Jesse's girl 43
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Rick

Escuchar a mi padre contarme la historia por el teléfono se sintió totalmente irreal, casi caricaturesco, imposible de creer: tu madre y Bev fueron a hacer senderismo al atardecer, a Beverly le picó un cascabel, tú madre no supo que hacer, ella no sabía que Bev era alérgica, todo sucedió muy rápido, cuando llegaron los primeros auxilios ella ya no respiraba.

Sabía lo que mi padre me acaba de decir, pero no quería aceptarlo, así que como imbécil pregunte ¿está bien? Solo para escucharlo decir: Beverly está muerta, tu madre sigue en el hospital, me pidió que te diera la noticia, aún está en estado de shock, se siente culpable de lo que pasó, tienes que volver pronto. El terror que sentí al escucharlo me carcomió hasta los huesos.

Beverly ya no estaba ¿Cómo se suponía que iba a vivir sin ella? Colgué el teléfono sabiendo que la otra persona a la que quería estaba conmigo, a la cual acaba de lastimar y ni siquiera era capaz de verla a los ojos, ella me había intentado besar y yo la había rechazado, porque aun queriendo lo mismo que ella, tenía un compromiso con otra persona y besarla hubiera roto con la confianza que se me había brindado.

Había querido besar a Amy desde que la vi montar en la ola, se veía tan poderosa que era atractiva, sexy, luego, cuando me dijo que era cómo el atardecer supe que ella se sentía igual que yo, casi no lo podía creer, ella huyendo de mí me lo confirmaba, estuve a punto de besarla en la ducha, cuando el agua corría por su cuerpo y la sangre que corría por mis venas ardía ferozmente, pero no lo hice, porque Beverly siempre estuvo en mi mente de manera inconsciente.

Mi esposa, deseaba a Amy, pero estaba casado, lo estaba, referirme a mi matrimonio en pasado también se sentía surreal, a pesar de tener sentimientos por Amy, seguía amando a Bev con todo mi corazón, hacerle daño no era algo que se pudiera llamar un error, traicionar era una elección y no quería hacerlo, así que cuando Amy se acercó con los ojos cerrados, retrocedí sin pensarlo dos veces.

Me sentí tan avergonzado, ella se disculpaba sin parar, estaba por explicarle que también quería besarla, que no deseaba sus disculpas, pero que nuestros sentimientos aún correspondidos no podían ser, entonces el teléfono sonó y fuimos interrumpidos, solo para enterarme que mi esposa estaba muerta.

Se suponía que yo volvería con ella pronto, celebraríamos su cumpleaños, estábamos planeando algo grande, sin más mis planes habían cambiado, le compartí la noticia a Amy, quien quedó muda, le pedí que se comunicara con Marjorie para comprarme el primer vuelo que hubiera de regreso, ella pidió acompañarme y se encargó de eso.

Amy se fue a empacar sus maletas, y volvió una hora después, ya había empacado todo y esperaba por ella en el lobby, conduje por tres horas y en ningún momento pude verla a los ojos, por el espejo retrovisor noté que todo el camino tuvo la vista en el teléfono, enviaba mensajes y hacía diligencias.

Compró los boletos mientras yo manejaba, me preguntó si deseaba que le avisara a alguien más, le dije que no era necesario, mi padre se encargaría de eso, sabía que mi madre llamaría a Fay y ella contaría a Jesse, sabía que en cuanto él viera de nuevo a Amy intentaría tenerla de vuelta, y luego de haberla rechazado, estaba seguro de que ella volvería con él.

Llegamos al aeropuerto y regresé el auto de alquiler, tuvimos que correr para no perder el vuelo, por suerte el aeropuerto era pequeño, el vuelo hacia una parada, fueron alrededor de diez horas en las que no cruce ninguna palabra con ella ni le dirigí la mirada, estaba intentando procesar el dolor, ver donde lo guardaba, porque ya no me cabía en el cuerpo.

No recuerdo haber llorado, en las primeras veinticuatro horas estaba seguro de que no lloré, había recibido varios mensajes y llamadas y no era capaz de hablar con nadie, me dolía la cabeza, sentía que iba a explotar, me dolían los hombros, el cuello, los ojos, me dolían hasta las uñas, cada músculo, cada vértebra, todo me dolía, y yo solo quería arrancarme la piel para dejar de ser yo.

George nos encontró en el aeropuerto, estaba serio, él también estaba sufriendo, tenía la misma apariencia decaída cuando murieron mis abuelos, no nos dijimos nada, eso era lo bueno de un viejo británico, pocas veces mostraba debilidad, ni si quiera sabía quién le había pedido llegar ahí, tampoco pregunté a dónde me llevaba.

