentir mejor, algunas veces fingí orgasmos para hacerlo terminar más rápido solo porque ya no lo estaba disfrutando.

- No deberías fingir orgasmos – le dije – prométeme que no vas a hacer eso conmigo, si algo no te gusta vas a decírmelo, si no te sientes cómoda lo vas a compartir conmigo, si quieres que…

Me detuve a media oración porque me acaba de dar cuenta que todo lo que le pedía implicaba que no íbamos a hacer eso una sola vez, estaba suponiendo sobre muchas veces en el futuro en donde nos haríamos el amor, Amy no sería quien me quitaría los deseos esa noche, ella era quien generaría deseos cada noche.

- Mi trabajo es que quedes satisfecha y si no puedo complacerte quiero que salgas por esa puerta y consigas a alguien más, por cierto ¿te dije que no tengo intenciones de dejarte ir? – agregué.

- Está bien, lo prometo, aunque no creo tener que fingir nada contigo.

Sonreí e inmediatamente regresé a su boca, besándola despacio y con intensidad, dejando caer el peso de mi cuerpo sobre el suyo, sus caderas comenzaron a moverse por debajo de las mías, ansiosas y torpes, haciendo que me pusiera más duro, como si eso fuera posible, el dolor a causa de la represión comenzó a ser punzante.

Amy me estaba dejando sin aliento, me alejé de ella un instante para poder respirar y la observé jadear, toda la química de mi cerebro estaba alterado en ese momento, no era capaz de actuar como un ser pensante, todo lo que ella provocaba en mí no era normal, sentía como si estuviera alucinando, pero eso no era un sueño, no estaba imaginándola mientras estaba con alguien más, en realidad ella era mía.

Me agaché sobre ella hasta alcanzar su pequeña blusa, la deslicé asegurándome de acariciar su piel mientras se la sacaba y por primera vez aprecié sus pechos desnudos, había deseado verlos tantas veces, desde la primera vez que la vi en traje de baño y en lencería, por fin podía deleitarme la vista.

Su respiración era pesada, Amy tenía los ojos cerrados y los labios apretados mientras le acariciaba sus hermosos pezones con mis pulgares, la decoloración en su piel la hacía ver como una obra de arte ¿Cómo no había notado su belleza antes? ¿Cómo era que había sido tan privilegiado con ese momento? Su cuerpo era una obra maestra y yo era la persona más afortunada del mundo por tenerla.

Deslicé mi dedo índice acariciando la línea que dividía el tono más oscuro de su piel del tono claro, su piel se erizó, ella tragó saliva y abrió los ojos, necesitaba más vida para adorarla, hice pequeños dibujos sobre sus marcas más pequeñas, tenía pecas que no había notado antes, volví a sus senos y los acaricié con más fuerza, cabían en mi mano perfectamente, ella volvió a cerrar los ojos y reprimió un gemido ¡Dios!

Llamé su nombre en voz alta antes de volver a besarla, sin miedo, ni pena o culpa, deslicé mis manos sobre sus muslos de arriba hacia abajo, presioné mi cuerpo contra el suyo y comencé a moverme, la sensación era fabulosa, deje de besarla sin alejarme, coloqué mi frente sobre la suya mientras me seguía moviendo, observé su boca entreabierta, era lo más sexy que había visto nunca.

Tuve que separar nuestros cuerpos para no venirme, eso no pareció gustarle, se veía desesperada, como si le acabase de quitar su juguete favorito a un niño, dejé que mis dedos atraparan el pequeño short de su pijama y lo deslice por sus piernas hasta que quedó desnuda ¡oh, mierda! no traía ropa interior.

Coloqué mis manos sobre sus rodillas y las empujé hacia los lados para tener mejor acceso a ella, me tomó un par de segundos apreciarla, le hice una foto en mi mente y me lancé sobre ella, estaba húmeda y olía maravilloso, dejé que mi lengua jugara con su clítoris un par de minutos hasta que su cuerpo comenzó a retorcerse, entonces deslice un par de dedos dentro de ella, ella gimió y arqueo la espalda, lo cual era excitante de ver.

Los gemidos de Amy eran cada vez más constante y más sonoros, había atrapado con sus manos mi cabeza, me mantuvo presionado contra ella, yo no me detuve, mis dedos se deslizaban rápido dentro y fuera, quería que se corriera primero, no me tomó mucho tiempo, aumente la velocidad y ella se deshizo por debajo de mí, mi pecho se llenó de orgullo y sonreí al alejar mi rostro para poder observarla.

Mi vista era gloriosa, mi imaginación no había podido divisar la magnitud de ese momento, deslice mis dedos fuera de ella y observé su rostro, se había puesto toda roja y estaba sonriendo en grande, me acerqué a ella hasta que mis ojos estaban sobre los suyos, su mirada me atravesó y fue como una caricia en mi interior.

- Tú me deseabas, pero era yo el que soñaba contigo, no tienes idea cuantas veces amanecí con una erección gracias a ti, – dije casi un susurro – las veces que te imagine desnuda, no se comparaba si quiera un poco a esto, pero hacía lo que podía con lo que mi mente era capaz de imaginar, fueron muchas – enfaticé la palabra muchas – las veces que me masturbe pensando en ti, más de una vez cerré mis ojos y te imaginé a ti mientras hacía el amor.

La confesión de mi pecado más grande hizo que le quitara la vergüenza aquello que alguna vez me costó admitir, por un largo tiempo lo sentí como una traición a mi esposa y a mis valores, pero ahora que por fin tenia a Amy conmigo, todo hacía más sentido, quererla no era algo malo.