En mi casa me encontré con mi madre, la pobre estaba echa un desastre, una mujer llena de emociones devastadoras, y a mí, su hijo, me toco consolarla sin derramar una lágrima, me senté con ella y la abracé, le dije que todo iba a estar bien, ella no dejaba de culparse.

- Pude haber hecho algo, – dijo entre sollozos – pude haber succionado el veneno, quizás eso la hubiera salvado.

- No podía hacer nada, – le dijo Amy y ambos levantamos la vista – el veneno de serpiente no se puede succionar, intentar hacerlo únicamente incrementa las posibilidades de una infección, también se hubiera podido hacer daño a usted.

- No lo sabía. – dijo mi madre.

- Amy se va a quedar en la habitación de invitados mientras encuentra donde vivir. – le dije a mi madre con la vista en el piso.

- Si, Beverly me contó al respecto, me da gusto que estés aquí. – le dijo.

Mi madre me dejó solo para ir a hablar con ella, estuvieron conversando en la habitación de Amy, en cuanto me acerqué pude escuchar parte de la conversación: “Por favor cuida de Rick, él es muy sensible, por fuera se hace el fuerte, pero por dentro está sufriendo.” no quise escuchar más y me alejé de la puerta.

Mi madre se fue, llamé a mi padre para preguntar cómo iba todo, me dijo que se había comunicado con la familia de Beverly para darle la noticia y que estaban en camino, su hermana con ocho meses de embarazo rompió la fuente y estuvo en labor de parto por varias horas, me dijo que casi muere dando a luz, su bebé nació prematuro y por tanto ella no podía venir.

Le pedí a mi padre quien estaba coordinando la mayoría de lo referente al funeral, que escogiera un ataúd blanco, porque era lo que Beverly quería, me lo había dicho una vez recién se enteró que tenía VIH, mi padre me pidió que descansara, pero no podía dormir, me era imposible cerrar los ojos sin verla, ya me costaba mucho ver cada parte de la casa donde compartí tantos momentos con ella.

No podía ir a la cama donde le hice el amor la última vez, me senté junto a la piscina por horas, intentando pensar ¿Qué haría con mi vida? Perder a Beverly se sentía diferente de perder a Debbie, a Debbie la había hecho feliz cuando la dejé, con Bev aún quedaban mil cosas inconclusas, sueños y planes que habíamos hecho juntos, íbamos a tener un bebé, ahora eso ya no pasaría.

Mi padre me contó que Amy le estuvo ayudando con la mayoría de lo relacionado con el funeral; las invitaciones, las flores, la selección de las fotos, todo lo que yo no había hecho porque no era consciente del tiempo o espacio, no sabía cuántos días había pasado sin dormir, tampoco había tenido hambre, Amy había venido un par de veces luego de cocinar para ofrecerme comida y lo único que sabía decir era: no, gracias, no tengo hambre.

Las llamadas y mensajes de condolencias llegaron más seguido, mi padre le pidió a Amy que se encargara de ello y cuando ella tomó mi celular y decidió responder mensajes, también respondió los de Jesse, quien había llegado para estar conmigo en ese momento.

Amy y Jesse parecían padres divorciados que se manejaban en buenos términos por el bien del hijo en común, en este caso, el amigo en común, yo. Jesse fue el primero con el que pude llorar, en cuanto me abrazó supe que todo era real y las lágrimas bañaron mi rostro, el dolor acumulado se vino contra mí en cascada, derribándome con fuerza sobrenatural.

Caí de rodillas al suelo, mis ojos ya no podían ver nublados por las lágrimas, Jesse cayó conmigo y me sostuvo para que no me deshiciera cómo piezas de rompecabezas, supuse que lloré por horas hasta que me quedé dormido, me desperté con las voces de Amy y Jesse discutiendo.

- Este no es el momento. – le dijo ella.

- ¿Entonces cuando? No me quedaré mucho tiempo aquí.

- No es mi problema. – le dijo ella.

- Por favor, – suplicó Jesse – te extraño.

- Yo no, no te he extrañado ni un solo momento, por el contrario, desde que terminamos todo ha sido más fácil para mí. – eso me dolió hasta mí.

Quisiera decir que me sentía orgulloso de ella y felicidad por escucharla rechazar a Jesse, pero no fue así, sentí pena por Jesse y eso fue todo lo que pude sentir, no tenía fuerza para más, en todo lo que podía pensar o sentir era mi propia pérdida, ni si quiera podía cuestionar mis propios sentimientos, si estaba siendo egoísta, o absurdo, no lo sabía, me daba igual.