- Yo también, – dijo con dulzura – todas las noches antes de ir dormir, me recuesto en la cama y me toco pensando en ti, cierro los ojos, – y lo hizo mientras lo decía – y me toco, – observé sus manos sobre su pecho y su vientre deslizarse con ganas – ¡así! – apretó uno de sus senos – tengo un juguete en el cajón de la mesa de noche, – ella abrió los ojos y me observó con deseo – se llama Rick.

Tuve ganas de ir por el juguete con mi nombre, pero ella me atrapó el rostro con sus pequeñas manos, me atrajo hacia su boca y me beso con pasión, me sentí borracho de deseo, sus manos me soltaron y bajaron hasta mi erección, apretó con suavidad y yo enloquecí, me aguanté las ganas y negué.

- Vamos a jugar primero. – dije.

Estiré mi brazo hasta el cajón de la mesa junto a la cama, había un lubricante, lo tomé, luego divisé el vibrador de conejo púrpura, ella se cubrió la boca con la mano, le sonreí, podía imaginarla haciendo todo lo que me dijo, la veía en mi mente si cerraba los ojos, incluso podía escucharla gemir mi nombre mientras se masturbaba, pero quería verla de verdad.

- Hazlo frente a mí. – le ordené.

Ella tomó el vibrador de mis manos un tanto vacilante, luego colocó una mano abierta frente a mi dónde dejó caer un poco de lubricante, me moví para darle espacio, ella llevó el vibrador hacia su entrada y lo deslizo despacio, se mordió los labios, y me vio directamente a los ojos.

- Quiero verte venir sin que yo te toque, – forcé mi voz para que se escuchara más grave de lo normal – como lo haces cada noche. – ella asintió.

Comenzó a deslizar el vibrador más rápido, grabé en mi memoria los movimientos para saber lo que ella le gustaba, pensé replicar exactamente todo lo que ella estaba haciendo, aproveché para sacarme el pantalón y los calzoncillos, me sentí más relajado casi de inmediato, Amy me observó llena de placer mientras aumentaba la velocidad y se corría frente a mí.

- Te ves tan hermosa – acaricié su cabello y le di un beso en los labios – ¿hiciste esto anoche luego de venirme a ver con ese babydoll tan sexy? – ella asintió – el rojo te queda espectacular, no debí haberte dejado ir, estaba listo para ti, debí devorarte en ese instante.

- Descuida, ya te perdoné.

- De igual forma voy a compensarte.

Me coloqué de espaldas entre sus piernas, las atrapé con las mías y la hice girar en un movimiento rápido, la hice quedar boca abajo, tenía acceso a mi más grande adoración, acaricié su trasero con mi mano antes de darle una palmada, ella se quejó y luego se puso a reír, le gustaba, tanto cómo me gustaba ella a mí.

- Me encanta tu trasero. – dije.

- Ya lo sé, – respondió – cuando quieras es tuyo.

Utilicé la punta de mi miembro para jugar con su clítoris, ella gimió, recorrí su espalda con la palma de mi mano y atrapé su cabello en mis dedos, en un solo movimiento jalé su cabello con fuerza a la vez que me hundí en ella.

- Oh ¡Rick! – exclamó excitada.

El olor a su sexo era como una droga, me ponía mal, estaba muy húmeda por dentro, facilitando que me moviera rápido, Amy apretaba, incluso cuando ya se sentía estrecha, me descompuso y pensé que perdería la cabeza, tuve que bajar el ritmo para no venirme, comencé a penetrarla más despacio y más profundo, sus quejidos también cambiaron de ritmo, sus pechos se movían cada vez que nuestros cuerpos impactaban.

- ¡Quiero verte! – me pidió entre quejidos.

Me detuve, salí de ella despacio y dejé que ella se girase, cuando estaba inclinándome hacia ella Amy negó, colocó sus manos sobre mi pecho y mi hombro y me empujó hacia la cama para poder colocarse encima de mí.

- ¡Que rico! – dijo en español al hundirse en mí.

Ella me tomó de la muñeca guiando mi mano hacia sus pechos, me montó a su antojo, al principio eran movimientos lentos y circulares, estuvo así por varios minutos, la observé con fascinación, esa mujer era un sueño, pronto cambió el ritmo, aumentó la velocidad viniéndose por tercera vez encima de mí, la escuché gritar mi nombre varias veces y no me resistí.

La giré nuevamente hasta que mi cuerpo quedó encima del suyo, ella seguía gritando mi nombre oh, Rick, oh, Rick, la interrumpí con un beso y no deje de besarla en todas partes mientras mis caderas la envestían descontroladamente, ella estaba gritando y sabía que no era porque le doliera, sino porque lo estaba disfrutando tanto como yo.

Amy y yo llegamos al clímax al mismo tiempo, tuve varios espasmos mientras me corría, ella arqueo su espalda y hundió su cabeza en mis hombros, enterró sus uñas sobre mi espalda y las arrastro en mi piel, me sentí libre y más relajado de lo que había estado en años, ella me soltó para mirarme a los ojos con ternura.

- Te amo Rick, – dice con dulzura ¡Mierda! ¿cómo se suponía que debía responder a algo así? – solo quería que lo supieras.

- Yo… – asentí y me quedé mudo.

- Está bien, no quiero que sienta que tienes que corresponder, solo quería dejarlo ahí, quería que lo tuvieras. – dijo.

- Amy yo… – estoy algo confundido – ¡Mierda! Sabía que te haría daño. – negué y ella me observó con vacilación.

- ¡No! No digas eso, Rick, llevo queriendo que tengamos sexo desde hace mucho, aunque solo sea para quitarte el estrés, no me has hecho daño.

- No ha sido para quitarme el estrés y no ha sido solamente sexo, te he hecho el amor y aún no hemos terminado. – le avisé.