El día del funeral, Amy se acercó a recordarme que tenía que estar listo, era como si ella entendía que yo mismo no me daba cuenta de que pasaba a mi alrededor, que era un robot para responder o moverme, mi madre había elegido mi ropa y ella me la había llevado, era un día de verano con mucho sol y mucha vida alrededor, pero ante mis ojos todo se venía gris.

Había muchas personas, más de las que deseaba poder saludar, familia de ambos, amigos míos de la escuela y los marines, amigos de Beverly y compañeros de trabajo, toda la sororidad a la que pertenecía en la universidad también estaba presente, algunas personas de la oficina tanto los abogados que trabajan con mi padre cómo muchos de mis empleados.

Teníamos aire acondicionado y yo estaba sudando, me había tomado más de dos pastillas para el dolor de cabeza, nada me hacía sentir mejor, me quemaba la piel, me ardía el estómago, terminé vomitando la medicina en el baño de hombres, con Jesse cómo único apoyo.

En el entierro algunas personas compartieron palabras, yo era incapaz de escuchar, no recordaba nada de lo que dijo nadie, recordaba algunas personas llorando, recordaba lanzar la rosa antes de que comenzaran a lanzar la tierra y recordé a Jesse abrazando a Amy mientras ella lloraba sobre su pecho.

No recordaba cómo volví a casa, ni si había llorado y más que nada no quería recordar cuando vi a Jesse besar a Amy en su momento más susceptible, él se quedó un día más, no le habían dado mucho tiempo de permiso y a partir de ahí fuimos solo ella, mi fantasma y yo.

Intenté refugiarme el en trabajo, cómo solía hacerlo antes, pero ni si quiera en el allí podía estar presente, mi mente siempre estaba en otro lado, Marjorie, había tomado el puesto que antes era de mi esposa y Amy tomó el suyo, mi padre aportó más de lo que yo pude hacer.

Deje de ir al gimnasio, a veces miraba a Amy hacer ejercicio en las máquinas de Beverly, ella preparaba el desayuno y la cena todos los días y me llevaba el almuerzo al trabajo, se sentaba conmigo en la mesa hasta asegurarse que había terminado el último bocado, muchas veces en la mañana ni si quiera tocaba su comida y por las noches no siempre terminaba la cena.

Suponía que había bajado de peso, perdí masa muscular y quizás parte de mi atractivo, pero tampoco estaba interesado en nadie, ni si quiera en Amy, quien antes de irse a la cama, se paseaba por la sala con sus pijamas cortas, un par de veces la vi en lencería y ni aun así deseaba tenerla, lo único que venía a mi mente era su beso con Jesse, ella seguía siendo de Jesse.

Me parecía que habían pasado dos meses, estábamos en septiembre, cuando Amy entró en mi habitación sin pedir permiso, se sentó en mi cama muy cerca de mí, me tomó las manos y me miró a los ojos, sentía que no la había visto a los ojos en años, pero solo habían pasado un par de meses.

- Rick, quiero agradecerte por permitirme quedarme en tu casa sin pagar renta, es una casa hermosa y me encanta estar contigo, pero me duele verte en este estado, es como si tu cuerpo no tuviera alma, estás aquí y ni si quiera se si me estás escuchando, he estado visitando un psicólogo estas semanas y también he estado yendo los domingos a la iglesia con tú madre, te sorprenderá saber que he hecho las paces con mi mamá, aún no la he perdonado del todo, pero ya estamos en contacto y eso es un gran paso, también he hablado con Jesse y a él sí ya lo perdone, todo esto no hubiera sido posible sin ti y creo que tú también podrías hacer cambios si decidieras volver a terapia, he encontrado un apartamento para mí, pero no me he ido porque siento que me necesitas aquí, me gustaría que fueras al psicólogo para poder sentirme libre de irme, estar aquí está comenzando a hacerme daño, te quiero y sé que mis sentimientos no son correspondidos, pero eso no cambia lo que siento, he intentado no quererte, pero creo que no voy a hacerlo hasta que no exista distancia entre nosotros.

Amy me acababa de confesar que me quería y aun así no pude decir nada, la estaba lastimando y yo no era capaz de hacer algo al respecto para impedir el dolor que yo mismo le causaba, ojalá en ese momento hubiera entendido mejor lo que sentía, pero lo único que pude decir fue insensible y estúpido.

- Puedes irte cuando quieras, lo último que quiero es ser una carga.

- Rick ¡no eres una carga! – me dijo frustrada – solo estoy preocupada por ti.

No respondí, alejé la vista de ella, la vi levantarse por el rabillo del ojo, soltó mi mano despacio y luego susurró:

- Tampoco quiero irme.

Sentí un impulso de decirle que se largara de mi casa y me dejara solo, pero lo reprimí, aún no era un animal y quizás ella tenía razón, así que comencé a ir al psicólogo.